Nuevo desafío de la Fed

Las medidas de la Reserva Federal en cuanto a promover empleo son oportunas

Ha sido a mediados de este mes de septiembre en que se ha dado a conocer la decisión última que ha tomado el Comité de Operaciones de Mercado Abierto de la Federal Reserve -máximo nivel de decisión de la entidad que hace las veces de banco central en Estados Unidos. El anuncio ha sido renovador e identifica lo que podrían ser nuevos retos para los bancos centrales: ante el escenario relativamente empantanado que presenta la economía norteamericana, la Federal Reserve ha concluido que es necesario destinar 40,000 millones de dólares a la compra de valores hipotecarios.

La medida va acompañada de otra decisión muy importante para los mercados: la Fed indica que mantendrá las tasas de interés cercanas a cero al menos hasta mediados de 2015. Todo ello, con el fin de facilitar créditos al sector real de la economía -aquel que produce bienes, servicios y ofrece empleos- a la vez que trata de desalentar las iniciativas que tratan de generar recursos exclusivamente con base en intereses bancarios.

Además de los dos anuncios anteriores, es de destacar el pronóstico de crecimiento que actualiza la banca central estadounidense. Los últimos números que da a conocer indican una percepción un poco más pesimista. En lugar de mantener que la economía de Estados Unidos tendría un crecimiento económico entre 2% y 2.4% -datos vigentes hasta hace cuatro meses- las declaraciones más actuales vaticinan que ese crecimiento se ubicará entre 1.9% y 2.3% para el 2012.

Es evidente que las intenciones de la Reserva Federal consisten en, no sólo estabilizar las condiciones macroeconómicas de la potencia del norte, sino ante todo, posibilitar que el empleo por fin pueda despegar de manera sostenida y con ello evidenciar que se ha superado la crisis financiera internacional, la que mantiene su presencia desde 2008.

Al establecerse la medida de compra de activos vinculados con el mercado inmobiliario la Reserva Federal esta mandando un mensaje que sería muy oportuno que otros bancos centrales lo atendieran: la preocupación no sólo es mantener bajo control la inflación, esto es la prevención hacia un alza generalizada en los precios de los mercados internos de un país, sino -este es el punto vital- propiciar elevación de los puestos de trabajo productivo. Esto último se puede lograr siempre que exista capacidad de inversión en el sector real de la economía, en lugar de mayor ensanchamiento del sector especulativo financiero.

En especial para Latinoamérica, el mensaje es bueno que pudiera repercutir en las autoridades monetarias. Uno se pregunta: ¿por qué razón la región no crece tanto, como por ejemplo lo hacen las naciones del sureste asiático? Una de las razones, no la única, consiste en que las políticas latinoamericanas, más que para promover el crecimiento económico -que trae aparejado por lo general la generación de empleo- lo que las disposiciones han perseguido es estabilidad económica.

Lo que se busca, en especial a partir de inicios de los años 80, es no alterar las condiciones relacionadas con los precios prevalecientes en los mercados domésticos. Existe una cuasi-obsesión por el temor inflacionario más que en reactivación efectiva de los procesos productivos. Esto último se podría muy bien traducir en aumento de empleos en la región y con ello, bajar los alarmantes índices de economías informales y de subempleo en los países de América Latina.

Es cierto que la autonomía de los bancos centrales constituyó un notable avance en la formulación e implementación de las políticas monetarias. Las políticas fiscales están en manos de los poderes ejecutivo y legislativo de los países. El avance consistió en que las disposiciones que dependen de las entidades bancarias centrales son menos afectadas por los intereses políticos, por lo general de corto plazo de funcionarios electos.

Las medidas de la Reserva Federal en cuanto a promover empleo son oportunas. Aumentan la capacidad de apoyo a una economía como la estadounidense, que aún ve cómo los insatisfactorios niveles de crecimiento en la producción no logran impactar con la magnitud deseable en los puestos de trabajo.

Al no contarse con aumentos concretos en el empleo, también se generan limitaciones en cuanto al consumo y la expectativa de compra de bienes inmuebles. Con ello la economía sigue aletargada, un escenario que debe ser superado de manera tan consistente como urgente en el país.