Comida callejera con sazón latino

En la cuarta edición del Festival de Comida Callejera, otra vez, La Cocina deja un buen sabor de boca
Comida callejera con sazón latino
Un mexicano es atraído por el menú de La Torta Gorda en Festival de Comida Callejera.
Foto: Francisco Barradas / El Mensajero

SAN FRANCISCO.— Hay una crítica sesgada aunque recurrente al Festival de Comida Callejera que hace cuatro años inició La Cocina, una incubadora de negocios: dicen que se trata de un evento con escasa presencia de latinos, aunque paradójicamente se realice en el barrio de la Misión.

La realidad es otra. Los latinos dominan el Festival. Un tercio de los 80 vendedores de comida que se instalaron este año provenían de Latinoamérica. El único país que rebasó la presencia de México fue los Estados Unidos, y por apenas cuatro negocios.

Y que conste, Kung Fu Tacos, otro negocio participante en el Festival, no entra en la cuenta de los latinos; inició en el Valle del Silicio, en el Area de la Bahía, y si bien el taco tiene un origen preciso, su contenido, en este caso, lo vuelve extranjero.

La historia también puede contarse a la inversa. Hella Vegan Eats (HVE) es un sabroso ejemplo. Tyfanni y Sylvee Esquivel, cocineras y dueñas del negocio, dicen que su inspiración proviene de platillos mexicanos y centroamericanos. Aunque algunas de sus creaciones, e incluso ellas mismas, parecen asiáticas.

Sylvee nació en California; pero fue criada en Tijuana. Sus padres son mexicanos. Dijo que entre sus primeros recuerdos está el regusto de su familia por encontrar siempre las mejores tortillas y las salsas más sabrosas. Comentó que intenta honrar con su cocina a ese ánimo de exploración culinaria.

HVE ofrece por ahora sólo servicios de banquetes; eventualmente renta un espacio dentro de un restaurante, ciertas horas en días específicos —estas asociaciones, conocidas como “pop-ups”, son fiebre en la Bahía—. Las Esquivel aspiran adquirir una cocina móvil, una “lonchera”.

En el menú de HVE, el guacamole se emparenta con el rollo japonés y el chile habanero con las fresas. Es difícil de explicar, pero es como si el veganismo —una dieta vegetariana pura, que excluye todo producto de origen animal, hasta la leche— fuera capaz de producir una tostada de pata.

Cuando inició hace cuatro años, el Festival de Comida Callejera de San Francisco fue un éxito instantáneo. La receta sigue teniendo éxito.

Su afluencia se calcula en decenas de miles. El espacio físico que ocupa, sobre la calle Folsom, en la Misión, se ha extendido año tras año, al sumarse más vendedores y patrocinadores. Este 2012, incluso, hubo un evento previo, un mercado nocturno de comida.

Caleb Zigas, director ejecutivo de La Cocina, descrito como un experto en microfinanzas, con tanta pasión por la justicia social como por la comida, dijo que el festival nocturno, celebrado el viernes 17 de agosto, intentó recrear los mercados municipales de comida, “algo similar a lo que ves en Tokio o en la Ciudad de México”.

La cuota de entrada al mercado nocturno fue de 25 dólares —el acceso al Festival de Comida Callejera es gratuito—, ese dinero fue para La Cocina.

Se esperaban 1,500 asistentes al mercado nocturno. Parece que la meta fue alcanzada. Y si se juzga por los comentarios de un día después, entre los asistentes al Festival de Comida Callejera, el evento habrá de repetirse.

Quizá porque tiene que ver con comida o quizá por la función que La Cocina cumple: impulsar a empresarios de bajos recursos, muchas veces mujeres inmigrantes, a consolidar sus negocios; es que todo lo que sucede alrededor del Festival suele dejar un buen sabor de boca.

Donna Sky, una norteamericana que es una pura sonrisa, es la propietaria de Love & Hummus Co. Ayudada por La Cocina, su negocio ha crecido.

Este año, Sky estableció tres distintos locales con sus productos dentro del Festival, uno de éstos dentro del área familiar, en el parque Niños Unidos, en el cruce de las calles 23 y Folsom. Cada dólar que ganó en ese local, refirió, lo entregará a la escuela Marshall, ubicada en las calles 16 y Capp, en la Misión, donde se remodela el área de juegos.

“Comencé mi negocio en la Misión; hoy me siento comprometida a darle algo a este barrio”, explicó Sky. “Tengo una hija; suelo pensar mucho en el futuro. Y en sí, lo hago por el amor que tengo por la cocina y el amor que siento por todo”. Con estas palabras y esa actitud, se entenderá, el postre ya está incluido.