Una Victoria Incompleta

Esta semana, La Familia Latina Unida acompañó a nuestro abogado a Atlanta Georgia para luchar para que no sea deportado uno de los niños hondureños que llegó a la frontera norteamericana durante el verano. Tuvimos éxito, pero mientras que esperábamos en la corte, pudimos ver como se estaba ordenando la deportación de un niño hondureño tras otro. Sus abogados, pagados por el gobierno o por fondos caritativos, ni siquiera presentaron argumentos en estos casos. En algunos casos las familias de los niños estaban sentadas en el salón de la corte y luego tuvieron que explicarles a los niños que estaban ya llorando, que iban a tener que regresar a sus países de origen.

La orden ejecutiva del presidente Obama constituye un gran paso adelante para nuestra lucha. Reconocemos perfectamente bien que hay muchos que no recibirán amparo por medio de ella, aun cuando nos estamos preparando para ayudar a los que son elegibles para tramitar sus beneficios en los meses que vienen. La lucha en contra las deportaciones injustas seguirá adelante, una batalla a diario en nuestras comunidades. Pero es el momento propicio para dar una mirada al impacto del sistema de mano de obra indocumentada ha hecho al pueblo de México y América Central.

En las últimas semanas una caravana de madres hondureñas, guatemaltecas y salvadoreñas ha transcurrido México buscando sus hijos “desaparecidos”. Es el décimo aniversario de la primera caravana de las madres. Algunas han podido hallar sus hijos e hijas, pero la mayoría no. Estos jóvenes se han convertido en una parte de los miles de migrantes que se han sometido al chantaje, plagio, tortura y asesinato en el camino peligrosísimo por lo largo de México a los Estados Unidos.

En todos los países industrializados de Europa, además de los Estados Unidos, se aprovecha de mano de obra migrante. Es una fuente laboral barata que realiza grandes rentas y que logra mantener a un nivel bajo el costo de la mano de obra en general. Los migrantes tienen que aguantar los peligros extremos de sus viajes a los países ricos, donde los explotan mientras que hacen el trabajo más duro, y luego los botan como si no hubiesen contribuido nada.

Me alegra mucho que el presidente y otros líderes políticos en los Estados Unidos han adoptado la causa de los indocumentados y nuestras familias en los Estados Unidos. Aun así, me molesta oír la gente decir “lo único que hemos querido es tener la oportunidad de participar en el sueño (norte) americano”.

Los que hemos llegado a los Estados Unidos llegamos a causa de cosas como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que han destrozado económicamente a nuestros pueblos. Venimos para trabajar y enviar remesas a nuestras familias. Una vez aquí, hemos formado familias propias. Como la orden ejecutiva del presidente mostrará, millones de nosotros tenemos nuestros hijos nacidos aquí que por lo tanto tienen ciudadanía estadounidense. La deportación ha reventado aquellas familias, que es muy injusto. Hemos llevado a cabo una lucha larga y dura para poner fin a tal injusticia.

Queda claro que en el futuro será cada vez más difícil para los migrantes pasar por la frontera. Esto significa que millones quedarán atrapados en la pobreza por causa de las políticas comerciales y económicas de los Estados Unidos. Además de eso el mercado masivo de narcóticos en los Estados Unidos ha causado una epidemia de violencia en México y Centroamérica, el contexto en que los niños latinoamericanos deben, de una manera u otra, ser criados.

El voto latinoamericano cada vez más grande en los Estados Unidos, unido tras la exigencia de poner fin a las deportaciones y la separación de familias, ha comprobado que tiene bastante fuerza para lograr una solución por lo menos parcial a la crisis migratoria que azota nuestras familias. Ha llegado el momento en que nuestros líderes y periodistas latinos se enfoquen más en la política estadounidense hacia México y Centroamérica. Para comenzar, debemos exigir que el gobierno de los Estados Unidos proporcione apoyo material por las decenas de miles de migrantes cuyas vidas han sido destrozadas por el sistema de mano de obra indocumentada que ha producido tantas ganancias en este país.

Nos preparemos a ayudar a las personas que son elegibles bajo la orden ejecutiva del presidente. Seguiremos luchando en contra de la deportación de las madres y los padres de los soñadores hasta el punto que el presidente expanda su orden para ampararlos también. Pero no me quito de la mente la escena de aquellos niños hondureños que se ordenaron deportados en Atlanta. ¿Cuándo vamos a obligar a este gobierno que paga por lo que ha hecho a las vidas de los millones de niños de América Latina?