Madres centroamericanas buscan a sus hijos en los laberintos de la prostitución

Hasta La Merced llegó este miércoles la XI Caravana de Madres Centroamericanas que recorre México durante un mes en busca de pistas que las lleve al paradero de sus hijos desaparecidos

Las madres no descartan que los suyos  hayan caído en redes de trata o simplemente encontraran en la prostitución un oficio.
Las madres no descartan que los suyos hayan caído en redes de trata o simplemente encontraran en la prostitución un oficio.
Foto: Gardenia Mendoza

MÉXICO

“Blanca” entrecierra los ojos, como si ajustara el lente de una cámara para tener mejor foco. Frunce el entrecejo, titubea y pide que le alcancen la foto de la muchacha para mirarla de cerca. Con la mano derecha la acerca y la aleja. Luego afirma con seguridad: “Sí, yo la he visto en Ampudia”.

Ampudia es un lugar donde algunas prostitutas llevan a sus clientes para tener sexo en La Merced, un barrio en el centro de la capital mexicana que concentra al mayor número de sexoservidoras de la ciudad; un laberinto de calles, hoteles, bares y clubes de bajo nivel que durante décadas ha sido controlado por proxenetas: “padrotes” y “madrotas”.

Hasta La Merced llegó este miércoles la XI Caravana de Madres Centroamericanas que recorre México durante un mes en busca de pistas que las lleve al paradero de sus hijos desaparecidos.

Caminaron por una docena de calles del Centro Histórico hasta el edificio de Brigada Callejera –una organización civil dedicada a proteger los derechos humanos de las prostitutas-  y colocaron fotos de ellos en el piso de la azotea para que algunas de las sexoservidoras fueran a verlas.

Las madres no descartan que los suyos  hayan caído en redes de trata o simplemente encontraran en la prostitución un oficio.

Por eso, al escuchar la voz de Blanca, una joven sexoservidora de cabello rizado y cuerpo rechoncho, sus ojos cansados se iluminan: Ampudia es un primer indicio. “No nos importa lo que están haciendo, sólo queremos volverlas a ver”, murmura una de ellas.

El año pasado, a través Brigada Callejera, localizaron a dos hondureñas de 24 y 36 años que no habían logrado pasar a Estados Unidos y sin muchas opciones de trabajo en la capital mexicana se vieron empujadas a trabajar en el sexoservicio. “Hemos detectado que son pocas las centroamericanas en este mundo de La Merced”, pero sí las hay”, detalla Elvira Madrid, fundadora de la organización.

Este año el esfuerzo de las madres de meterse en el “prostíbulo” de la ciudad también comienza a rendir frutos. Después de Blanca, otra de sus compañeras de oficio la secunda: “Yo he visto en la San Pablo a ella”, apunta con el dedo índice la foto de una hondureña apiñonada .