Cierra un capítulo en Bell

El caso de corrupción en la ciudad de Bell está llegando a su fin con las condenas de los ex funcionarios municipales acusados de corrupción. El cierre de este capítulo le permite a la ciudad dejar atrás el escándalo para enfocarse hacia su futuro.

Primero fueron los ex concejales Víctor Bello, George Cole, Oscar Hernández, Teresa Jacobo y George Mirabal quienes se declararon culpables de dos cargos por apropiarse de fondos a cambio de una condena máxima de cuatro añosa de prisión y de pagar reembolsos. Un día más tarde fue el turno de la segunda en la administración de la ciudad, Angela Spaccia, quien fue condenada a casi 12 años de prisión por corrupción, además de una restitución millonaria. El jefe ejecutivo de la ciudad, Robert Rizzo, será sentenciado la semana que viene después de haberse declarado culpable de varios delitos.

Estos desarrollos dan fin a un escandaloso período de corrupción en el cual a través de salarios ridículamente altos para una ciudad pobre y pequeña como Bell, se apropiaron más de 10 millones de dólares en fondos públicos.

El nivel de corrupción hallado en Bell es un llamado de atención para las autoridades de las ciudades pequeñas de perfil similar a Bell, que están cobrando sueldos exagerados y están aprovechan dose del desinterés popular por su desempeño. A raíz de este caso ha surgido una nueva atención y leyes para impedir la repetición.

Pero ninguna ley u ordenanza pueden reemplazar la función fiscalizadora sobre sus autoridades que deben realizar los votantes y los residentes de la ciudad. Los funcionarios de Bell, desde el administrador hasta el jefe de policía, aprovecharon la no fiscalización para lucrar sin ningún reparo de la situación.

La ciudad de Bell ya tiene nuevas autoridades y una experiencia que, bien empleada, hará que los gobernados vigilen de cerca a los gobernantes como ocurre en una democracia.