Una nueva división en la inmigración

El populimo les creará problemas a largo plazo a los restriccionistas

Mientras intentan ampliar su atractivo y camuflar sus instintos nativistas, los conservadores anti-inmigración están cambiando su apariencia. Después de años de tratar de dividir a los estadounidenses según su raza y etnia, ahora están tratando de dividirlos según su riqueza y su clase.

Pude vislumbrar la nueva estrategia en un simposio sobre inmigración en la Universidad de Wyoming. Formé parte de un panel con Dan Stein, de la Federation for American Immigration Reform y Jessica Vaughan, del Center for Immigration Studies.

Estas organizaciones demuestran que la opinión popular de que a los estadounidenses sólo les preocupan los indocumentados es falsa, pues ambas quieren mantener también fuera del país a los inmigrantes legales. Ambas entidades fueron creadas con la ayuda de John Tanton, un nativista y defensor de la eugenesia, preocupado desde hace tiempo por los cambios demográficos y obsesionado por los hábitos reproductivos de los latinos.

Los restriccionistas de hoy piensan que están siendo muy listos al cambiar su tonadilla y reformatear sus argumentos. Parecen querer avanzar su causa iniciando una lucha de clases. En este último año los que se oponen a la inmigración han intentado utilizar la inquietud de la población sobre la inequidad de ingresos y la cuestión de si los ricos pagan una “porción justa” de los impuestos.

Durante el simposio, Stein sostuvo que la inmigración descontrolada perjudica a la clase obrera, y que el contrato social requiere que los puestos de trabajo vayan a los trabajadores estadounidenses.

Me salía humo por las orejas. Respondí que los puestos de trabajo en Estados Unidos no están reservados para los estadounidenses, sino que están abiertos a todo el que venga al país legalmente y compita por ellos. Dije que nadie prometió a los trabajadores estadounidenses que tendrían una vida sin competencia.

Escuchen lo que digo. Esta estrategia populista les creará problemas a largo plazo a los restriccionistas con algunos de sus seguidores y generará un interesante conflicto con los aliados pro-empresas del Partido Republicano. Irónicamente, una estrategia cuya intención era impedir que estos individuos anti-inmigración quedaran marginados podría acabar produciendo exactamente ese resultado.

Entonces, ¿por qué el cambio? Los estadounidenses han elegido dos veces a un presidente multicultural. La prédica de que los inmigrantes contaminan el torrente sanguíneo nacional está pasada de moda.

Aún así, los cambios cosméticos son sólo eso. Mientras en una época el lobby anti-inmigración hacía demagogia con la derecha, ahora la hace con la izquierda.