Subir el salario mínimo

Subir el salario mínimo
Un aumento de los salarios está apoyado por una mayoría abrumadora del electorado de EEUU.
Foto: Archivo/Ciro Cesar / La Opinion

Economía

Después de analizar lo que pasa en el mundo la Organización Internacional del Trabajo (OIT) llegó a la conclusión de que “la capacidad de compra de los salarios se mantiene muy por debajo de los niveles anteriores a la crisis” de 2008.

Ello es alarmante, sin duda, pero en el caso de Estados Unidos el desplome ha sido brutal.

“La crueldad aquí es increíble”, dice el defensor de los derechos de los consumidores, Ralph Nader, en su nuevo libro Told You So (Te lo dije,en español)

“Treinta millones de trabajadores de este país ganan menos hoy de lo que ganaban esos mismos trabajadores en 1968. Son los trabajadores que limpian por nosotros, que producen nuestros alimentos, que nos atienden en los comercios, que cuidan de nuestros abuelos enfermos. Tomemos conciencia de esa cifra. Esos son los trabajadores más subempleados y los que tienen menor cobertura de salud. Trabajan en las peores condiciones de seguridad laboral. No tienen sindicatos. Y la pregunta es si nuestra sociedad es tan incapaz de movilizarse. Si nuestra sociedad ha renunciado a tal punto a su soberanía cívica que no puede lograr que el salario mínimo iguale al de 1968.”

Aquel año, el salario mínimo estaba en su pico histórico más alto, en términos de poder adquisitivo real.

Cuarenta y cinco años después, la pobreza alcanza nuevamente niveles críticos. Y aquel importantísimo bastión contra la pobreza, el salario mínimo, es actualmente de 7.25 dólares por hora, resultado de un proyecto de ley promulgado por el Presiente George W. Bush.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, donde el salario mínimo se reajusta anualmente en forma automática, en Estados Unidos no está indexado a la inflación y puede estancarse durante años.

El último aumento a nivel federal, de 10.6%, fue en julio de 2009.

El Presidente Barack Obama, tras ser electo por primera vez, prometió un aumento de 24% al salario mínimo.

En su discurso del año 2013 sobre el Estado de la Unión, sin haber logrado alcanzar dicho objetivo, Obama expresó su interés de “seguir presionando para que el salario mínimo sea más alto”, tras comprometerse a llevarlo de 7.25 a 9 dólares la hora.

“Esta simple medida, dijo, incrementaría los ingresos de millones de familias trabajadoras. Podría marcar la diferencia entre ir a una tienda a comprar alimentos o tener que ir al banco de alimentos, entre pagar la renta o ser desalojado, entre vivir en una lucha para cubrir los gastos o finalmente salir adelante.”

El defensor de los derechos de los consumidores, que no se impresiona con las palabras del presidente, lo criticó con dureza. Nader dijo: “No movió un dedo desde que hizo esas declaraciones. Hizo las promesas en la campaña de 2008 y luego no dijo nada durante cuatro años acerca de aumentar el salario mínimo. No ejerció presión alguna sobre el Congreso. Ni siquiera permitió actuar a la gente de su propia Casa Blanca respecto a este tema.”

No obstante, la propuesta del presidente sobre el salario mínimo irrumpe en el debate político en el país, cuyo nivel actual representa sólo 38% del salario medio de los trabajadores en Estados Unidos, frente al 46.1 por ciento en Inglaterra, por ejemplo, según la Organización Internacional del Trabajo.

Un aumento de los salarios está apoyado por una mayoría abrumadora del electorado, creen que los trabajadores peor pagados merecen un aumento de sueldo. Y tienen razón.

Durante cerca de cuatro décadas, las subidas del salario mínimo han ido muy por detrás de la inflación, de modo que, en términos reales, el salario mínimo es considerablemente más bajo de lo que era en la década de los sesenta del siglo XX. Por otro lado, la productividad del trabajador se ha duplicado.

Pero así y todo, los líderes del Partido Republicano en el Congreso se oponen a cualquier subida. Dicen que les preocupa la gente que posiblemente perderá su trabajo

La conservadora Cámara de Comercio cree que esta medida “pesaría de forma desproporcionada” en las pequeñas empresas, menos capaces de “absorber” un aumento del costo de mano, a riesgo de frenar el empleo.

Ahora bien, dice el Nobel de economía,Paul Krugman, se podría alegar que aunque el salario mínimo actual parezca bajo, incrementarlo entrañaría la pérdida de puestos de trabajo. Pero hay muchas pruebas al respecto que indican que los aumentos moderados de los sueldos para los peor pagados tienen poco efecto sobre el empleo, si es que tienen alguno.

En realidad, el único efecto de un aumento de los salarios mínimos es un aumento de las rentas de personas que trabajan mucho, pero cobran poco.

Por eso, un alza al sueldo mínimo es un asunto económico y moral.

También es buena política, un aumento al salario mínimo estimularía la economía, pues permitiría un mayor gasto del consumidor en productos diversos sin elevar costos adicionales a los que pagan impuestos.