Ajustan albergues al bienestar juvenil

El estado cierra centros temporales para jóvenes inmigrantes y amplía permanentes

Un agente de Inmigración observa el momento en el que son repatriados a sus países de origen decenas de centroamericanos.
Un agente de Inmigración observa el momento en el que son repatriados a sus países de origen decenas de centroamericanos.
Foto: AP

EL PASO, Texas.- El Departamento de Salud y Servicios Humanos cerró los cinco refugios temporales de emergencia que había en Texas para atender al creciente número de menores indocumentados provenientes en su mayoría de Centroamérica al tiempo que aumentó la capacidad de las instalaciones permanentes.

El último de los albergues temporales cerró el miércoles y se trataba del habilitado en la base militar estadounidense de San Antonio-Lackland, abierto el pasado abril.

Allí fueron acogidos temporalmente un centenar de niños y adolescentes que viajaban solos desde sus países y fueron interceptados por agentes fronterizos.

Según el director asistente del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y portavoz de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR), Kenneth Wolfe, en el último año ha aumentado en un 77 % el número de menores que ha pasado a custodia del estado de Texas tras su detención por la Patrulla Fronteriza sin la compañía de un padre o tutor en su intento por entrar ilegalmente al país.

Estos menores son enviados a albergues establecidos en su mayoría en ciudades fronterizas como El Paso, donde se les brinda un lugar seguro en tanto las autoridades logran reunirlos con sus familiares en Estados Unidos o enviarlos de regreso a su país.

Según explicó Wolfe a Efe, en años recientes la cifra anual era de entre siete mil y ocho mil menores atendidos en el programa Menores sin Compañía, pero se prevé que este año se batan todos los récords.

En El Paso se abrió en marzo pasado un cuarto albergue permanente para estos menores y se duplicó la capacidad de otros de ellos.

Las autoridades calculan que en esta ciudad hay aproximadamente 250 menores inmigrantes, en su mayoría de Guatemala, El Salvador y Honduras, y en menor medida de México, albergados en espera de que sus procesos se ventilen y que una corte les permita reunirse con sus familiares.

En este tipo de albergues reciben consejería, asistencia médica, alimento, ropa y formación, pero, según la directora de Servicios para Inmigrantes y Refugiados de la Diócesis de El Paso, Ileana Holguín, está previsto un recorte a partir de julio de los fondos destinados al apoyo legal en cortes migratorias para niños refugiados en algunos de estos centros.

Holguin explicó que los menores inician su proceso migratorio estando en estos centros y después los continúan ya en compañía de sus familiares, en el caso de que se queden en Estados Unidos.

Quienes no tienen quien les ayude en EEUU solicitan su regreso voluntario a su país para evitar una deportación que en un futuro les puede impedir obtener una visa o un permiso de residencia.

La abogada celebró la noticia del cierre de los albergues temporales, en donde, según dijo, los menores eran acostados en colchonetas en el suelo, muchas veces con frío y hambre, y desconocedores de lo que les esperaba en el país.

“Era un tema de preocupación que estos niños fueran enviados a bases militares, ya que para los menores de edad ya es suficientemente traumático encontrarse detenidos, como para además llegar sin que se les explique su situación y sentirse en un ambiente militar en un país que no conocen”, explicó.

Holguín llamó la atención sobre el aumento de menores centroamericanos que están llegando al país y aseguró que se debe a factores como las amenazas para el ingreso forzado de los menores a las pandillas en sus países, el aumento de violencia e inestabilidad social y económica en sus tierras, la violencia doméstica e incluso el tráfico humano.

Según dijo, parten también para encontrar a los padres que los dejaron a cargo de abuelos o tíos cuando eran muy pequeños y que migraron a Estados Unidos para ganarse la vida.

A su paso por México, explicó, los menores “atraviesan situaciones dolorosas como abusos sexuales, ven a gente morir y ser degolladas o amputadas por los trenes, se deben colgar de los vagones y aguantar el sueño para no caer, pasan hambre y mucho frío y luego se enfrentan al desierto en la frontera en Estados Unidos”.

“Escuchamos casos realmente estremecedores. Estos menores han pasado por situaciones muy difíciles y merecen alimentarse, un sitio para dormir y alguien que se tome el tiempo para hablar con ellos y aclarar sus dudas para despejar sus miedos”, expuso la abogada.