‘Terminó la pesadilla’, dice inmigrante que pasó 16 años encarcelado erróneamente

Luis Vargas, quien fue acusado injustamente de ser un violador en serie, se reúne finalmente con su madre y su familia
‘Terminó la pesadilla’, dice inmigrante que pasó 16 años encarcelado erróneamente
Acabó la pesadilla de 16 años de prisión de Luis Lorenzo Vargas; fue acusado erróneamente como violador en serie; ya en libertad peleará por no ser deportado.
Foto: Jorge Macías / Especial para La Opinión

Por años, Luis Lorenzo Vargas anhelaba comer dentro de la cárcel una hamburguesa con aguacate y el fin de semana feriado su madre, Blanca Alatorre y su abogado Alex Gálvez le cumplieron el deseo.

En Santa Ana, Vargas pasó los últimos seis meses del periplo que vivió durante 16 años detrás de las rejas. Falsamente fue acusado de ser un violador en serie y hubiera purgado una sentencia de 55 años a cadena perpetua.

“Gracias a Dios ya terminó esta pesadilla”, dijo Luis a La Opinión. “Ahora, a comenzar un nuevo capítulo en mi vida, a establecer con mis hijos una relación que nunca tuvo falta de amor, sino de un abrazo físico y de decir cuánto nos queremos”.

Al mediodía del sábado partieron en comitiva desde su humilde hogar en Bell Gardens al restaurante Carl’s Jr. de la avenida Florence para probar algo que anheló por 16 años.

“¡Ahí está! ¡Esa es!”, dijo Luis, de 47 años de edad, señalando una hamburguesa.

Como si fuera un niño, literalmente devoró su hamburguesa, papas fritas y la bebida refrescante que preparó mezclando  todos los sabores ofrecidos en el lugar.

“Para él es como si fuera un manjar”, mencionó su progenitora. “Mire la alegría de su cara…es que volvió a nacer y yo recuperé algo que creí perdido”.

El pasado jueves 26 de mayo, Vargas fue liberado de la cárcel de inmigración de Santa Ana. Un día antes, su abogado había pagado una fianza de $7,000 dólares y salió libre.

Por años, Luis Ernesto Vargas anhelaba comer dentro de la cárcel una hamburguesa con aguacate, y el sábado pasado su madre, Blanca Alatorre le cumplió el deseo. /Jorge Luis Macías
Por años, Luis Ernesto Vargas anhelaba comer dentro de la cárcel una hamburguesa con aguacate, y el sábado pasado su madre, Blanca Alatorre le cumplió el deseo. (Jorge Luis Macías/Especial para La Opinión)

Temió por su vida

En 1999, un jurado lo encontró “culpable” de haber atacado sexualmente  a tres mujeres que lo identificaron como el “Violador de la Lágrima”. Los hechos ocurrieron en febrero de 1998.

De la cárcel de Los Ángeles fue transferido a la prisión estatal de Calipatria, donde estuvo recluido de 2000 a 2006.

“Ahí miré a personas ser asesinadas o brutalmente golpeadas por los delitos que me acusaron falsamente a mí”, recordó. “Y me preguntaba ¿Cuándo me toca a mí? ¿Cuando seré yo el siguiente?”.

Por ello, -agregó- “tenia que caminar con mucha cautela, observar todas las miradas, las maneras y movimientos de los demás presos… tener en cuenta todo eso, porque todo podía suceder en un segundo, inclusive la muerte”.

Sin embargo, en noviembre de 2015, el juez William Ryan exoneró de los delitos al hombre, nacido en Tijuana, México.

Además, en una carta al juez Ryan, la fiscal Nicole Flood reconoció que era un caso de identidad equivocada y que la nueva evidencia apuntaba “infaliblemente a la inocencia”.

Luis Vargas estuvo en prisión durante 16 años por delitos que no cometió. / Pool Photo
Luis Vargas estuvo en prisión durante 16 años por delitos que no cometió. (Pool Photo)

Determinantes pruebas de ADN

Debido a que Luis solamente era residente permanente cuando sucedieron los crímenes, fue puesto a disposición de las autoridades migratorias. Después de una primera repatriación, por un caso de violación de su ex pareja, reingresó ilegalmente a Estados Unidos.

Pero gracias a la intervención de abogados de The Innocent Project y un programa de la California Western School of Law, en San Diego, se encontraron fallas en el proceso.

Los abogados Alex Simpson y Rebeca Cohen solicitaron en 2013 que se realizaran nuevas pruebas de ADN (material presente en todos los humanos y que carga la información genética)  a la “evidencia” de violación y ropa de una de las víctimas.

Luis estaba recluido en la prisión estatal de Ironwood, en Blythe, California.

“Los abogados recolectaron mi ADN y me habían advertido que si estaba conectado a otros crímenes me iría peor”, relató Vargas a La Opinión. “Les di mi consentimiento para proceder y unos meses después me dieron la noticia de que estaba limpio de todas las acusaciones”.

Luis Ernesto Vargas besa a su madre, Blanca Alatorre en su casa de Bell Gardens. /Jorge Macías
Luis Ernesto Vargas besa a su madre, Blanca Alatorre en su casa de Bell Gardens. (Jorge Luis Macías/Especial para La Opinión)

El “Violador de la Lágrima”

El Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) y el Buró Federal de Investigaciones (FBI) describieron similitudes de los ataques sexuales ocurridos entre 1996 y 2012. Un total de 35 mujeres violadas en las estaciones 77, Newton, Sureste, Suroeste, Rampart y Wilshire del LAPD.

“Cuando yo ya estaba encarcelado ocurrió otra violación”, Luis Vargas.

“Se cree que el mismo sospechoso es responsable de todos estos incidentes”,  dijo el FBI en aquel tiempo. “Tres incidentes adicionales están siendo investigados por el Departamento del Sheriff del condado de Los Ángeles”.

El “Violador de la Lágrima” se aproximaba a las mujeres que estaban solas, en su camino a la escuela o el trabajo, o esperando en una para de autobús, entre las 5:15 am y las 8:00 pm.

El sospechoso conversaba con las víctimas, a quienes amenazaba con matarlas a punta de pistola o con un cuchillo. Luego les obligaba a ir a un lugar secundario donde las violaba.

“Cuando yo ya estaba encarcelado ocurrió otra violación”, comentó Luis Ernesto. “Yo no podía ser el culpable”.

Las víctimas, Edith G., Karen P. y Teresa R., vacilantes “reconocieron” a Vargas como su agresor.

Dos de ellas dijeron al jurado que el atacante tenía un tatuaje de dos lágrimas del ojo izquierdo y no usaba bigote.

Por el contrario, Vargas tenía un tatuaje de una lágrima, apenas visible en su ojo. Se lo hizo a la edad de 13 años, cuando era un desamparado. Él si tenía bigote.

“Este fue un caso de identificación de testigos vacilantes”, dijo el abogado Alex Simpson, de The California Innocent Project, San Diego. “Esto sucede a menudo y es el factor principal  en las condenas erróneas en todo el país”.

Luis Ernesto Vargas. /Jorge Macias
Luis Ernesto Vargas tiene un tatuaje de una lágrima, apenas visible en su ojo. Se lo hizo a la edad de 13 años. (Jorge Luis Macías/Especial para La Opinión)

No guarda rencor

Luis Ernesto comentó que otros internos le aconsejaron demandar a las testigos y su respuesta fue negativa.

“Ellas mismas ya habían sido víctimas de un sistema de justicia quebrantado; sufrieron mucho más que yo; les robaron su dignidad, respeto, su libertad”, dijo.

“Lo que pasó, pasó. Quiero que no se sientan culpables porque pasee 16 años en la cárcel y porque entiendo que las obligaron a mentir en el juicio”.

Afirma que no hay rencor en su corazón, pero sí dolor.


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“Ahora tengo que ver cómo edificar y fortalecer mi relación con mis hijas que ya son madres”, expresó. “Tengo que empezar de cero”.

Tras una tertulia de más de una hora, Luis y su madre retornaron a su hogar. El abogado Alex Gálvez había cumplido el más deseado anhelo de la hamburguesa.

“¿Oiga, no se va a comer estas papas que quedaron?”, preguntó Luis. Y al escuchar la respuesta negativa, las metió en una bolsa de papel.

Se fue feliz como si fuera un infante. Iba convertido en un hombre que ahora más que nunca ama la libertad.

“Me siento como si caminara entre las nubes”, concluyó.

El abogado Alex Galvez junto a Luis Vargas y su madre en Bell Gardens. /Jorge Macias
El abogado Alex Galvez, quien le ayuda a pelear su caso de Inmigración, junto a Luis Vargas y su madre en Bell Gardens. (Jorge Luis Macías/Especial para La Opinión)

Sin grilletes y en libertad

“Luis tiene derecho de estar libre y pelear su caso”, dijo el abogado Luis Gálvez. “Cuando se está en libertad el caso se pelea más rápido; por eso se pagó la fianza”.

Una señora de nombre Lily Ramírez – a quien Luis no conoce, le obsequió un cheque de $1,000 para el pago de la fianza de $7,000. Su madre, Blanca, reunió otros $2,000 y su tres hijos, Crystal, Lyzbeth y Daniel, así como su ex esposa, Florentina Vargas, aportaron el resto del dinero.

Pese a las amenazas de deportación, Luis no porta un grillete, ni tampoco restricciones para pelear su caso.

“Tenemos un caso fuerte de retención [permanencia en Estados Unidos]”, indicó Gálvez. “Será más fuerte cuando le den la indemnización [por cada día de los 16 años que pasó encarcelado injustamente]. “Si lo deportan, enfrentaría amenazas a su vida”.

Familiares le hicieron una fiesta de bienvenida en Santa María, California a Luis Vargas. /Suministrada
Familiares le hicieron una fiesta de bienvenida en Santa María, California a Luis Vargas. (Suministrada)

Reunión familiar en Santa María

Luis Ernesto es padre de Crystal Nora Vargas (26), Lizbeth Nora Vargas (24) y Daniel Vargas (22). Todos viven en Santa María, donde el domingo pasado por fin tuvieron una reunión familiar completa, incluyendo a sus hermanos Alma y Oscar, con sus respectivas familias y su madre Blanca

“Ya pasó el tiempo… esos 16 años se quedaron en el olvido”, dice  Blanca Alatorre, su madre. “Después de 16 años de encarcelado injustamente  mi hijo está libre…terminó la pesadilla; no hay rencores, sólo está el porvenir”.

Luis también ha perdonado.

“En estos 16 años de prisión me di cuenta que las cosas son más fáciles cuando uno tiene amor por sí mismo y por Dios”, afirmó. “Ese amor tiene que ser concreto para ayudar a los demás”.

Y su madre afirmó: “Resumir 16 años sin mi hijo es una historia que no se puede contar tan fácil; como en las novelas, hubo lágrimas, risas, muchos problemas… en las fiestas estaba siempre la familia, pero en mi corazón siempre sentía que me faltaba alguien…ése era mi hijo”.