Mixtecos luchan contra su aislamiento en California

El cuidado médico es una de las principales necesidades de la comunidad indígena que trabaja en los campos agrícolas de Oxnard

Trabajadores temporales de México recogen fresas en Oxnard.
Trabajadores temporales de México recogen fresas en Oxnard.
Foto: Archivo / La Opinión

OXNARD, California.- Temprano le llegó la muerte a Reynaldo Cervantes, un indígena mixteco que trabajó en estas tierras fértiles que la brisa marina suele acariciar.

Tenía 37 años cuando en el 2007 la diabetes lo consumió. Era originario de San Martín Duraznos, en la sierra mixteca de Oaxaca, de donde emigró en 1990, a la edad de 20.

Durante los 17 años que trabajó en la pisca de la fresa y la mora, Reynaldo nunca tuvo atención médica para tratarse la diabetes que padecía y que lo llevó a una muerte prematura.

Así como Reynaldo no tuvo la atención médica adecuada, miles de indígenas que trabajan en los campos de Oxnard, considerada la décima región agrícola más productiva del país, no cuentan con servicios de salud.

La idiosincrasia del mixteco, esa particularidad tímida que los caracteriza, durante muchos años los llevó al aislamiento, a no aprovechar de los servicios disponibles.

“Somos unidos, pero muchos se cierran a pedir ayuda, yo diría que por miedo, por desconfianza a ser víctimas”, dice Emma Cervantes, quien contó la historia de su padre Reynaldo.

Sin embargo, dice Emma, poco a poco la comunidad indígena que sostiene la agricultura de esta región ha empezado a recibir el cuidado médico que requieren ante las pesadas jornadas del campo.

La falta de atención médica es una constante para estos indígenas. /AURELIA VENTURA
La falta de atención médica es una constante para estos indígenas. Foto: Aurelia Ventura

Nueva ley de salud

Gracias a la nueva ley SB-4, que entrará en vigor en mayo de 2016, muchos menores de edad indocumentados, hijos de estos campesinos, podrán tener acceso completo al sistema estatal de salud Medi-Cal.

“Yo diría que el 30% de estos niños son indocumentados y sólo van al doctor cuando se trata de una emergencia”, comentó Emma, quien es representante de Medi-Cal dentro del Proyecto de Organización Comunitaria Mixteco Indígena (MICOP).

Recientemente Emma ofreció una plática a la comunidad mixteca de Oxnard para exhortar a los padres a que inscriban a sus hijos indocumentados al sistema Medi-Cal.

“Es importante que lo hagan lo más pronto posible, porque muchos de estos niños no tienen cobertura y el proceso de la aplicación tarda unos 45 días, pero se puede alargar y complicar”, mencionó.

Medi-Cal es un programa de salud pública que brinda servicios a las personas de bajos ingresos, personas mayores o con discapacidad,y es financiado en partes iguales por el estado de California y el gobierno federal.

En octubre pasado el gobernador Jerry Brown firmó la ley SB-4 que promovió el senador Ricardo Lara para incluir a los menores de 19 años de edad sin importar su estatus migratorio.

“Con esto muchos de estos niños tendrán cobertura completa, ir a chequeos de rutina y vacunas sin tener que pagar como lo hacen actualmente”, dijo Emma.

El costo de ir al doctor

Dos de los seis hijos que tiene María Pereal no tienen cuidado médico por su estatus migratorio.

Uno de ellos tiene problemas de audición y la vez que lo llevó al doctor para que le hicieran un lavado de oído porque el chamaco no soportaba el dolor, tuvo que desembolsar casi $200 dólares sólo por el medicamento.

El otro requería el relleno de una muela que le estaba provocando fuertes dolores, lo que le costó $180 dólares de consulta y varias mensualidades de $25 dólares, a pesar de que cuenta con seguro médico por el que le descuentan de su cheque $13.85 dólares cada semana.

“Y eso porque nos hicieron descuento debido a nuestros bajos ingresos, pero cada vez que los llevo al doctor vengo pagando como $100 dólares”, comentó María en su idioma mixteco con la traducción de Emma.

María, de 29 años de edad, es originaria de San Martín Peras, Oaxaca, y para ayudar a su esposo con la renta trabaja en el campo de abril a junio, que es temporada de mayor cosecha de la fresa.

En temporada alta el cheque llega a ser de hasta $500 dólares, pero por jornadas que superan las 10 horas y trabajando seis días a la semana.

Cuando llegó a Estados Unidos, en 2007, María se enteró que debido a sus bajos ingresos podría recibir ayuda del gobierno en forma de estampillas para comida y cuidado médico del sistema Medi-Cal.

Sin embargo, la experiencia que tuvo con la trabajadora de servicios sociales, su nulo manejo del idioma inglés y su poco español, la hicieron desistir de solicitar esa ayuda.

Cuenta que esa empleada de gobierno la atendió de mala gana y hasta la regañó, le dijo que por qué pedía ayuda, que si acaso no tenía manos para trabajar, sin saber que María era una de las miles de mujeres que se parten la espalda para recoger el fruto que aquella funcionaria recargada en el escritorio desayunaba todos los días.

La lucha por su comunidad

Para ayudar a sus padres en los gastos de la casa, Emma Cervantes trabajó en la cosecha de la fresa, la mora y el cilantro de los 14 a 24 años de edad.

Tenía 9 años cuando sus papás la trajeron de Oaxaca de manera indocumentada, y pese a las labores del campo, no le permitían ausentarse de la escuela.

“El trabajo en el campo es difícil y más en tiempo de lluvia, porque las botas se te llenan de lodo y es más pesado cargar las cajas en la cabeza”, comenta la joven de 26 años.

En el 2008 se graduó de la Rio Mesa High School, en Oxnard, pero debido a su condición de indocumentada no pudo continuar sus estudios universitarios.

Desde entonces se ha dedicado a asistir a su comunidad y actualmente trabaja como representante de Medi-Cal para la organización MICOP.

Al servicio de los indígenas

“Nuestro objetivo es organizar y empoderar a la comunidad indígena de Oxnard”, comentó Irena Gómez como administradora de programas de la MICOP.

En todo el condado de Ventura se estima que hay alrededor de 20 mil indígenas y la gran parte de ellos trabaja en el campo.

En Oxnard la mayoría son mixtecos y zapotecos de Oaxaca y otro grupo de purépechas de Michoacán que se congregan en la comunidad de Santa Paula.

La organización MICOP se formó en el 2001 para asistir a la comunidad indígena que debido a la barrera del idioma se encontraba aislada.

“Gracias a organizaciones que nos dan fondos cada mes hacemos reuniones para darles despensas, pañales, pero más que nada para informar sobre los servicios que hay disponibles”, dijo Gómez.

Debido a que muchos de ellos sólo hablan en su lengua, la organización les ofrece servicios de intérpretes.

“La principal necesidad que hay es el acceso a servicios de salud”, agregó, “ya que no existe la cultura de la prevención y debido a las jornadas de trabajo en el campo poco es el tiempo que les queda para ir al doctor”.