Abuso en la frontera

Abuso en la frontera

El video en claroscuro de un hombre postrado en el suelo mientras un grupo de policías lo rodea y le aplica una pistola eléctrica es escalofriantemente similar a uno de hace 20 años que en estos días hemos recordado mucho por el aniversario de los disturbios de Los Ángeles.

Nos parece adecuado comparar las imágenes de la paliza a Rodney King con las nuevas imágenes de una docena de agentes de la Patrulla Fronteriza rodeando el cuerpo de Anastasio Hernández Rojas, un migrante mexicano a quien atajaron intentando entrar al país ilegalmente cerca de San Diego el 28 de Mayo de 2010.

Hay diferencias, por supuesto. Rodney King sobrevivió a los macanazos pero Hernández Rojas, de 42 años, murió a causa de los golpes, patadas y toques eléctricos que recibió esa noche. El médico forense de San Diego determinó que su fallecimiento había sido un homicidio.

Hernández Rojas había sido deportado previamente. En su sangre tenía metanfetaminas. Rodney King también tenía drogas en la sangre cuando lo detuvieron, pero los protocolos policiales que generalmente se siguen en un país civilizado y con leyes imponen límites al uso de la fuerza letal, sobretodo cuando hay otras opciones.

El año pasado Alan Bersin, comisionado de la Agencia de Protección Fronteriza y Aduanas (CBP) reconoció en una audiencia pública que el crecimiento rápido de personal en su agencia ha ido en detrimento de la calidad del mismo.

Entre 2004 y 2010 la Patrulla Fronteriza aumentó más del doble en tamaño. El personal es más joven y menos experimentado y el número ha hecho más difícil realizar el control que se requiere cada cinco años, de ahí que hayan surgido numerosos casos de corrupción.

El de Hernández Rojas no es el único caso de un aparente excesivo uso de fuerza contra migrantes que han surgido en los últimos años. Es preciso no sólo retomar la investigación del caso y castigar a los responsables si viene al caso, hay que evaluar y publicar los protocolos de uso de fuerza.

La Patrulla Fronteriza tiene un trabajo que hacer, pero no debe hacerlo en detrimento de los principios constitucionales que son la base de este país ni mucho menos en contra de la ley.