Recogiendo los frutos que sembró con honestidad

Recogiendo los frutos que sembró con honestidad
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Dos años después de la revolución en Nicaragua, emigró con sus padres a Nueva York. Con 17 años, tomó un curso técnico de agente de viaje en la Escuela Panamericana de Viajes, situada cerca del Madison Square Garden. Un año después ponía en marcha con su hermana una agencia de viajes, en el 19W de la calle 34, con la filosofía de “ser honestos” con los estudiantes de la escuela -que hacían de vendedores- y sus clientes. Hoy dispone de cinco sucursales en la ciudad y un “call center” en Centroamérica.

Cargada de energía, Lucía Carolina Fernández mira siempre hacia adelante. “Soy una persona muy positiva, estudiosa de la vida y trato de compartir mi conocimiento”, explica al tratar de definirse.

Esposa y madre de tres hijos -que ya se han graduado-, Fernández celebra especialmente haber sido capaz de balancear su vida personal y profesional. Poco después de llegar a Nueva York -donde sus padres emigraron para, entre otras cosas, alejarla de problemas en su tierra natal- empezó a estudiar un curso para agente de viajes. Por su carácter optimista, dice, siempre estuvo “rodeada de gente buena que quiso ayudarme”. Y enseguida le ofrecieron trabajar en la escuela.

Le interesaba más trabajar en una agencia de viajes, así que rechazó la oferta (e introdujo a su hermana como candidata) e inició sus prácticas en el local que le ubicó la escuela. Seis meses después regresó a la Panamericana para dar clases. Allí descubrió que los estudiantes -que hacían de vendedores para una agencia con la que colaboraba la escuela- no recibían la comisión acordada.

Sin pensárlo dos veces, habló con su hermana de montar su propia agencia y con el director de la escuela “para ser su agencia, pero honestos”, recuerda, rememorando el desconocimiento que tenía de los negocios entonces.

“Era un sueño, pero ni sabía en lo que nos estábamos metiendo”, remarca.

Tres décadas después, con 22 personas trabajando y cinco sucursales, parece que las cosas marchan. Aunque “hubo años duros”, destaca Hernández, al recordar el año que pasaron en cortes tras una estafa en 1996. De esa experiencia, aprendió a ser “más ordenada y estricta”, cualidades que hicieron posible que sobrevivieran a la crisis del sector hace una década. Ahí reside el secreto de su éxito.

“A las chicas siempre les digo que la organización es la madre el éxito y el desorden la madre de todas las desgracias”, subraya.

Hernández ha “sudado la camiseta” para sacar adelante el negocio, un logro que ha hecho posible con el apoyo de su marido y sus hijos. Con ellos le gusta viajar por el mundo, “para conocer y transmitir mis conocimientos”, apunta.