Coahuilenses en espera de la ofensiva tras la muerte del líder de los Zetas

La escasa información y los rumores tienen en vilo a la población
Coahuilenses en espera de la ofensiva tras la muerte del líder de los Zetas
Tras una larga escalada de violencia, los habitantes de Coahuila viven bajo el temor constante de las balaceras y ejecuciones.
Foto: EFE

MÉXICO, D.F.— El máximo aliado de los coahuilenses al clarear el día es el teléfono celular con servicio de internet. Quien no lo tenga, que lo bendiga Dios al salir a la calle donde los esperan balaceras intermitentes, pequeñas vendetas que aún no se desatan tras la muerte del líder de los Zetas, Heriberto Lazcano, porque en este momento los marinos vigilan con celoesta entidad ubicada en el norte del país.

“Tenemos que usar el twitter para saber dónde está el enfrentamiento porque ni las autoridades ni el radio, ni los periódicos dicen nada; nos enteramos por los rumores de los amigos o conocidos que llegan a estar cerca de las balaceras”, describe vía telefónica Blanca Martínez, directora del Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, en Saltillo, la capital de este estado fronterizo.

De vez en cuando, las autoridades de Coahuila lanza un “código rojo” a través de la red social y las personas que captan los mensajes se quedan paralizadas. Así se ha quedado Martínez en dos ocasiones durante este año que los criminales se desangraban cerca de donde ella se encontraba.

Sin embargo desde la muerte de “El Lazca” la información se volvió nada. Ayer hubo rumores de dos enfrentamientos que ni siquiera los periodistas locales pudieron confirmar.

“Hemos dejado de investigar y sacamos sólo la nota dura, nada de detalles y cuando se confirma oficialmente la información”, reconoció Carlos Orta, reportero del periódico Vanguardia en entrevista con este diario. “La gente nos llama y pregunta por qué no hablamos del crimen organizado, de lo que está pasando, pero aprendimos a tener más cuidado por nuestra seguridad”.

El rotativo fundado en 1984, sufrió un atentado en mayo de 2011 con artefactos explosivos. Fue el séptimo ataque a medios de comunicación en el estado que incrementó su violencia desde 2009 con la presencia de los cárteles del Golfo y los Zetas que peleaban el territorio para el cruce de droga, secuestros, extorsiones, cobro de piso y otros delitos.

Desde esa época a la fecha en la entidad se cerraron 10,00 negocios y la percepción de inseguridad registrada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática se incrementó hasta el 62%.

“Desde hace unos tres años, cuando salimos a las calles no nos sentimos seguros, pero en los últimos días vivimos en la paranoia total”, detalla Orta. “La muerte del hijo de Humberto Moreira representó aquí el reto máximo a las autoridades: la gente cree que la delincuencia organizada ya no tiene límites y no quiere ni pensar lo que va a pasar cuando se vayan los militares”.

El vocero de la Marina, José Luis Vergara descartó un incremento de la violencia tras la caída de Lazcano en Coahuila, donde mantienen los operativos: sólo entre Saltillo y Ciudad Acuña –una de los escondrijos de criminales- se instalaron nueve filtros de revisión a la población civil, pero la realidad ha dictado su propia lógica.

Eduardo Moreira, hijo del ex dirigente del Partido Revolucionario Institucional y del ex gobernador de Coahuila fue asesinado de dos balazos en la cabeza el pasado 4 de octubre poco después de que la policía estatal abatió al sobrino de Miguel Treviño Morales, “El Z-40”, dirigente de Los Zetas.

Un mes antes, el estado de Coahuila registró 90 ejecuciones y la fuga de 131 reos al tiempo de que fueron capturados presuntos operadores financieros de las dos organizaciones criminales que se disputan el estado entre operativos del Ejército y la Marina Armada.

“Tenemos mucho miedo”, dijo María Elena Salazar, madre de uno de los 258 casos registrados por la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila.