Vacuna para la memoria

Los políticos lo saben y con malicia generan una conveniente amnesia colectiva que les ayuda a seguir gobernando, a robar las arcas del Estado, a repartirse puestos y a usurpar el poder público

Vacuna para la memoria
Un hombre cruza frente a un mural con las imágenes del líder cubano Fidel Castro y del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, en la Plaza Cuba, en Managua, Nicaragua.
Foto: Archivo / EFE

Al grano

Se propaga por contacto directo, ambiental y hasta se hereda de padres a hijos. Los síntomas más comunes son ceguera, sordera y el más grave pérdida de la memoria reciente y pasada. Es contagioso y lo padecemos millones de latinoamericanos; para incubarse solo se necesita apatía o indiferencia social.

Una variante de este mal es hacerse el loco o valerle poco todo lo que ocurre alrededor y de esta manera cedemos los derechos sobre nuestro futuro a perversos desconocidos. Los políticos lo saben y con malicia generan una conveniente amnesia colectiva que les ayuda a seguir gobernando, a robar las arcas del Estado, a repartirse puestos y a usurpar el poder público.

En Colombia lo sufren tanto los de la izquierda, como los de la derecha. El pueblo amnésico ya olvidó que los guerrilleros comunistas matan, secuestran y extorsionan. Olvidaron que en 1985 el M-19 asaltó a sangre y fuego el Palacio de Justicia y provocó una hecatombe institucional. También el pueblo borró de su mente que Pablo Escobar y sus secuaces, los hermanos Ochoa, líderes del Cartel de Medellín, sembraron una semilla horrenda de muerte y destrucción que está siendo cosechada por narcotraficantes en México, Guatemala, Honduras y El Salvador, para citar algunos ejemplos.

Asimismo los colombianos son sordos y ciegos ante la verdad de un expresidente ultraderechista que gobernó ocho años manipulando y siendo nepotista. Es conocido como Varito y a sus amnésicos seguidores les llaman “furibistas”.

Los centroamericanos sufren la dolencia más por desidia que por contagio. Es como si la pobreza los inmunizara para que no perciban el daño que les hacen. En Nicaragua, por ejemplo, se olvidaron que el presidente Daniel Ortega es inconstitucional. Llegó al poder controlando y manipulando precisamente los hilos del poder. Además, fue acusado por violar a su hijastra y a pocos les importa.

Los hondureños están a punto de regresarle el mando al zelayismo, una entidad peligrosa engendrada por el chavismo. Sin lugar a dudas esto comprueba que el pueblo es ciego, sordo y amnésico, y como mencioné antes, tal vez el hambre desarrolle los síntomas, igual que en Venezuela donde falta la carne, la leche y lo básico como el papel higiénico, pero pocos protestan contra la dupleta maligna de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello que llevaron al país a una de las peores crisis socio-económicas de su historia.

En México regresó el Partido Revolucionario Institucional —PRI—, que había mal gobernado por 70 años y todos contentos, como si no hubiese sido culpable de la miseria, la violencia y la delincuencia. Del encubrimiento y patrocinio al narcotráfico. ¿Qué nos pasa?, como diría el actor cómico mexicano Héctor Suárez y su personaje Soyla que tanto nos hacía reflexionar en la televisión hace algunos años, frente al desinterés de la gente.

La amnesia grupal o colectiva es, en parte, la causante del subdesarrollo de nuestras naciones. De que el poder se herede y que sigamos financiando a los corruptos. Despertemos de una vez por todas. Vacunémonos contra ese mal.