Adoptan más de 100 niños en LA

En el Día Nacional de Adopción, pequeños hayan un hogar
Adoptan más de 100 niños en LA
Diego Alcalde y su esposa Ana Del Carpio, felices tras adoptar a Belén de 1 año.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

MONTEREY PARK.— Sujetaba con fuerza un puñado de globos de colores con los que habían formado una espada, y pronto el inquieto niño de 10 años también llevaría a casa un nuevo oso de peluche.

Pero lo que Wyatt Lemaster esperaba con más ansias el viernes era llevarse a casa con sus nuevos padres, Diana Lemaster y su pareja, Joyce Vincent. La pareja, que llevó a Wyatt a vivir con ellos después de que sus padres se lo habían intercambiado tantas veces entre sí que ninguno creía que podían continuar cuidándolo, había decidido adoptarlo más de dos años antes.

“Significa que nunca me van a llevar de nuevo”, dijo el estudiante de quinto grado durante un raro momento de tranquilidad y reflexión que logró entre explosiones de globos, luchas de espadas con otros niños y la persecución de su hermana de 8 años, Autumn, en el área de recepción del quinto piso del Tribunal de Menores Edmund D. Edleman.

Finalmente el papeleo estaba completo y el viernes, que fue el Día Nacional de la Adopción, Wyatt y sus padres habían venido desde su casa en Newhall para que un juez oficializara las cosas. Lo mismo habían hecho los nuevos padres adoptivos, amigos y familiares de otros 109 menores del condado de Los Ángeles, desde bebés hasta los primeros años de la adolescencia.

Las familias llenaron los pisos tercero, cuarto y quinto del tribunal, que el viernes no se parecía en nada a lo que una persona promedio esperaría de un tribunal. Cada piso fue llenado con animales de peluche y adornado con globos. Se habían colocado recipientes con galletas dulces en mesas y los televisores mostraban la película “Toy Story”.

Wyatt, al igual que muchos otros niños, vestía sus mejores ropas, con una camisa, corbata a rayas, chaleco, elegante chaqueta de cuero y pantalones de vestir oscuros.

Sus padres, que han estado juntos 23 años, habían asumido que no vivirían sin hijos el resto de sus días después de que la hija de Vincent murió en un accidente hace 21 años. Luego comenzaron a cuidar a Autumn, medio hermana de Wyatt, y luego a Wyatt.

“Llegamos al punto en que nunca queríamos que volvieran a su casa, se habían convertido en parte de nuestra familia”, dijo Vincent. Entonces la pareja los adoptó.

El evento anual, inaugurado en 1998, es una experiencia conmovedora para las familias y para los trabajadores sociales del condado que se esfuerzan por reunirlas, dijo Neil Zanville, portavoz del Departamento de Servicios para Menores y Familias del Condado Los Ángeles, que lo coordinó con la Coalición para el Día de la Adopción y otros grupos.

En toda la nación, según la coalición, hay más de 408,000 niños en cuidados temporales, incluyendo más de 100,000 que esperan ser adoptados. Esperan un promedio de tres años, algunos mucho más, y cuanto más grandes son más difícil es que los adopten. Solamente cuatro de cada 110 niños de 13 años o más son adoptados, dijo Janice Spire, directora ejecutiva de la Alianza para los Derechos de los Niños. Treinta mil al año se convierten en adultos sin haber encontrado nunca una familia permanente.

Por eso, el Día Nacional de la Adopción es una gran oportunidad que tienen las autoridades del condado LA para animar a las personas para que consideren ofrecer cuidados temporales o convertirse en padres adoptivos.

Fue algo que funcionó con Dennis y Katie Whitaker de Los Ángeles, que asistieron al evento hace tres años cuando un amigo se los sugirió.

Decidieron adoptar y seis meses después se enteraron de una madre en el Medio Oeste que entregaba su hijo, que cumpliría 1 año al día siguiente.

“Sentimos una especie de pánico, hicimos una visita rápida a Target para comprar algunas cosas y organizamos una fiesta”, dijo Dennis Whitaker.

El viernes estaban en el tribunal, esperando nerviosos a que su hijo de 3 años, Soul, viera al juez.

Soul, mientras tanto, no se preocupaba por nada, hasta que el globo se le escapó y se fue al techo. Parecía que se iba a echar a llorar hasta que su padre lo alcanzó.

“Papá lo tomó”, dijo feliz.