Programa PRISM recababa muchísima información

El programa que recabó información de usuarios del internet evitó, según las autoridades, más atentados terroristas.
Programa PRISM recababa muchísima información
El gobierno de Bush buscó indicios de atentados en la información intercambiada en el ciberespacio.
Foto: AP

WASHINGTON— En los meses y años que siguieron a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, agentes del FBI comenzaron a presentarse con más frecuencia que antes en la sede de Microsoft Corp. con órdenes judiciales para recopilar información sobre clientes de la empresa.

En todo el mundo, espías del gobierno le seguían la pista a mensajes electrónicos y direcciones de internet de sospechosos de terrorismo. Con frecuencia, esas pistas llevaron a la mayor compañía mundial de programas informáticos y, en ese momento, el mayor proveedor de cuentas de correo electrónico.

Los agentes pedían mensajes electrónicos archivados, información sobre las cuentas, prácticamente todo, y rápido. Los ingenieros compilaban la información, a veces a mano, y la entregaban al gobierno.

Con frecuencia no había una forma fácil de decir si la información pertenecía a extranjeros o estadounidenses. Tanta información cambiaba de manos que un ex empleado de Microsoft dijo que los ingenieros se preguntaban si la empresa debía cooperar con las autoridades.

Este proceso manual y frenético fue el predecesor de Prism, el programa secreto de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) recientemente revelado, que recoge información de compañías de internet. A medida que las leyes cambiaban y la tecnología avanzaba, el gobierno y la industria tomaron un camino más expedito y adoptaron un procesamiento electrónico, que exigía menos tiempo de las compañías y ofrecía al gobierno la información en un formato estándar.

La revelación de la existencia de Prism este mes por parte de los diarios Washington Post y Guardian ha provocado el capítulo más reciente de un debate que comenzó hace un decenio sobre qué limites imponer a las actividades de recopilación de información del gobierno, que la administración del presidente Barack Obama dice que es esencial para mantener la seguridad del país.

Pero entrevistas con más de una decena de funcionarios de gobierno, ejecutivos del sector tecnológico y expertos independientes muestran que, aunque Prism ha sido el objeto de atención reciente, el programa es una parte relativamente menor de un esfuerzo mucho más amplio de recopilación de información electrónica.

Los estadounidenses que rechazan que el gobierno lea sus mensajes electrónicos tienen más de qué preocuparse con otra iniciativa mayor de la NSA que echa mano a la información cuando pasa por los cables de fibra óptica que son el corazón de internet. El programa, cuya existencia se conoce desde hace años, copia el tráfico de internet cuando entra y sale de estados Unidos y lo envía a la entidad para su análisis.

Ya sea a propósito o por coincidencia, Prism (Prisma) parece hacer lo que su nombre sugiere. Como una pieza triangular de vidrio, toma grandes cantidades de información y ayuda al gobierno a encontrar fragmentos individuales y manejables.

El hecho de que es productivo no debe sorprender. Documentos muestran que es una de las grandes fuentes de la información que llega a diario al presidente. Prism da sentido a la cacofonía de la información a granel que pasa por internet y ofrece al gobierno los nombres, direcciones, historial de comunicaciones y archivos completos de mensajes electrónicos.

Muchos de los entrevistados para este reportaje insistieron en no ser identificados porque no estaban autorizados a discutir públicamente esta iniciativa secreta. Pero las entrevistas, conjuntamente con declaraciones públicas y unos pocos documentos disponibles, muestran que son dos los componentes vitales del éxito de Prism.

El primero es cómo el gobierno trabaja de cerca con las empresas que mantienen a la población conectada de manera permanente entre sí y con el mundo. Eso es lo que más ha llamado la atención hasta el momento.

El segundo, y menos transparente, es cómo Prism encaja en un programa de recopilación de información digital que lleva años funcionando en Estados Unidos.

En las profundidades del mar, cientos de cables son la vía por donde se envía buena parte del tráfico mundial de telefonía e internet. Desde por lo menos principios de la década de 1970, la NSA escucha lo que transita por los cables de todo el mundo. Y no necesita autorización especial para hacerlo porque esa es su labor.

Pero la información de internet no tiene fronteras. Un mensaje electrónico enviado de Pakistán a Afganistán puede pasar por un servidor en Estados Unidos, la misma computadora que maneja los mensajes hacia y desde Estados Unidos. La NSA tiene prohibido espiar a los estadounidenses o cualquier otra persona dentro de país. Esa es labor del FBI y exige una orden judicial.

A pesar de esa prohibición, poco después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el presidente George W. Bush autorizó en secreto que la NSA se conecte con los cables de fibra óptica que entran y salen de Estados Unidos, a sabiendas de que le daría al gobierno acceso, sin necesidad de orden judicial, a las conversaciones privadas de los estadounidenses.

Escuchar el tráfico de esos cables permite a la NSA monitorear mensajes electrónicos, llamadas telefónicas, conferencias por video, transacciones bancarias, páginas de internet y mucho más. Y usa poderosas computadoras para descodificar, almacenar y analizar toda esa información a la velocidad de un rayo.

“Hay que suponer que todo se recopila”, dijo Bruce Schneier, quien ha estudiado y escrito sobre criptografía y seguridad informática desde hace dos decenios.

El diario The New York Times reveló la existencia de esta iniciativa en 2005. En 2006, Mark Klein, antiguo técnico de la telefónica estadounidense AT&T, reveló que la empresa había permitido que la NSA instalara una computadora en su centro de conmutación en San Francisco, un punto clave de los cables de fibra óptica.

Lo que siguió fue el debate nacional más significativo sobre la vigilancia nacional desde las labores de la Comisión Church en 1975, una comisión especial del Senado presidida por Frank Church, de Idaho, que criticó a la CIA y el FBI por espiar a los estadounidenses.

Sin embargo, a diferencia del reciente debate sobre Prism, no había asistencia visual ni gráficos fáciles de entender que explicaran que el gobierno estaba recopilando millones de mensajes electrónicos y escuchando llamadas telefónicas de personas sobre quienes no había acusación o sospecha alguna.

El gobierno de Bush lo bautizó “Programa de Vigilancia a Terroristas” y dijo que garantizaba la seguridad de Estados Unidos.

“Este programa ha generado información muy valiosa para nosotros en la guerra global contra el terrorismo, tanto en términos de vidas salvadas como la desarticulación de planes contra Estados Unidos”, dijo el vicepresidente Dick Cheney en ese momento.

El gobierno ha dicho que minimiza el seguimiento de conversaciones y mensajes electrónicos de los estadounidenses. Pero la descripción exacta de lo que eso significa sigue siendo un secreto. Ex funcionarios federales familiarizados con el proceso dicen que permite al gobierno mantener la información siempre que se identifique como propiedad de un estadounidense y se guarda de manera restringida en una computadora.

Eso significa que los mensajes electrónicos personales de los estadounidenses pueden almacenarse en computadoras del gobierno, pero los analistas no pueden tener acceso a ellas, ni leer los mensajes o escuchar llamadas, a menos que tal información se convierta en algo relevante para una investigación de seguridad nacional.

El gobierno no borra automáticamente esos datos, dijeron los funcionarios, porque aunque puedan parecer inocuos hoy, dentro de un año pudieran ser significativos.

Lo que no está claro para el público es cuánto tiempo guarda el gobierno esa información. Eso es significativo porque Estados Unidos algún día tendrá nuevos enemigos. Dentro de dos decenios, el gobierno pudiera tener una gran cantidad de mensajes electrónicos y registros telefónicos de estadounidenses que pudiera analizar para investigar cualquier cosa que el Congreso decida que es una amenaza a la seguridad nacional.

El gobierno de Bush interrumpió el programa de escuchas sin orden judicial en 2007 pero apoyó una nueva ley que permitió que la vigilancia electrónica continuara, con cambios: La NSA por lo general tiene que explicar sus técnicas y objetivos a un tribunal secreto en Washington, pero no hacen falta órdenes judiciales específicas.

El Congreso aprobó la iniciática y el entonces senador Barack Obama, demócrata por Illinois, que en ese momento estaba en medio de la campaña presidencial, votó en contra.

“Este gobierno ofrece una alternativa falsa entre las libertades que atesoramos y la seguridad que ofrecemos”, dijo Obama en un discurso dos días antes de la votación. “Yo ofreceré a nuestros órganos de inteligencia y entidades policiales las herramientas que necesitan para seguir la pista y eliminar a los terroristas sin necesidad de socavar nuestra Constitución y nuestras libertades”.

Pocos meses después que Obama asumió la presidencia en 2009, el debate sobre la vigilancia electrónica volvió a tomar fuerza en el Congreso porque la NSA se había excedido. Resultó que había usado su autoridad para escuchar comunicaciones sin orden judicial para muchos más mansajes electrónicos y llamadas telefónicas de estadounidenses de lo que debían.

Obama, que para entonces no se oponía a la vigilancia electrónica, hizo cambios no especificados al proceso. El gobierno dijo que los problemas se habían solucionado.

“Yo tenía un escepticismo saludable sobre estos programas”, dijo Obama recientemente. “Mi equipo evaluó los programas, los analizamos detenidamente y ampliamos la fiscalización, mejoramos algunas de las salvaguardas”

Pero años después de criticar a Bush, Obama dijo que los estadounidenses tenían que tomar decisiones en nombre de la seguridad.

“No se puede tener seguridad total y a la vez cero inconveniencias”, dijo el presidente.

El gobierno de Obama, haciéndose eco de sus predecesores, dijo que la vigilancia había desarticulado varios planes de ataques terroristas. Varias de las figuras más destacadas del gobierno Bush que tuvieron que enfrentar fuertes críticas durante la candidatura de Obama, aplaudieron al presidente por mantener los programas de vigilancia intactos.

Jason Weinstein, que recientemente se marchó del Departamento de Justicia, donde era jefe de su división de delitos cibernéticos y propiedad intelectual, dijo que no debe sorprender que Obama haya mantenido los programas.

“No se puede esperar que un presidente no use un herramienta legal que el Congreso le ha dado para proteger al país”, dijo. “El Congreso le ha dado la herramienta y él la está usando. Y los tribunales dicen que la usa debidamente. Así es como funcionan los contrapesos en el sistema de la nación”.

Schneier, el escritor y experto en seguridad, dijo que no importa cómo funcione Prism técnicamente. Solo se debe pensar que el gobierno lo recopila todo, dijo.

Y agregó que tampoco importa lo que digan el gobierno y las compañías. Así funciona el espionaje.

“Todo el mundo echa mano a los juegos de palabra, pero nadie dice la verdad”.