Crónicas mexicanas: Un hombre estúpido

Nos hemos construido así, para parafrasear a Simone de Beauvoir, como hombres que no hemos nacido hombres, sino como seres privilegiados
Crónicas mexicanas: Un hombre estúpido
La violencia doméstica es un virus que sobrevive hoy en día.
Foto: Shutterstock

Nos juntábamos en una esquina del parque a mirar mujeres. Bebíamos y ya bebidos, les chiflábamos, nos carcajeábamos, les gritábamos “mamacita”. Teníamos 13 años. No teníamos idea.

Pero lo hacíamos ¿Por qué? Porque eso hacen los hombres. Aprendimos de los demás. Lo veíamos en la tele; con la familia; con los maestros. Crecimos con eso. Lo podíamos hacer porque todos lo hacían.

Un día en la secundaria, uno de mis compañeros de salón de pronto paró sobre una de las mesas del aula, justo frente a un grupito de compañeras. De repente se bajó el pants, se sacó el pene y comenzó a menearlo frente a ellas. Se daba risotadas mientras meneaba la cadera, haciendo que su pene girara en círculos. Ellas quedaban en silencio, con la cara rígida y pálida, y los ojos hundidos. Luego todo escaló; el sujeto se puso duro y sin más, empezó a masturbarse. De pronto, otro aullido, y el tipo se vino, chorreando la mesa de semen. Las chicas estallaron en llanto y miedo; dieron un salto y salieron corriendo de ahí. Nosotros nos quedamos mudos. ¿Nos reíamos? ¿Nos largábamos también?

Nos reímos. Éramos hombres y reír cuando no entiendes algo, es lo que aprendimos que se hace, porque es peor pasar por pendejo.

Nos enseñaron a ser así. Que el que corre lento, es que corre como niña. Que llorar por una patada, es llorar como niña ¿Qué íbamos a saber de mujeres, sino que ser mujer es algo malo?

Nos hemos construido así, para parafrasear a Simone de Beauvoir, como hombres que no hemos nacido hombres, sino como seres privilegiados. La sociedad nos ha hecho impunes. Totalitarios. Imbéciles. Salimos a la calle, sin tener que cuidarnos por cómo vestir, por cómo hablar, pues el mundo es de nosotros, los hombres.

Por eso los criminales agresores de las cuatro de cada diez mujeres que en México enfrentan violencia sexual, pueden escapar y ampararse bajo una influencia porque, “así son las viejas”, y es normal. Porque eso hacen los hombres, y el sistema opera para nosotros. De ahí que le llaman patriarcado.

Habemos hombres que un día lo entendemos y nos cuestionamos eso. Hay quienes no, y no vale la pena educarlos. Si vas a ser pedagógica, mejor hazlo con alguien joven; ese que a los 13 está parado en una esquina de cualquier barrio, sintiéndose hombrecito. Con él aún se puede hacer algo. Yo lo hubiera apreciado. No habría sido tan estúpido.

Facebook: albertobuitreblog
Escríbeme: albertobuitre@hotmail.com