La demanda por Obamacare

Que los republicanos — representados por el Presidente de la Cámara de Representantes John Boehner – hayan presentado una demanda judicial contra la presidencia por Obamacare no sorprende. Estaba previsto: durante años han intentado todo tipo de acciones para anular, contener, limitar o privar de fondos a la reforma de salud.

Su acción es acorde a la lucha sin cuartel contra este Presidente librada desde 2009.

Pero llama la atención que demanden a la administración por haber decidido postergar por un año el requerimiento para ciertos empleadores de proveer seguro médico a sus trabajadores, cuando fueron ellos mismos quienes en su momento exigieron esa suspensión.

También protesta la transferencia, sin aprobación explícita del Congreso, de fondos federales a empresas de seguros para compartir los costos de ofrecer nuevos planes de salud.

Por su parte, la Suprema Corte de Justicia anunció este mes que decidiría la legalidad de otro aspecto de Obamacare: los créditos impositivos para quienes adquieren su cobertura de Obamacare.

Los analistas dudan que la demanda de Boehner prospere. Dos firmas legales se negaron a representar a los Republicanos, quienes finalmente contrataron a un experto en derecho constitucional que también es figura de la TV. Pero no importa. Independientemente de sus méritos y perspectiva, la demanda es la continuación por otros medios de la lucha permanente contra este presidente. El liderazgo republicano sigue la misma política de antes: de lo contrario, perdería el apoyo de sus propias bases.

Todavía no se saben los límites de la ofensiva de la oposición. Incluso, los Republicanos podrían no resistir la tentación de negar fondos al gobierno para obligar al cierre de sus operaciones después del 11 de diciembre.

El anuncio de Boehner llegó al día siguiente del mensaje migratorio de Obama, en un intento de competir por atención y de disputar con la Casa Blanca la agenda política.

La perspectiva de la búsqueda conjunta de soluciones bajo un ambiente de diálogo y comprensión mutua esbozada al día siguiente de las elecciones se esfumó, y el anuncio de Boehner presagia más división y más parálisis en Washington, en detrimento de toda la ciudadanía