No a la segregación en las cárceles

Sin un programa de readaptación, a los presos libres les es muy difícil reinsertarse socialmente
No a la segregación en las cárceles
El acusado fue dado de baja sin remunerar tras una denuncia de la víctima, y ahora enfrenta cargos por asalto.
Foto: Archivo/La Opinión

A pesar de que las cárceles están bastante bien subsidiadas, los problemas dentro de estos centros de “rehabilitación” siguen creando dolores de cabeza al fisco.

El gobierno estatal gira un cheque de alrededor de 34,000 dólares anuales por cada uno de los encarcelados. El gobernador Jerry Brown considera que deberíamos incrementar en un 87% el presupuesto —una tasa anual de 62,396 dólares por reo.

A esta altura, por más que se le aumente a 100,000 dólares, los problemas en las cárceles seguirán siendo los mismos. Es decir, la disyuntiva no es solamente de tipo económico, sino que existen cuestiones de ética e ideología.

¿Cómo es posible que se le pida a una persona confinada que se rehabilite y busque maneras idóneas de reinserción en la sociedad si lo primero que aprende en las cárceles es segregarse y pisotear los valores de diversidad, pluralidad y tolerancia?

Desde el primer momento que ingresan en las cárceles, los internos son separados de acuerdo a su etnicidad y colorde la piel. Los latinos son intencionalmente recluidos con gente de su propio grupo, lo mismo sucede con los afroamericanos y los anglosajones.

En vez de vivir en armonía, los reclusos aprenden los prejuicios más insanos dentro de las cárceles. Los racistas –sean éstos afroamericanos, anglosajones, asiáticos o latinos— se vuelven más intolerantes. Los que entran sin prejuicios raciales se conviertan en uno de ellos.

De acuerdo a los dirigentes carcelarios, la segregación es una política positiva que evita peleas y mantiene el orden dentro de los reclusorios estatales. A corto plazo, está política de segregación da resultados positivos. Pero a largo plazo, la segregación crea nuevas patologías, nuevos prejuicios y genera individuos más destructivos.

Una vez que salen de las cárceles, los problemas son para la sociedad. Sin un programa de readaptación, principalmente de desegregación, a los nuevos ciudadanos libres les resulta muy difícil reinsertarse en una sociedad que día a día es más étnica diversa y tolerante.

Por consiguiente, con todo ese dinero que se gasta en las cárceles es necesario crear verdaderos centros de rehabilitación. Uno de los primeros pasos a seguir es abolir las políticas de segregación implementar nuevos programas de rehabilitación y reinserción que preparen a estas personas a adaptarse a sociedades diversas y tolerantes como la nuestra.

El gobernador Brown puede incrementar el presupuesto de las cárceles del estado, pero si no tiene una política de desegregación, su proyecto no tiene una visión de sociedad. Los californianos merecemos verdaderos centros de rehabilitación y no centros de segregación