Paciencia con la reforma migratoria

El resultado de una acción ejecutiva puede ser contraproducente para los demócrata
Paciencia con la reforma migratoria
Los que claman por una reforma migratoria quieren que el presidente decida hacerlo antes de las elecciones de noviembre.
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Inmigración

No hay dudas que Estados Unidos necesita con urgencia una reforma migratoria integral. Las posibilidades que la Cámara de Representantes apruebe una versión de la ley ya pasada por el Senado es pobre. La única solución posible es que el Presidente Barack Obama cumpla su promesa y por orden del ejecutivo imponga muchos de los cambios necesarios.

Ya el presidente ha hecho algo parecido con los niños llamados Dreamers (soñadores en español). Ellos son los que llegaron a Estados Unidos muy jóvenes acompañando a sus padres y en realidad el único país que conocen es en el cual ellos han vivido casi todas sus vidas.

Los que claman por una reforma migratoria quieren que el presidente decida hacerlo antes de las elecciones de noviembre. Para mi eso sería un error garrafal.

Hay muchos expertos y muchas opiniones sobre lo que debe de hacer el Partido Republicano. No cabe duda que debe adoptar una posición más moderada con respecto al tema de inmigración. El negarse a siquiera considerar la ley en la Cámara de Representantes es reprochable y a la larga va a hacerle mucho daño a los republicanos con el voto de los hispanos.

Pero el daño que el voto hispano le va a ocasionar a los republicanos es mucho mayor en las elecciones nacionales que en las parciales, como las de este noviembre próximo.

Los representantes a la Cámara corren en distritos pequeños. En ellos si hay mayoría de votantes hispanos gana el candidato hispano. Si no, gana el candidato anglo o el negro. En el Senado ocurre algo parecido. Hay pocos estados en los cuales los hispanos son mayoría o por lo menos una minoría grande. Por eso es que a nivel nacional sólo hay tres senadores hispanos. Los republicanos Marco Rubio en la Florida y Ted Cruz en Texas y el demócrata Bob Menéndez en Nueva Jersey.

Ninguno de los tres tiene que ir a la reelección en noviembre.

Si el presidente decide usar su pluma y crear por orden ejecutiva una reforma migratoria este año, los resultados pueden ser contraproducentes. En elecciones parciales siempre la mayoría de los votantes son blancos y personas de la tercera edad. A estos grupos no le agrada nada hablar de una reforma de inmigración integral. Hay pocos jóvenes, negros o hispanos que salen a votar en forma masiva como los hacen en elecciones nacionales y este es el grupo a los cuales más le interesa este tema.

Es difícil predecir precisamente que es lo que va a hacer el presidente. El podría otorgarle los mismos derechos a los familiares inmediatos de los Dreamers. Esto les permitiría vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos por un tiempo definido. Nadie cree que va a decretar una amnistía general a los cerca de 12 millones de indocumentados con un camino marcado que les permitiría hacerse ciudadanos estadounidenses. Lo más probable es que decida ordenarle al Departamento de Seguridad Nacional que enfatice en deportar a aquellos indocumentados que tienen antecedentes penales en vez de deportar a todos los que detienen a diario sin papeles.

Es cierto que la mayoría de los estadounidenses están a favor de muchos aspectos de la reforma migratoria. Casi todos creen que Estados Unidos debe favorecer la residencia y eventual ciudadanía a los estudiantes extranjeros que se gradúan de universidades americanas y después no pueden quedarse a trabajar y vivir en el país.

Pero por mucho que quiera que se apruebe una ley de inmigración integral lo antes posible, no creo que es una buena idea que el presidente lo haga con una orden ejecutiva. Hay que dejar que los republicanos sientan el peso del voto hispano. Tarde o temprano van a tener que cambiar de opinión o perderán para siempre el voto de los hispanos, el grupo minoritario de más rápido crecimiento en el país.

Pasar una reforma migratoria de un plumazo también puede hacerle daño a los candidatos demócratas que digan favorecer el cambio. Y esto es algo que el Presidente Obama no debe arriesgarse a hacer en un año electoral.

Si lo hace pondría aún más en peligro la mayoría que tiene en el Senado. Los republicanos necesitan ganar seis escaños senatoriales para quitarle la mayoría a los demócratas y hacerle mucho más difícil gobernar al presidente.

Las encuestas dicen que los republicanos tienen más del 60 por ciento de posibilidades de obtener esa mayoría. Obama debe evitar por todos los medios hacer algo más que pueda perjudicar a su partido en las elecciones de noviembre.