¿Desempate o la sorpresa de octubre?

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Este lunes 22 de octubre, desde la Universidad Lynn en Boca Raton, Florida, Barack Obama y Mitt Romney, los dos candidatos presidenciales – enardecidos e impacientes por una tenaz paridad en la intención del voto – se enfrentarán por última vez durante 90 minutos para debatir, moderados por Bob Schieffer, temas de política exterior.

Hablarán de lo ya hablado: críticas a China y el riesgo de sus políticas fiscales; el ataque terrorista contra el consulado en Libia; negociaciones nucleares con Irán; la crisis financiera en Europa y qué hacer para que no se expanda; la guerra civil en Siria; si Obama es o no amigo de Israel… ¿habrá algo nuevo?

En estas últimas dos semanas plus que quedan para las elecciones, las ruedas de los engranajes políticos giran a velocidad alocada. Ya ni se distinguen. Una vez conquistados los extremos, ambos partidos se dirigen a un centro cada vez más mínimo de donde podrían obtener ese uno por ciento que les falta para vencery volcar el fiel de la balanza.

La venta de fin de año

Por ello, las diferencias se desdibujan. Ambos prometen lo mismo: dar fin a la crisis económica y crear millones de empleos, doblegar a cualquier adversario externo y cultivar a los amigos, respetar libertades, enaltecer a la mujer, solucionar el problema migratorio, reconstruir la infraestructura, esfumar la dependencia energética…

Ah, pero declaran que “hay un abismo entre nosotros y ellos”. Que las diferencias no podrían ser mayores. Que jamás ha habido elecciones más decisivas, dramáticas, históricas, en los anales de la nación.

En fin.

Han dejado de lado los intentos de convencimiento, reemplazándolos por un bombardeo de avisos y declaraciones donde ya no importa la verdad. Total, las aseveraciones ya no se pueden verificar a tiempo; su daño no se puede componer.

Entonces, solo hay frases hechas diseñadas por expertos.

Porque como dijo más de uno, éstas ya no son elecciones: es una gigantesca venta de fin de año.

La paradoja de las encuestas

Para entender, uno entonces recurre a las encuestas de opinión pública, que proliferan como nunca. (Recomiendo su resumen en el Huffington Post)

Pero no hay acuerdo ni siquiera aquí. Una de ellas, de las más respetadas, la de Gallup, está dando a Mitt Romney una ventaja de seis puntos porcentuales entre probables votantes, en tanto que las otras 10 también consideradas científicas y objetivas señalan igualdad o una pequeña ventaja para Barack Obama. Razón de más para un feroz debate.

Entonces, ¿a quién acudir? ¿Qué nos puede aclarar el camino que queda por recorrer desde la fecha hasta los comicios?

Tercer debate: desempate en el tercer round

Quizás el último debate presidencial. Claro: Obama fue ampliamente superado el 3 de octubre. Mejoró en la segunda ronda y superó a Romney. Y ahora podrían desempatar.

Pero con toda la expectativa circundante – se espera una audiencia récord de más de 70 millones – el tercer debate podría no dar respuestas y mantener la interrogante.

O pregúntenle a Schieffer, quien estuvo a cargo de debates similares tanto en 2004 como en 2008 y de quien no se discute – hasta ahora – su probidad y entereza profesional.

Schieffer, como enfatiza el sitio Político, tendrá a su cargo imponer las reglas acordadas y el sentido común: no pasarse del tiempo asignado (2 minutos); no interrumpir ni preguntar directamente al adversario; no evadir preguntas; respetar al rival, al público y al mismo moderador. Reglas que fueron violadas y sentido común que fue ignorado en las primeras ocasiones.

Inevitablemente, Schieffer será tachado de parcialidad si interrumpe o corrige, como Candy Crowley el 16 de octubre, o se le acusará de débil y hasta de senil, como a Jim Lehrer en la del 3.

A menos que los candidatos terminen en el pugilato o rompan a llorar o pierdan el habla, el debate podría solamente alimentar pasiones – algo no despreciable – de los ya convencidos.

Lo que nos deja en el mismo lugar.

¿Y entonces? ¿Ahora, qué? ¿Y qué nos queda?

La sorpresa de octubre.

Nunca falla.

Faltando dos semanas, con contrincantes enardecidos y paridad en las encuestas, es lo que se viene. Quizás más de una.

Podría ser una noticia no necesariamente verídica. Aunque podría serlo: un acto terrorista, Dios no lo quiera, en pleno territorio estadounidense; una declaración fulminante del primer ministro israelí; la caída de la bolsa… O no: falsas revelaciones sobre un Obama musulmán y “antiamericano”; supuestas investigaciones fiscales contra Romney; acusaciones mutuas de conspiración internacional y traición; un rumor degradante y humillante contra la primera dama o la señora Romney. O las hijas de la primera o los hijos de la segunda.

Esa noticia conquistará los titulares y los pensamientos del votante. Y podría hacer que voten de manera diferente a como pensaban. O que no voten.

Todo se vale, en la era del ciclo noticioso de 24 horas, de la inmediatez, del desprecio por la verdad.

El riesgo es, que la sorpresa de octubre, la que se viene, la inevitable, podría decidir los comicios. Ojalá no sea violenta.

Este artículo se publicó originalmente en Huffington Post Voces.