Celebran el Día Nacional de Adopción en Los Ángeles

Centenares de niños son hijos de padres de crianza y de sus propios familiares

Lo que a Norma Romero le sobra es amor para dar. A partir de ayer es la madre legal de tres niñas: Cassandra, Brenda y Alexa, de 12, 9 y 6 años de edad, respectivamente.

Durante el decimoquinto aniversario del Día Nacional de Adopción, Norma era la mujer más feliz del mundo.

Aunque se mostró un poco nerviosa frente a la juez Amy Pelman de la Corte para Niños Edmud D. Edelman de Monterey Park, Norma estampó con firmeza su rúbrica en los documentos que la identifican como la madre legal de las niñas.

“Todo lo que estos niños necesitan es un hogar donde se les brinde mucho amor y disciplina”, dijo. “Con amor todo se puede”.

Aproximadamente unos 200 niños, que vivieron en hogares de crianza e identificados por el Departamento de Servicios a Niños y Familias (DCFS) del condado de Los Ángeles, por fin pudieron llamar “papá” o “mamá” a quienes se preocuparon por darles un mejor entorno familiar al que tenían.

Cassandra, Brenda y Alexa no eran atendidas por su madre biológica, quien perdió la custodia de ellas. Hoy, es todo lo contrario. “Mi mami me compra juguetes y muchos zapatos”, dijo sonriente la pequeña Brenda, que acude a la primaria Towngate, en Moreno Valley.

En abril de 1998, el juez Michael Nash ayudó a la creación del Sábado de Adopción en Los Ángeles.

Desde entonces, aproximadamente 50,000 niños de hogares de crianza han sido enviados para siempre en adopción.El programa ya ha alcanzado los 50 estados de la Nación.

Esa fue la suerte de Jaydan (4) y Miguel (3), quienes son ahora los hijos legales de María Flores, residente del Condado de Kern. ¿Quién es tu mami?, se le preguntó a Jaydan. De manera instintiva, hace a un lado un IPhone y le regala un beso a María, quien es, en realidad, su tía.

Blanca, la hermana a María nunca se hizo cargo de los niños, ella simplemente desapareció. La responsabilidad de los niños la tiene María, desde que ellos tenían seis meses de edad. “Yo solamente la encomiendo a Dios”, agrega Esperanza, la abuelita. “A los niños nunca les faltará amor”

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