‘Kick Ass 2’ es todo un despropósito

Crítica de cine: La película que huye de la inteligencia, humor, emotividad y brillantez visual del la original es una de las peores del año.

Kick-Ass (Aaron Taylor-Johnson, izq.) se enfrenta a The Mother Fu**** (Christopher Mintz-Plasse).

Kick-Ass (Aaron Taylor-Johnson, izq.) se enfrenta a The Mother Fu**** (Christopher Mintz-Plasse). Crédito: Universal

Como ejemplo de una secuela que comete todos los errores posibles por no terminar siendo tan original, interesante y lograda como la cinta original, no hace falta ir muy lejos: hoy se estrena Kick Ass 2.

Hay muchos casos de segundas partes simplemente olvidables (Beverly Hills Cop 2, Exorcist II: The Heretic, The Hangover Part II, Iron Man 2, Men in Black II, The Neverending Story II, Damien: The Omen Part II, Shrek 2, Transformers: Revenge of the Fallen…). Pero no hay tantas ocasiones en las que el resultado de la operación se salda en un absoluto fracaso.

Kick Ass 2 es una de esas veces.

La primera entrega, estrenada hace tres años, contó con la puesta en escena de Matthew Vaughn, quien entendió desde el principio que, a pesar del evidente tono paródico del relato —un puñado de don nadies se convierten en súper héroes… o súper villanos—, todo debía ser tratado con la misma seriedad y sobriedad narrativa que se emplean en cualquier otra producción inspirada en un cómic (en este caso creado por Mark Millar y John Romita Jr.).

No importaba que la violencia fuera desmedida, las palabras malsonantes surgieran de la boca de una niña, que un padre enseñara a su hija el manejo de armas y artes marciales o que el nombre del súper héroe estrella fuera… Kick Ass.

Kick Ass terminó así haciendo gala de la misma emoción, intensidad, humor y aventura que las mejores representaciones del subgénero.

En Kick Ass 2 —que se estrena hoy y ha sido clasificada R— nada de eso se mantiene a flote.

Vaughn, que sigue como productor, ha dejado las riendas del filme a su guionista, Jeff Wadlow, hasta ahora realizador de un par de títulos que pasaron sin pena ni gloria, entre ellos, Never Back Down.

Wadlow agarra a los personajes supervivientes de la primera parte —Dave (Aaron Taylor-Johnson), Mindy (Chloë Grace Moretz) y Chris (Christopher Mintz-Plasse), entre otros— y los convierte en meras caricaturas de lo que fueron, en piezas de un guiño gigantesco al espectador en el que los únicos que entienden la broma (o les hace gracia) son sus responsables.

La historia, por llamarla de algún modo, contiene nuevos personajes que vienen y van sin causar ningún efecto escénico: John Leguizamo como el asistente personal de Chris y Jim Carrey en el papel del líder de una pandilla de súper héroes callejeros son los que tratan de aportar un teórico peso melodramático y a veces cómico al conjunto, pero sin éxito, no por su culpa, sino por un guión que nunca se toma nada con la inteligencia y efectividad que los personajes (y el espectador) merecen. En definitiva, un libreto que no es más que una excusa argumental que nunca se desarrolla.

Además, el director carece de estilo, encuadrando cada escena con una sosez escalofriante, coreografiando las peleas sin pasión o coherencia alguna y dejando que los actores, especialmente los muy irritantes Chloë Grace Moretz y Christopher Mintz-Plasse crean que actuar significa excederse en cada movimiento o mirada.

Al empezar el año pensé que Hansel & Gretel: Witch Hunters iba a ser la peor película del año. Pues bien, ya tiene competencia para el título.

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