Entre brutalidad y cinismo

Los hechos demuestran que es pero el chavismo que el mismo Chávez
Entre brutalidad y cinismo
La diputada opositora venezolana Maria Corina Machado (c), acompañada del diputado Julio Borges y otros líderes opositores, ofrece una rueda de prensa en relación con la gresca ocurrida en el Congreso.
Foto: EFE

Al grano

Me había prometido dejar descansar a mis lectores del tema chavista, pero los sucesos acaecidos en los últimos días obligan a reflexionar.

El zafarrancho en la Asamblea Nacional de Venezuela, donde resultaron golpeados, humillados y silenciados varios diputados, entre ellos Julio Borges y Maria Corina Machado, es una prueba fehaciente de que en ese país suramericano ocurrió un golpe al Parlamento fraguado por el chavismo y el fraude electoral fue una de tantas tretas descaradas para darle autenticidad a un gobierno de facto.

Nicolás Maduro acusa a los opositores de provocar los incidentes diciendo que “venían preparados para atacar a los diputados de la revolución”. Ellos intentaban restablecer su derecho a hablar. No cuenta que Diosdado Cabello, el líder de la asamblea, censuró y cerró los micrófonos a quienes no aceptaron, a la fuerza, a Maduro como presidente ilegal.

Cabello, riendo cínicamente al ver que golpeaban a patadas a una mujer, pasó a engrosar la lista de los hombres machistas y cobardes, lo cual comprueba la incultura y el oscurantismo que rodea sus propósitos.

Él es el verdadero poder tras el poder. Ambicioso y malévolo, se frota las manos esperando a que Maduro se haga zancadilla asimismo y pueda obtener lo que ambiciona desde que murió el dictador Hugo Chávez: la silla presidencial.

Los camaradas que lo rodean, son una pandilla de facinerosos que parecen matones a sueldo, indoctos y peligrosos, que no deberían tener el privilegio de ser parlamentarios. ¿Cómo se puede esperar que la fuerza bruta escriba leyes y gobierne con honestidad?

El silencio cómplice de la comunidad internacional es vergonzoso, incluyendo la postura meticulosa de los Estados Unidos, que cuida más el suministro de petróleo que la dignidad del sufrido pueblo venezolano.

También da pena la negligencia de los organismos como la ONU y la OEA que ni siquiera protestan frente al salvajismo pandilleril que liquidó la democracia para dar paso a una dictadura liderada por socialistas trásfugas, mentirosos y codiciosos.

El pueblo venezolano tiene el derecho de reclamar, protestar y exigir que se restituya la libertad y la república. Debe vencer el miedo a las milicias urbanas y enfrentarlas para que sepan que la delincuencia no puede gobernar. Tampoco debe permitir que se consolide la narco-democracia.

Por su parte, a las fuerzas armadas les corresponde cumplir con la obligación de proteger al constituyente primario que es el pueblo mismo, respaldar la propia constitución y las leyes y garantizar que la Asamblea sea una verdadera tribuna popular donde se expresen libremente las ideas y se debatan las opiniones sin violencia. Por acción u omisión, los militares venezolanos están siendo cómplices de permitir esa barbarie y tendrán que ser juzgados en tribunales en el futuro.

Lo advertí en el pasado, es peor el chavismo que Chávez y aún más grave son las infames fieras, hambrientas de poder, aconsejadas desde la isla de Cuba.

En manos de la oposición, María Corina Machado, Julio Borges y Henrique Capriles, está el continuar librando la batalla por la libertad, en contra de la intolerancia, la brutalidad y el cinismo.