Una cultura de violencia

Las quejas, los repartes y las demandas asedian el Departamento del Sheriff de Los Ángeles

Los problemas del Departamento del Sheriff del condado de Los Ángeles se siguen acumulando y todos ellos apuntan a lo que parece ser una cultura de violencia contra los detenidos y que, aparentemente, estaría parcialmente encubierta desde la Oficina del Fiscal Municipal.

Decimos cultura porque es difícil creer que son aislados la sucesión de hechos y reportes que se centran en actitudes cuestionables de sus oficiales. Por ejemplo, hay una investigación interna sobre un presunto grupo de oficiales que formó su propia pandilla, al mejor estilo callejero. También está el testimonio del capitán Martin Bornman, sobre antecesor que al mismo tiempo que dirigía la Cárcel de Hombres, aconsejaba golpear a los presos en otras áreas del cuerpo que no fuera la cara. Al igual existen declaraciones de testigos, como abogados y religiosos, que observaron maltratos contra los presos durante visitas.

Ahora una nueva demanda de la Unión Americana de Derechos Civiles (ACLU) asevera que la Oficina del Sheriff y la Fiscalía escondía las quejas por uso de violencia de los presos contra los agentes. La acción judicial se hace eco del testimonio de Bornman en que relata como los reportes de este tipo languidecían por años incompletos y sin prestarse interés alguno. Y cuando estos pasaban a la consideración de la fiscalía, allí se encontraban con otras exigencias que dificultaban su uso en favor del reclamante. Por ese motivo, esas quejas no eran informadas a los abogados defensores como lo exige la ley.

Todas estas son piezas de un rompecabezas desagradable que revela una evidente falta de control interno y un liderazgo incapaz de distinguir al oficial que sigue las reglas del violento que las rompe. Es más, la demanda del ACLU asegura que no se mantiene en archivo por cinco años las quejas de los detenidos contra los oficiales como lo exige el código.

Al mismo tiempo, nos preocupa mucho que la agencia que está implementando el programa de Comunidades Seguras sea la que continuamente reciba quejas, demandas y sea el centro de investigaciones por el supuesto maltrato de los detenidos. Además, el secreto con que opera este programa ayuda a fomentar un clima de desconfianza entre la comunidad inmigrante.

El Sheriff de Los Ángeles es una agencia del orden asediada por las quejas, reportes y demandas judiciales que son consistentes entre ellas. Esperamos que todas estas acciones cambien una cultura de violencia que parece predominar allí.