Sigue la Guerra Fría

Corea del Norte es condenado por desarrollar misiles nucleares
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El controversial líder norcoreano Kim Jong-un pronunciando un discurso durante una ceremonia militar.
Foto: EFE

SEUL, Corea del Sur.— La Guerra Fría sigue presente en Corea del Norte y el enemigo número uno es Estados Unidos, al que Pyongyang atribuye la necesidad de su muy criticada iniciativa para desarrollar armas atómicas.

Un abundante flujo de propaganda, azuzado por décadas de amenazas estadounidenses, afirma que Corea del Norte sigue en riesgo de un ataque nuclear no provocado, a pesar de que Washington y otros dicen que el verdadero motivo del desarrollo atómico norcoreano es la política de llevar una situación peligrosa al borde del desastre.

El ejemplo más reciente es un comunicado cargado de retórica emitido por el Comando Supremo del Ejército Popular Coreano, en el que promete anular el armisticio de 1953 que puso fin a la Guerra de Corea, bajo el argumento de que Estados Unidos encabeza una iniciativa para que las Naciones Unidas ordenen aplicar sanciones por la reciente prueba nuclear norcoreana y los ejercicios militares conjuntos entre fuerzas surcoreanas y estadounidenses.

La tercera prueba nuclear de Corea del Norte, efectuada en febrero, incluso ha hecho que China, su principal aliado, respalde la aplicación de más sanciones por parte del Consejo de Seguridad. Washington y Beijing han aprobado un borrador de resolución que se espera circule esta semana.

Occidente y los vecinos de Corea del Norte condenan los esfuerzos de Pyongyang por desarrollar misiles nucleares capaces de llegar a Estados Unidos como una grave amenaza al delicado equilibrio de seguridad en el noreste de Asia y un drenado de los preciosos recursos que pudieran ser destinados al empobrecido pueblo.

Pero en Pyongyang, la propaganda se enfoca en una larga lista de lo que se percibe son afrentas de Washington y, en particular, en las amenazas nucleares estadounidenses emitidas desde la década de 1950 hasta la de 1970.

Estados Unidos retiró las bombas atómicas que tenía emplazadas en Corea del Sur en 1991 y en repetidas ocasiones ha rechazado las afirmaciones de Corea del Norte de que tiene planes para invadirla.

Sin embargo, submarinos atómicos de Estados Unidos recorren las aguas de la región, y Washington ha dicho claramente que su así llamado “paraguas” nuclear sobre Corea del Sur busca desalentar un ataque sobre su aliado por parte de Pyongyang, cuya invasión a territorio surcoreano en 1950 desató la Guerra de Corea de tres años.

El gobierno norcoreano se vale de su historia de la Guerra Fría con Estados Unidos para justificar las armas nucleares como una necesidad para un país pequeño y orgulloso incrustado entre potencias mundiales que compiten por la supremacía regional en lo económico, militar y político.

“Ninguna nación del mundo ha estado expuesta directamente a la amenaza nuclear estadounidense durante tanto tiempo”, afirmó la agencia noticiosa Central Coreana en un comentario reciente.

Los temores norcoreanos se remontan a la Guerra de Corea y a las estrategias nucleares de la Guerra Fría.

Tanto el general Douglas MacArthur, comandante de las fuerzas de la ONU, como su sucesor, el general Matthew Ridgway, solicitaron autoridad para utilizar bombas atómicas contra Corea del Norte. Después de que asumió la presidencia de Estados Unidos en 1953, Dwight Eisenhower “comenzó a dar indicios de que Estados Unidos podría arrojar una bomba atómica si continuaba el estancamiento en las negociaciones para alcanzar un armisticio que pusiera fin a la guerra”, escribió Don Oberdorfer, ex reportero del Washington Post, en su historia “Las dos Coreas”.

En la actualidad, incluso si se reanudan las estancadas negociaciones para el desarme nuclear, los analistas no ven una solución fácil para detener el impulso norcoreano por desarrollar armas atómicas.

Washington dice que Corea del Norte debe demostrar su sinceridad antes de que pueda alcanzarse un acuerdo de desarme en serio. El gobierno del presidente Barack Obama está enfocado en la historia norcoreana más reciente, en la que considera abundan las promesas incumplidas sobre el desarme.