Resistiendo la política de desgaste contra los migrantes

Parece que hay un acuerdo bipartidista entre Trump y el Presidente: Trump humilla y estigmatiza a los inmigrantes y refugiados y el Presidente los deporta
Resistiendo la política de desgaste contra los migrantes
Durante años el movimiento proinmigrante ha protestado las detenciones obligatorias, las deportaciones y separaciones de familias.
Foto: Shawn Thew / EFE

Los ciclos electorales usualmente polarizan la política y normalizan ideas que en otras circunstancias es difícil que encuentren resonancia en la imaginación pública. Este ciclo no es la excepción. Las elecciones primarias aun no acaban y el odio, especialmente contra Mexicanos y Centro Americanos, es aceptado por segmentos poderosos dentro de ambos partidos y del electorado Estadounidense. Para entender y para superar esta nueva normalidad es necesario echarle un vistazo al pasado.

Muchos se burlaron de Romney cuando adoptó la idea de la auto-deportación para delinear su política migratoria. Esta idea consiste en hacerle la vida miserable al inmigrante para que se vaya del país voluntariamente y así reducir el número de inmigrantes, documentados e indocumentados, que residen y trabajan en el país. Esta metida de pata de Mitt Romney describe con precisión la política de desgaste que ha sido acogida por todos los Presidentes de los últimos 15 años.

El Presidente Obama, por otro lado, aunque no ha usado el discurso torpe de Romney, ha terminado no nada más abrazando la política de desgaste si no llevándola más allá. Aterrorizar a los solicitantes de asilo recién llegados es una estrategia explícitamente diseñada para disuadir a los refugiados. En un año electoral, sin embargo, el miedo empañaría la participación y decisión que debemos tomar en las urnas.

A menudo parece que hay un acuerdo bipartidista entre Trump y el Presidente. Con su retórica, Trump humilla y estigmatiza a los inmigrantes y refugiados y el Presidente los deporta. En el momento en que Trump ha llevado el uso del inmigrante y refugiado como chivo expiatorio a niveles extremos, tener miedo es rendirse ante la mentira y el agravio. Para nuestro porvenir y para el futuro del país, sucumbir ante el miedo no es una opción.

Ante la embestida anti inmigrante y anti refugiado, debemos defender e incrementar el número de ciudades que han adoptado políticas de inclusión y atacar agresivamente a los 26 gobernadores que entablaron la demanda para detener la implementación de DAPA y DACA. Debemos luchar para obtener licencias de conducir, para promulgar iniciativas como el acta de la confianza que limitan la colaboración entre la migra y la policía, para que los estudiantes indocumentados tengan acceso a la educación superior, para mejorar los salarios y condiciones laborales y para que los jornaleros tengan sus centros de trabajo.

Los inmigrantes y refugiados actuales tenemos la obligación de encarar el miedo y confrontar a quienes lo promueven. Esto comienza con deshacerse del ilegal que llevamos dentro. Pensar que no merecemos ser iguales por no tener papeles es el primer obstáculo a superar. Luego sigue el conocimiento y ejercicio de los derechos, acompañado con la organización de grupos de base que defiendan a los inmigrantes y refugiados que están en proceso de deportación.