Patrulla sin tanta integridad

Los agentes fronterizos siguen maltratando a los detenidos.
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“La integridad es nuestra piedra angular. Nosotros estamos guiados por los más altos principios morales y éticos. Nuestras acciones traen honor a nuestra agencia”. Este texto es parte de los valores de la Agencia de Aduanas y Patrulla Fronteriza.

Muy bonitas palabras, pero que parece no se encuadran con lo que ocurre en la práctica. Un reportaje de la cadena PBS dado a conocer recientemente denominado “Crossing the line”, devela la triste realidad de los abusos cometidos por los agentes fronterizos en contra de los inmigrantes no autorizados que son capturados al tratar de cruzar o cuando ya se encuentran en territorio estadounidense. Las acusaciones van desde abuso sexual, abuso verbal, privación de alimentos y de agua, hacinamiento carcelario innecesario, negativa de proveer cuidado médico y hasta la destrucción de las estaciones de agua montadas por organizaciones humanitarias.

En el video presentado, una inmigrante no autorizada a la que llamaremos simplemente Jane Doe, revela cómo un agente de la Patrulla Fronteriza la encierra por 15 minutos en un cuarto y la toca inapropiadamente.

En otra parte, un joven narra cómo se le niega agua y alimentos, además de cuidado médico, a pesar de que al momento de su detención se encontraba deshidratado y vomitando sangre después de haber estado perdido en el desierto por tres días.

Otro inmigrante cuenta como un agente de la Patrulla Fronteriza le rompe un brazo y no recibe tratamiento médico hasta después de varios días y sólo porque la hinchazón de la extremidad no se podía ocultar más.

Todas estas alegaciones, además de miles de testimonios recogidos por la organización No Más Muertes, son desmerecidas, y calificadas de falsas y exageradas por parte de las autoridades de la Patrulla Fronteriza. Pero aunque resulte difícil de probarlas, lo que si es innegable son las declaraciones de los miembros de la Cruz Roja en Nogales, México, que señalan que ellos reciben todos los días inmigrantes no autorizados que regresan a solicitar cuidado médico después de haber sido severamente golpeados por los agentes de la Patrulla Fronteriza.

Quizás el aspecto más relevante de esta investigación de PBS se da cuando un agente de la Patrulla Fronteriza identificado como David Kermes derrama el agua de los galones colocados en el desierto por las organizaciones humanitarias y le da de beber a uno de los caballos de la agencia. Muy reveladora esta escena. El oponerse férreamente al cruce ilegal de inmigrantes no autorizados me parece un derecho legítimo de los estadounidenses, el impedir que una persona por muy indocumentado que sea, cuente con un trago de agua en medio del desierto para saciar su sed, y seguramente salvar su vida, me parece un acto aberrrante e inhumano. Interesante además que haya quien valore más el bienestar de un caballo, que la vida de un ser humano.

¿Será que este sujeto Kermes sentirá que con condenar a muerte a una persona en la mitad del desierto está honrando a la agencia que representa?

Mientras tanto, es tiempo de registrarse y votar.