¿Mi hijo es autista?

Una serie de síntomas te ayudarán a detectar este trastorno.

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Esta condición es un trastorno neurobiológico para el que sólo existe un medio de detección: observar e identificar ciertos comportamientos y manifestaciones que aparecen paulatinamente en el niño desde sus primeros meses de vida.

Se trata de un síndrome (conjunto de signos y síntomas) que afecta su desarrollo sensorial, social y comunicativo del niño, de tal modo que un diagnóstico y tratamiento oportunos lo acercan a un pronóstico optimista.

El doctor Carlos Marcín, director de la Clínica Mexicana de Autismo (Clima), explica que aunque las investigaciones han avanzado, y hay variantes genéticas que apuntan a explicar el trastorno, aún no hay una prueba médica que lo determine. “En este sentido, se necesita una gran sensibilidad para descubrir que el niño se está desviando o atrasando en su desarrollo”.

Existen algunos comportamientos en el niño que pueden identificarse como señales de alerta, como lo es que las personas cercanas a él empiecen a notar que el pequeño no mira a las personas a la cara, no sonríe, puede ser hipersensible a ciertos ruidos, como los que producen la aspiradora o la licuadora. Algunos chicos con autismo no se dejan acariciar, les gusta mecerse o balancearse, mueven las manos en una especie de aleteo o les gusta mirar las cosas que giran.

Otro de los signos más notables es que el pequeño está atrasado en lo referente al habla, en parámetros normales, un niño inicia su comunicación verbal al año tres meses; a esta edad, ya tiene un repertorio de entre 5 y 20 palabras con las que empieza a formar pequeñas frases, lo que no sucede en el pequeño que vive con esta condición. Cuando los padres se dirigen a él, sus respuestas de reciprocidad están muy limitadas: no sonríe, no hace gestos y no señala con el dedo para pedir algo que quiere.

Lo ideal es que el tratamiento inicie a los dos o dos años y medio, sin embargo, existe un problema con el que la familia del pequeño se enfrena de manera frecuente. El doctor Marcín explica: “Muchas veces, los padres no acuden con el especialista adecuado y el diagnóstico suele prolongarse. En lugar de que les informen que existe una posibilidad de que el pequeño tenga autismo, les dicen: ‘Espérate a que tenga tres años; vamos a ver cómo evoluciona’. Es un error crítico en el campo de la detección temprana, porque mediante las manifestaciones comentadas estos chicos podrían identificarse entre el año y medio y los dos años de edad, lo que permitiría iniciar a tiempo el manejo terapéutico”.

Para el tratamiento, los especialistas emplean modelos muy intensos de capacitación a los padres y de educación en los niños con autismo. Se requiere de mucho trabajo en las habilidades sensoriales, sociales y comunicativas de los pequeños.

El experto señala: “Todo está en función de que la familia tenga dominio de las técnicas y que aprenda las estrategias. Es muy importante que los padres y otras personas cercanas, como hermanos, tíos y abuelos comprendan que debe realizarse un trabajo conjunto a cargo de los profesionales en el centro de atención y de los familiares en casa”.

El pronóstico para un niño con autismo puede ser muy optimista. Un pequeño paciente atendido por especialistas y por la familia en conjunto, estimulado y con rutinas de la vida diaria, tiene todas las posibilidades de ser funcional, va a saber conducirse adecuadamente, va irá a la escuela de manera regular y será incluido en diversos grupos sociales.

Los padres deben saber que en el tema del autismo sólo hay un aliado posible para actuar a tiempo: la observación de los comportamientos y manifestaciones característicos de este trastorno.

Para leer:

Del diagnóstico al tratamiento, Daniel Valdez, Ed. Paidós

Colaboración Fundación Teletón

“El principio de ser paciente es empezar con uno mismo”

Bojorge@teleton.org.mx