Rubén Espinosa, presente
Nuestro colega, el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, fue vilmente asesinado junto con otras cuatro personas en la colonia Narvarte de la ciudad de México. Allí se había autoexiliado días antes, por amenazas, de Veracruz donde trabajaba.
Lo mataron por su labor periodística, su valentía, su sentido de la justicia e insistencia por informar al público de lo que sucede, aunque no le guste a los poderosos.
Fue una muerte anunciada, y a gritos. Porque Rubén Espinosa, así como grupos de periodistas -un oficio cada vez más precario- denunciaron que le querían matar. Demandaron protección a los gobiernos: al nacional; al del DF, hasta ahora un espacio de defensa para periodistas amenazados.
Esa protección no existió. Buscó refugio en la capital y sin embargo hasta allí llegaron para silenciarlo.
Al menos 14 periodistas fueron asesinados en Veracruz en lo que va de la actual administración de Javier Duarte, desde 2010 y 97 en todo México. Muchos de estos casos yacen en la impunidad y el silencio.
En 2015 fueron muertos en México los periodistas Abel Bautista, Juan Mendoza, Gerardo Nieto, Armando Saldaña Morales, Filadelfo Sánchez, Moisés Sánchez y ahora Rubén Espinosa.
Por años, los periodistas han denunciado la persecución de la que son víctimas y luchado para proteger a sus miembros en su tarea de difundir la información.
Pero no esa su tarea. Es la obligación de las autoridades y las agencias de seguridad, que no cumplieron con su deber.
Las organizaciones de derechos humanos en México pidieron un protocolo de seguridad en defensa de los periodistas. Les dieron un botón de pánico que no funciona. Algunos periodistas que son parte del mismo dicen que se sienten más vulnerables, porque si quien los amenaza es parte de los gobiernos, ¿cómo se van a sentir protegidos?
Nos solidarizamos plenamente con los periodistas mexicanos y exigimos su protección para dar fin a su hostigamiento y persecución.
Estados Unidos, comenzando por la Casa Blanca, debe pronunciarse a favor de la libertad de expresión en México. Lo mismo el Congreso. En California, el repudio tiene que llegar desde las oficinas del gobernador y la Legislatura.
El asesinato de Rubén Espinosa y cuatro mujeres más en el DF – entre ellas la activista Nadia Vera, que había denunciado la persecución política en Veracruz (http://rompeviento.tv/RompevientoTv/?p=2026) es un parteaguas en una lucha sin cuartel contra la barbarie.
Debe ser el último. Las autoridades deben utilizar todos los recursos para llevar a los responsables, sean quien fueren, ante la justicia.
Porque el silenciamiento de la prensa es solo la antesala para la criminalización de la protesta, el ejercicio impune de la injusticia y la masificación de la vigilancia.