Vuelve debate sobre PTSD tras tiroteo

Soldado que mató a 3 y dejó 16 heridos mostraba problemas de comportamiento

WASHINGTON, D.C.— El tiroteo el miércoles en la base militar de Fort Hood de Texas, que dejó cuatro soldados muertos, incluyendo al autor del incidente, reanimó ayer el debate sobre el debido tratamiento de veteranos de guerra que sufren trastornos mentales.

En cuestión de 15 minutos, Iván López López —un veterano de la guerra de Irak, donde pasó cuatro meses en 2011— dejó tres muertos y 16 heridos antes de quitarse la vida.

Todas las víctimas eran militares y los heridos presentaban un diagnóstico grave, con tres de ellos en estado crítico, informaron ayer los médicos del Hospital Scott & White Memorial en Temple, cerca de Fort Hood.

Original de Guayanilla, Puerto Rico, López López sirvió en la Guardia Nacional de su país antes de unirse al Ejercito estadounidense.

Se trata de la segunda matanza en Fort Hood tras la de 2009 a manos del mayor del Ejército Nidal Hasan, que dejó 13 muertos y 30 heridos. La base en el centro de Texas cuenta con alrededor de 41,000 soldados.

Aunque se desconocen los motivos del tiroteo, el teniente general Mark Milley explicó a la prensa que López López, de 34 años, mostraba problemas de comportamiento y de salud mental, pero dejó en claro que el soldado aún no había sido diagnosticado con el Síndrome de Estrés Postraumático (PTSD, por su sigla en inglés).

López tomaba medicinas por depresión y ansiedad, pero la falta de un diagnóstico claro sobre si padecía o no de PTSD no ha frenado el debate sobre la prevalencia y el impacto de ese trastorno entre los soldados que regresan de zonas de conflicto.

Milley dijo este jueves que las investigaciones del Pentágono están tomando en cuenta todo el historial de López, incluyendo su situación personal y financiera, y subrayó que es prematuro especular sobre si este recibió o no la ayuda psicológica adecuada.

El PTSD, que incluye síntomas como dolores de cabeza, problemas de sueño, depresión y agresividad, es común en personas que han presenciado o han sido víctimas de ataques violentos, por lo que no sólo afecta a los soldados en el campo de batalla.

Según los expertos, el PTSD no incrementa la propensidad de las personas a la violencia y, de hecho, la mayoría de los veteranos de guerra logran superar sus traumas.

Se calcula que el 11% de los estadounidenses toman antidepresivos.

Un estudio psicológico de 2012 concluyó que los soldados afectados por PTSD corren mayor riesgo de arrestos criminales, pero esos arrestos están vinculados principalmente al abuso de drogas, no a actos de violencia.

Por ello, Richard Allen Smith, un veterano de la guerra en Afganistán que sufre PTSD, dijo este jueves en una columna de la revista Time que es un error vincular el trastorno con la violencia de soldados, porque las investigaciones no avalan esa premisa.

Aún así, la reinserción de los soldados en la sociedad civil- como ocurre ahora con la salida paulatina de las tropas de EEUU de Afganistán-, salta a la palestra nacional cuando ocurren actos de violencia como el de Fort Hood.

Una fuente de la Administración Obama aseguró a La Opinión que todas las 23 órdenes ejecutivas que firmó el presidente Barack Obama en enero de 2013 para mitigar la violencia generada por las armas, “se han completado o están por completarse”.

El incrementar el acceso a los servicios de salud mental fue una de las prioridades del plan para prevenir la violencia derivada de las armas ,y se autorizaron 100 millones de dólares para los servicios de salud mental que ofrecen los centros de salud comunitarios, recordó la fuente.

Durante un tributo en la Casa Blanca al equipo de EEUU para las olimpiadas de invierno, Obama se solidarizó con las víctimas de la “indecible violencia sin sentido” en Fort Hood, y prometió hacer lo que esté a su alcance para “resguardar la seguridad de los soldados no solo en el campo de batalla sino al regresar a casa”.