El caso de Petraeus

El caso de Petraeus

La renuncia del director de la Agencia Central de Inteligencia, David Petraeus , ante el reconocimiento de una relación extramatrimonial es una perdida importante, aunque su salida de ese cargo era inevitable.

Los valores del rígido código militar no perdonan las infidelidades extramaritales; al mismo tiempo es sabido que este tipo de relaciones son consideradas como peligrosas en el área de inteligencia ya que expone al personal de la CIA a la posibilidad de ser extorsionados.

No hay momento adecuado para un escándalo de faldas, pero este no pudo llegar en peor ocasión. La administración Obama está bajo fuerte presión legislativa para explicar en detalle que ocurrió en el ataque terrorista en Bengasi que mató al cuatro personas incluyendo el embajador estadounidense en Libia. Tampoco está claro el papel que tuvo la CIA.

Es lógico que Petraeus diga al Congreso lo que sabe sobre este hecho, aunque su imagen estelar ya está dañada desde el momento en que se sospecha que el general retirado pudo dar información clasificada a la reservista, biógrafa y ex amante Paula Broadwell.

Por otra parte, los escándalos extramatrimoniales también se prestan para el chisme y este no es una excepción. La infidelidad fue descubierta aparentemente por los celos de Broadwell con Jill Kelley, quien con su marido son amigos de los Petreaus. Kelly reportó los e-mails agresivos de Broadwell y en la investigación se descubrió —y también se investiga— miles de email enviados a Kelley por el también casado general John Allen quien está nominado para comandar las tropas estadounidenses en Europa. Ahora su audiencia legislativa de confirmación se encuentra suspendida.

Esta historia parece estar más cerca de las pasiones tormentosas de la Caldera del Diablo que de una historia de espionaje militar. Lástima que esto ocurra en la vida real. Que la contribución de uno de los hombres más reconocidos por sus logros, como Petraeus, termine de esta manera por sus decisiones personales.

Y que el escándalo, además, se expanda de manera que entorpece el accionar de la administración como en el caso de Allen. Qué lástima.