La vida es un don sin igual

Viejo se es cuando los ojos solo ven al pasado, cuando ha desaparecido el deseo de hacer algo por uno mismo o por tantos otros que lo necesitan

Mil gracias a todos los lectores que se tomaron la molestia de felicitarme por haber cumplido 30 años escribiendo en La Opinión.

Estoy contestándoles en persona especialmente a los que me dicen que sienten que por leerme nos hemos vuelto amigos; cosa cierta, porque lo somos, nos vemos cada domingo en las páginas de La Opinión.

Y cuando me escribieron para felicitarme lectores que no estuvieron de acuerdo conmigo y me criticaron, a veces hasta pasándose un poco de la raya, “a pesar de todo”, me siento satisfecho.

Escribir y ser leído es una experiencia inigualable… y adquirir tantos amigos al hacerlo, más.

Ha sido emotivo; mucho más de lo jamás imaginado.

¡Gracias una vez más!

Y entre todos esos mensajes hay uno de don Paco Rodríguez que me tocó el alma.

Ignoro su residencia, pero está cerca de mí, donde quiera que viva. Dice así: “Don Casparius [sic] hace dos años tuve que retirarme por viejo, usted sabe, tengo 67 y porque estoy en silla de ruedas. Mis dos hijos, casados ellos, se fueron a vivir a Chicago y estoy solo… pero ahí voy, ahí voy. Cada domingo leo sus artículos y lo que usted me cuenta me da la oportunidad de tener de qué hablar y se los leo a don Tomas, un vecino que no sabe leer y casi no ve y a su hija que lo visita los domingos. Yo, don Casparius, me siento muy solo, pero quiero seguir su ejemplo. En lugar de no hacer nada y solo pensar que es tiempo de irme al otro mundo, ahora quiero pintar. Me gustaría aprender acuarela y le pregunto si hago bien o no, porque soy demasiado viejo y no voy a poder hacerlo bien. Su seguro servidor Paco”.

Amigo Paco: Nadie es demasiado joven o demasiado viejo para hacer algo, menos aun para aprender cosas nuevas. ¡Inténtelo y ya!

Usted no es viejo. Viejo se es cuando los ojos solo ven al pasado, cuando uno mismo se dice que es hora de irse y ha desaparecido el deseo de hacer algo por uno mismo o por tantos otros que lo necesitan; se es viejo cuando siente que el mundo lo deja a uno atrás y uno se queda sentado a la orilla del camino.

¿Ha pensado en el bien que le hace a su vecino al leerle ya que él no lo puede hacer?

Usted don Paco es importante para él… ni usted ni él están solos…

A sus 67 años puede emprender muchas cosas y si le gusta pintar no le debe importar lo que otros piensen de sus pinturas, usted pinte. Pero ojo, hágalo en tanto siga siendo un gusto y si no haga otra cosa…

Cuando se pinta, que es otra forma de escribir, de expresarse, lo que importa es que al hacerlo sienta tranquilidad y satisfacción. Si lo logra, pintar se vuelve compañía y le ayudará en muchos sentidos.

Y si este domingo va don Tomás a verle dele un saludo muy especial de mi parte y dígale que lo felicito por tener un amigo como usted.

Cartas como la de don Paco y otras que he recibido, me hacen el escribir más difícil, porque me obligan a intentar hacerlo mejor.

Llegar a viejo no es fácil, vivir esa etapa de la vida en forma satisfactoria es más difícil aun, poder inspirar a otros a sentir que la vida es un don no tiene igual.

Lamento mucho, pero tengo que dejar mis emociones a un lado porque hay cosas que comentar:

Están Venezuela con su Chávez y nuestras elecciones presidenciales.

Empezaré por Venezuela. Ahí Chávez volvió a ganar las elecciones y será presidente por seis años más… si el cáncer se lo permite.

Fue una elección con altísima participación ciudadana con resultados inobjetables, pero la diferencia entre sus votos y los de la oposición se han ido haciendo menores; faltan las elecciones locales que decidirán cual es la verdadera fuerza política de Chávez.

Yo no creo en gobernantes eternos, porque el poder corrompe, desequilibra y me parece que Chávez ha entrado a la etapa en que un político se siente un casi Dios, indispensable.

A Chávez lo viví, cuando estando alojado en el “Eurobuilding” (un hotel español de nombre absurdo), Chávez intentó dar su golpe de estado en el aeropuerto militar La Carlota, justo bajo la ventana de mi habitación.

Y cuando lo aprendieron tras su rebelión le oí hablar y me pareció un militarote de esos que hemos venido padeciendo en Latinoamérica y no he cambiado de opinión…

Mientras tanto aquí el sube y baja de la balanza de pronósticos políticos sigue igual.

En otras palabras no hay ganador seguro, falta aun mucho desprestigio que repartir y muchas mentiras que decir antes de que votemos.

Y falta, si no me equivoco, dos debates de los candidatos presidenciales con sus regaderas de críticas y promesas, promesas políticas que… para que le cuento.

Por cierto que en los debates no hemos aparecido los latinos. Seguimos siendo ingenuos al pensar que, fuera de nuestros voto, se preocupan por nosotros como grupo étnico. Y de migración y regularización de los indocumentados vamos olvidándonos hasta en tanto la economía mejore lo suficiente para que en lugar de querer deportarlos quieran retenerlos; por aquello de que aquí el dólar manda.