Expresidente guatemalteco Portillo, de exconvicto a mesías

¿Qué dice de un pueblo el hecho que ovacione a un expresidente ex convicto que admitió que aceptó dinero sucio?
Expresidente guatemalteco Portillo, de exconvicto a mesías
El expresidente guatemalteco Alfonso Portillo (2000-2004) saluda a simpatizantes a su regreso a Guatemala.
Foto: EFE

Reza el refrán que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Si eso es cierto, entonces también se merecen a sus expresidentes. El pasado 25 de febrero, miles de simpatizantes recibieron al expresidente de Guatemala Alfonso Portillo como a un mesías en el aeropuerto de la capital guatemalteca. Muchos llegaron en autobuses después de horas de viaje desde el interior del país. Hasta hubo mariachis y vendedores ambulantes de sombreros, bufandas y afiches con el rostro de ex mandatario.

Es insólito que esa misma mañana Portillo salió de una cárcel de Colorado, EE.UU., después de cumplir una condena por lavado de dinero. También lo es que Portillo se declaró culpable hace un año, ante un juez de Nueva York, y reconoció que aceptó un soborno de $2.5 millones de dólares del Gobierno de Taiwan, dinero que lavó en bancos de EE.UU. y Europa. En marzo de 2014, la prensa guatemalteca e internacional citó al ex mandatario diciendo esto: “Entendí que, a cambio de esos pagos, debía usar mi influencia para que Guatemala reconociera diplomáticamente a Taiwan”.

Entonces, ¿qué dice de un pueblo el hecho que ovacione a un ex presidente exconvicto que admitió que aceptó dinero sucio? ¿Está averiada la escala de valores del país? Claro, también es justo decir que a muchos les revuelve el estómago que algunos medios de prensa en Guatemala ensalsen a Portillo como el codiciado personaje que varios partidos políticos ansían para atraer votos. Una revista hasta publicó la lista de libros que Portillo leyó en la cárcel. La ironía es que el exmandatario fingió recibir la donación de Taiwan para construir bibliotecas en comunidades de pocos recursos—una obra que nunca se cristalizó.

Sucede que la clase política guatemalteca aprendió a no menospreciar la masiva devoción torcida hacia Portillo. En la campaña electoral de 1999, un partido filtró a la prensa el hecho que Portillo mató a un hombre desarmado en Chilpancingo, Guerrero (México) en 1982. ¿La reacción de Portillo? “No maté a uno, sino a dos”, dijo, y explicó que les mató en defensa propia, y que así como defendió su vida, defendería al país. Y ganó las elecciones. Cuanta razón tenía una colega periodista que decía que si Gabriel García Márquez hubiera conocido Guatemala, quizá no hubiera inventado Macondo.

Portillo, apenas acabó su administración en 2004, emprendió una rauda y veloz escapatoria hacia México cuando supo que había orden de captura en su contra. ¿Tendría miedo? ¿Debía algo? México lo extraditó a Guatemala en 2008. Pero salió libre con una fianza equivalente a $128 mil dólares. Luego, en enero de 2010, le pillaron tratando de escapar del país. Esta vez, a Belice. Fue capturado para llevarle a juicio en Guatemala por facilitar el robo de $15 millones de dólares (la acusación omitió el robo de otros $60 millones), y porque una corte de Nueva York pidió su captura y extradición por lavado de dinero. Un tribunal le absolvió de los cargos en Guatemala en 2011, pero Portillo permaneció detenido por la solicitud de extradición de EE.UU.

En 2013, Guatemala extraditó a Portillo hacia Nueva York, donde fue juzgado y condenado a cinco años y diez meses de cárcel. Este lapso comenzó a correr desde su captura en Guatemala, y debió cumplirse en octubre de 2015, pero redujeron su sentencia “por buena conducta”. Hoy, su segunda ex esposa, Evelyn Morataya, dice que la extradición de su ex marido fue “la peor humillación”. Pero nada dice de cómo Portillo humilló y defraudó al pueblo que votó por él al aceptar sobornos y robar fondos públicos, que buena falta hacían para mejorar la seguridad, salud y educación en el país.

Quienes defienden a Portillo alegan que no es el único presidente que aceptó sobornos de Taiwan, como si eso aliviara las cosas. Al parecer, juega a su favor haberse expuesto de manera tan oronda (para que EE.UU. rastreara el movimiento de dinero hasta él). La misma Morataya lo describe como “una mente brillante”. Su primera ex esposa, a cuyo nombre (y de su hija mayor) estaban al menos $4 millones sacados ilícitamente de Guatemala, se suicidó en mayo de 2010—cuatro meses después que Portillo fue capturado.

Portillo se describió como “el hijo pródigo” al llegar al país. Dijo que Jesús no vino por los santos, sino por los pecadores; dijo, “vino por mí”. Y hay quienes se tragan esa pastilla. Pero no sorprende si (a) en 1999 fue electo presidente siendo un homicida confeso; (b) en 2008, cuando México lo extraditó, hubo una manifestación frente al edificio de tribunales hasta que lo liberaron bajo fianza, y (c) en 2013, su extradición llevó a algunas protestas populares. Ahora descarta competir por cargos de elección popular en las elecciones de 2015, pero quiere liderar un “movimiento plural que genere cambio” (¡?). Según Portillo, “si apoyara a un candidato en particular desperdiciaría una oportunidad histórica en el país de llegar a un acuerdo nacional”.

Portillo ahora habla de cuanto necesita el país, como si él nunca hubiera pasado por la silla presidencial. Y así, es innegable concluir que si el ex mandatario se merece a las masas que le siguen, estas también le merecen a él.