Tensa calma por tregua de pandillas

En una ciudad donde existen límites territoriales invisibles, que nadie sabe donde comienzan o donde terminan, o donde los códigos de ética entre las pandillas se han roto violentamente, los tratados de paz entre las organbizaciones delicitivas, han evitado que la violencia se extienda por la ciudad.

Tensa calma por tregua de pandillas
Las autoridades calculan que son alrededor de 450 pandillas las que se disputan abiertamente el territorio de la ciudad.
Foto: Ciro Cesar / La Opinión

En una ciudad donde existen límites territoriales invisibles, que nadie sabe donde comienzan o donde terminan, o donde los códigos de ética entre las pandillas se han roto violentamente, los tratados de paz entre las organbizaciones delicitivas, han evitado que la violencia se extienda por la ciudad.

A estos acuerdos se debe que el índice de criminalidad haya caído a niveles históricos desde la década de los 90, cuando la tasa anual de asesinatos en Los Ángeles era de aproximadamente 800, la mayoría por la guerra que libraban entre si los barrios.

En 2011 fueron 298 los asesinatos ocurridos en Los Ángeles, de los cuales 170 estuvieron relacionados con pandillas, según datos del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD).

El más reciente caso que puso en riesgo una tregua que existe desde hace 20 años en la zona de Watts fue el asesinato del niño Ángel Cortez, quien el 4 de junio recibió un balazo cuando su papá lo cargaba en brazos al caminar por la calle Grape, donde opera una de las pandillas más peligrosas de la ciudad.

El ataque al parecer ocurrió porque el papá del niño vestía una camiseta morada, un color que suelen vestir pandilleros latinos del Barrio Grape Street, rivales de la pandilla de afroamericanos Fudge Town.

Hasta el momento no se han registrado ataques en represalias, en parte por la intervención de expandilleros que trabajan en el programa de la ciudad llamado Gang Reduction and Youth Development (GRYD).

Sin embargo, la aparente calma que vive Los Ángeles pareciera depender de esos acuerdos de paz callejeros que, a decir de los mismos expandilleros quienes se desempeñan como “intervencionistas”, en cualquier momento pueden romperse y estallar la violencia.

R. Rodríguez, quien de los 8 a los 21 años vivió con la “clika” y ahora trabaja en un programa de intervención de pandillas a través de la organización Aztec Rising, ofreció un recorrido a La Opinión por algunas de las zonas más peligrosas de Los Ángeles, donde operan pandillas conocidas como Mara Salvatrucha, Eastside 18 y Avenues.

“Nuestro objetivo es tratar de promover la paz”, dijo mientras conducía su vehículo por un sector en los límites de El Sereno, donde las pintas de la Eastside 18 no dejan duda de quienes controlan la zona.

Desde hace seis meses, explicó, en esta zona se ha podido mantener una tregua, de que nadie invada el territorio del otro, y que así viven en paz.

El último asesinato ocurrió en octubre de 2011 y a decir de Rodríguez, ese es un enorme avance. “Un día sin tiroteos, ya es un éxito”, mencionó. “Lo que no queremos ver es a otra madre llorando por nada”.

Los pandilleros muestran cierto respeto por los llamados “intervencionistas” por ser personas que conocieron la vida del barrio.

“Saben quienes somos, no somos policías, estamos aquí para ayudarlos, estamos relacionados, es más difícil que alguien les diga qué hacer si no han estado en sus zapatos, si nunca han estado en ese estilo de vida”, comentó Rodríguez.

A través del programa GRYD, la ciudad cuenta con poco más de 100 “intervencionistas” que trabajan en las relaciones comunitarias y en mantener la paz.

“Nos encargamos de hablar con las personas de influencia en la pandillas, quienes son los que deciden, mantener la relación con ellos es importante, porque cuando hay una guerra no queremos gente inocente como víctimas”, mencionó.

Y es que a decir de muchos expandilleros, actualmente los jóvenes en las pandillas no tienen respeto de la familia.

Antes había una especie de código para no disparar cuando hubiera mujeres o niños presentes.

“Ya no hay respeto como solía haber, ya te matan enfrente de tu mamá o de tu hijo, ya no hay respeto”, comentó Mike Ramos, otro expandillero que promueve la paz en la zona de Highland Park, donde opera una de las pandillas con mayor territorio en la ciudad, Los Avenues.

Para Ramos, existe una delicada situación que tiene que ver con la tensión racial, la cual puede hacer estallar la violencia si no intervienen oportuna y adecuadamente.

“Cualquier cosa puede estallar esa chispa, para eso estamos, nosotros llegamos y les decimos: ‘Hey! Wait a minute’, calmamos los rumores y nos sentamos a hablar, para que no haya más niños muertos”, dijo Ramos.

En este época de verano, indicó, debido a que muchos jóvenes no están en la escuela y tienen pocas opciones de esparcimiento, los índices de criminalidad son más elevados.

Por ello desde hace cuatro años la ciudad estableció el programa Summer Night Lights, a través del cual se crean espacios seguros para el recreo juvenil, manteniendo actividades sanas de miércoles a domingo en los parques de la ciudad, que se mantienen abiertos hasta la medianoche.

En 2011 se estima que cerca de 800 mil personas visitaron los 32 parques que se habilitaron para actividades de Summer Night Lights.

En el ámbito del combate a las pandillas, desde 1993 la Procuraduría de la Ciudad ha establecido 43 restricciones a pandillas (gang injunctions) para impedir que se reúnan en ciertas áreas.

El LAPD estima que en la ciudad hay alrededor de 450 pandillas activas que agrupan a más de 45 mil miembros. Debido a ello, Los Ángeles es considerada la capital de las pandillas.