Ser madre joven no es sinónimo del fracaso

Gracias a sus buenas calificaciones, una madre de 18 años ha recibido $60 mil para continuar sus estudios
Ser madre joven no es sinónimo del fracaso
Shantell Gómez, madre soltera de 18 años, recibió una beca de $60 mil para atender a la escuela privada Mount Saint Mary, en el oeste de Los Ángeles.
Foto: Isaías Alvarado / La Opinión

@alvaradoisa

Shantell Gómez, de 18 años, entra al aula cargando un niño que parece su hermanito. Pero es su hijo.

Ambos vienen a la secundaria Bell Gardens convencidos de que la educación les hará progresar.

“Es muy duro porque muchas veces no he dormido. Es difícil mantener mis clases y cuidar a mi hijo”, dice con timidez Gómez, quien se embarazó a los 15 años, cuando aún cursaba la escuela intermedia.

Lo sorprendente es que la adolescente maduró con esta experiencia. Antes no le interesaba tanto la escuela; ahora es considerada un modelo a seguir para sus compañeros.

“Él me motiva”, afirma la estudiante sobre Aidan, su hijo de dos años, quien de lunes a viernes la espera en una guardería a solo unos pasos de su salón de clases.

Ser madre, en efecto, la impulsó a mejorar sus calificaciones de tal manera —su promedio es de 3.5— que antes del período de inscripción la universidad privada Mount Saint Mary, en el oeste de Los Ángeles, la aceptó y le ofreció una beca de $60,000. Allá también cuidarán de su hijo durante las clases.

Gómez quiere ser una enfermera y para involucrarse en esa profesión se enroló como voluntaria del hospital Beverly, en Montebello. También viajó a Washington D.C. para abogar por la salud reproductiva de jovencitas que deben cargar con libros y pañales.

Por todos estos logros la organización Generation Her, que aboga por la salud física y emocional de las madres jóvenes, la consideró “Mamá Adolescente del Año”.

“Estoy muy orgullosa de ella porque si para uno de adulto es muy difícil ser madre, para una jovencita es más”, señala Carmen Herrera, consejera de la secundaria Bell Gardens.

En ese plantel, como en el resto del país, la cantidad de estudiantes embarazadas ha bajado. Hace tres años había unas veinte alumnas, ahora son catorce.

A nivel nacional, la tasa de natalidad por cada mil adolescentes de entre 15 y 17 años disminuyó de 67% en 1991 a 17% en 2012, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Las hispanas, sin embargo, están por encima de ese promedio, con un nivel de 25.5%.

“Estas adolescentes tienen menos probabilidades de obtener un diploma de la secundaria”, señaló Shanna Cox, encargada de la división de salud reproductiva del CDC.

Shantell no quiere que otras jovencitas estén en ese grupo. “Piensen en grande, no se conformen con algo pequeño. Sigan adelante”, les aconseja.

Este no es un salón de clases tradicional: las sillas son cómodas, hay un refrigerador y en sus paredes cuelgan consejos de nutrición, fotos de bebés y compromisos. “Ser una súper mamá”, dice uno.

En esta aula, al fondo de la secundaria Bell Gardens, doce adolescentes continúan sus estudios mientras crían a sus hijos. Son jovencitas que no tiran la toalla, que ahora luchan por ellas y sus pequeños.

Ahí no sólo reciben sus clases regulares, sino que además les enseñan sobre las fases del embarazo, cómo ser una buena madre, de ejercicios prenatales y qué alimentación es mejor para su bebé.

Se le denomina “Programa de Menores Embarazadas” o Cal-SAFE, que desde su creación en el año 2000 ha ayudado a más de 30,000 padres jóvenes.

“El objetivo es que sigan aquí, que obtengan un diploma y que estudien una carrera”, explica Benedetta Kennedy, asistente en la oficina de Educación Alternativa del Distrito Escolar de Montebello.

Para cumplir este propósito les hacen la vida más fácil a estas chicas ofreciéndoles servicio de guardería, les regalan pañales y fórmula infantil, hay tutoría y reciben clases en casa cuando dan a luz.

“Las ayudamos en lo que podemos”, dice Phibi Sauceda, vicedirectora de la secundaria Bell Gardens.

Actualmente, dos alumnas que recién se convirtieron en madres reciben instrucción a domicilio.

“Además de aconsejarlas, también estamos aquí para regañarlas cuando no hacen lo que no tienen que hacer”, dice la consejera escolar Carmen Herrera. “Tratamos de apoyarlas, porque nosotras también somos mamás y sabemos lo que es”, agrega.