La inmigración ha sido “deliciosa” para Los Ángeles

Jonathan Gold, el periodista que más conoce-y difunde- la comida de todos los rincones de Los Angeles dice que los inmigrantes, especialmente los que vinieron a partir de los años ochenta, le han dado a nuestra ciudad la más increíble variedad de sabores de todo el mundo.
La inmigración ha sido “deliciosa” para Los Ángeles
Jonathan Gold ha frecuentado el Grand Central Market desde que era niño y lo ha visto cambiar. Ahora recorre la ciudad en una vieja camioneta, buscando nuevos restaurantes. "Yo sé cuando algo es nuevo en un sitio", afirma.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

La inmigración de tantas partes del mundo, como México o Centroamérica, a un lugar como Los Ángeles tiene sus detractores. Hay personas, como un candidato presidencial que es preferible no mencionar, que deploran los efectos de la gran inmigración de los últimos 30 años.

Pero no es el caso de Jonathan Gold, el periodista con el trabajo más delicioso del mundo: crítico de restaurantes en la gran megalópolis.

“La inmigración de los años ochenta, después de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, cambió la cantidad y tipo de restaurantes de Los Ángeles”, dijo Gold durante una reciente entrevista con La Opinión. “Con toda la gente que llegó de Centro América y Asia, vino mucha comida que nunca habíamos tenido por acá”.

“Ahora, los hijos de esos migrantes también están cambiando la comida de L.A.”, agrega.

Este alto y rotundo hombre de pelo rojizo causa un revuelo tremendo un viernes por la tarde al entrar al Grand Central Market en el centro de Los Ángeles.

04/15/16/ LOS ANGELES/Jonathan Gold, food writer for the LA Times (Photo Aurelia Ventura/ La Opinion)
Los “fans” de Jonathan Gold lo persiguen a su llegada al Grand Central Market para sacarse una “selfie”.  (Foto Aurelia Ventura/ La Opinion)

La gente joven –se les llama “hipsters”- que ahora frecuenta el mercado y vive en el centro, comienza a murmurar mientras lo ven pasar con una bolsa de pan en la mano que acaba de comprar en uno de los puestos del mercado. Varios se levantan y le piden el equivalente de un autógrafo para la gente hoy en día: una “selfie”.

A diferencia de sus seguidores, Gold no luce “hip” o a la última moda. Lleva camisa y tirantes, tiene el pelo largo y revuelto y es dueño de una camioneta bastante usada, con la que maneja miles y miles de millas por todos los barrios y esquinas de Los Ángeles.

Lo que él busca en esos barrios es una cosa: comida deliciosa. Y luego de probarla minuciosamente –regresando tres, cuatro y hasta cinco veces a un restaurante para comer- escribe sobre ella.  En 2007, ganó el premio más alto del periodismo –el Pulitzer- el único periodista en ganarlo escribiendo sobre este tema. Actualmente trabaja para Los Angeles Times.

Gold conoce a las diversas culturas de Los Ángeles a través de su comida. No es el tipo de crítico que solamente va a restaurantes caros para escribir notas pretenciosas que solo interesarían a unos cuantos y que sólo esos cuantos podrían pagar.

Él se emociona cuando escucha hablar de algún “pequeño restaurante” en algún sitio escondido, donde un chef local cocina algo que sólo se conoce en un pueblo de México. Actualmente está escribiendo un libro sobre la comida que puede encontrarse a lo largo de Pico Bulevar, justo al oeste del Downtown.

“Me encanta Pico Bulevar“, enfatiza.

A veces, algunos sabores hacen que Gold quiera tomar su pasaporte y salir de Los Ángeles. Pero en general, considera que aquí uno se puede familiarizar con lo que está en los fogones en las cocinas de muchos países.

“La primera vez que fui a Chichen Itzá –el restaurante en el Mercado La Paloma– y probé los papadzules, llegué a casa e inmediatamente compré un boleto de avión a Mérida, Yucatán”, cuenta. “Pero si realmente quieres la mejor cochinita pibil, tienes que ir a la “Flor de Yucatán”.

Está claro para él que mucha de esta inmigración que trae sus platillos tradicionales se origina en situaciones trágicas y la tristeza de tener que abandonar el país de origen. Pero para la escena culinaria de Los Ángeles, es algo positivo, apunta.

“Hace tiempo, todos los restaurantes mexicanos de Los Ángeles tenían los mismos 12 platillos. Nada de comida regional mexicana. Por aquel entonces escribí que habría que exigir a los nuevos restaurantes que pidieran licencia el que tuvieran al menos dos platillos de su pueblo originario”, dice.

Esos tiempos han cambiado. Ahora en el mismo Pico Bulevar uno puede encontrar diversos tipos de salvadoreño, de mexicano, guatemalteco, que parecerían lo mismo para el que no los conociera.

Jonathan Gold ha frecuentado el Grand Central Market desde que era niño y lo ha visto cambiar. Ahora recorre la ciudad en una vieja camioneta, buscando nuevos restaurantes. "Yo sé cuando algo es nuevo en un sitio", afirma.
Jonathan Gold ha frecuentado el Grand Central Market desde que era niño y lo ha visto cambiar. (Foto Aurelia Ventura/ La Opinion)

“Alguien que los ve de fuera diría que son lo mismo, parece algo monolítico para alguien que es ignorante sobre las comunidades de Los Ángeles. Cuando yo era joven asumía que todo era mexicano”, sonríe.

Gold no pretende conocer a las comunidades por su comida. “He comido unas 50 veces comida de Birmania (Myanmar), eso no quiere decir que sé nada sobre esa comunidad”, apunta.

Pero es indiscutible que Gold, como periodista, ha ayudado a que muchos angelinos se conozcan mutuamente, o al menos, traten de salir de su área inmediata a comer en otros lugares de la ciudad que no hubieran visitado jamás.

En Los Ángeles, reconoce, hay gente que tiene miedo de ir a ciertos barrios. Las autopistas hacen que muchas veces uno cruce la ciudad sin detenerse a conocer por donde está pasando.

“A veces esperan a que yo escriba sobre un lugar para ir”, dice sin falsa modestia. “Pero yo creo que la comida puede llevar a las personas a conocer más de otras comunidades porque quizá van a un lugar lejos de donde viven, digamos a South Gate, a comer tacos de chicharrón prensado, y de paso, ven lo que hay alrededor y conocen un poquito más del área”.

Por cierto, agrega con un guiño, “ese chicharrón prensado es algo que no encontrarán en ninguna otra parte de Los Ángeles”.

¿Quién es Jonathan Gold?

Es el crítico de restaurantes más famoso y conocido de Los Ángeles. Su lista de los mejores 100 restaurantes, es una biblia para muchos aficionados a la buena cocina.

Gold nació en Los Ángeles en 1960 y sus padres son de Chicago. Él es judío, descendiente de polacos (era Rusia en aquel entonces) que escaparon a finales del siglo 19 para venir a América.

Está casado con una periodista mexicoamericana, Laurie Ochoa, cuya familia paterna ha vivido en el Este de Los Angeles desde el siglo 19 pero su familia materna inmigró de Aguascalientes y de Guanajuato. Tienen dos hijos.

“Mi hija está saliendo con un chico que es mitad coreano y mitad hindú”, intima. “Me imagino si algún día tienen hijos que tendré unos nietos judíos, mexicanos, coreanos, indios. Es muy típico de L.A.”.

Comenzó como corrector de textos y estudió arte y música en UCLA. Fue editor de música del LA Weekly y posteriormente comenzó a escribir sobre las comunidades étnicas y su comida –entre otros temas-. Trabajó en el Los Angeles Times entre 1990 y 1996 y de nuevo a partir de 2012.

Un documental sobre Jonathan Gold está en los cines en estos momentos. Se llama “City of Gold”.