Latino estuvo en la cárcel por 20 años por crimen que no cometió

Fue condenado con base a declaraciones de testigos que luego se retractaron de haberlo señalado como el culpable; ahora comienza una nueva vida con una carrera universitaria
Latino estuvo en la cárcel por 20 años por crimen que no cometió
Francisco Carrillo permaneció encarcelado erróneamente por 20 años.
Foto: Araceli Martinez / La Opinión

La Junta de Supervisores del Condado de Los Ángeles aprobó darle una compensación de $10.1 millones de dólares a un hombre hispano que pasó 20 años en prisión por un crimen que no cometió.

Francisco “Franky” Carrillo, de 42 años, fue condenado a los 16 años de edad por el asesinato de Donald Sarpy en 1991, ocurrido en un tiroteo en el área de Lynwood.

La semana pasada, Carrillo dijo a La Opinión que estaba a la espera de un fallo en el pleito por una compensación ya que había sido sentenciado erróneamente.

“Cinco años se llevó investigar mi caso y encontrar al asesino de un hombre de Lynwood por cuya muerte me sentenciaron a cadena perpetua. Pero tuve que pasar 20 años injustamente en prisión. Cuánta gente podría haber sido condenada a la pena de muerte y ser inocente”, dijo Carrillo, quien hace cinco años probó su inocencia y salió libre. Este año se graduó como sociólogo de la Universidad Loyola Marymount y se ha convertido en uno de los principales opositores a la pena de muerte.

Había sido condenado a prisión luego de que el Departamento del Sheriff de Los Ángeles (LASD) consiguiera como testigo clave a un muchacho pandillero quien fue su principal acusador de Carrillo. Señaló al hispano, al seleccionarlo en un libro de 140 fotos la noche del tiroteo. Otros testigos también dijeron que era él al ver la foto.

Francisco Carrillo
La semana pasada, Francisco Carrlllo habló a favor de la proposición 62 para abolir la pena de muerte en California. (Foto: Araceli Martinez/La Opinión).

Pero en una nueva audiencia en 2011, los testigos que lo habían acusado en el pasado dijeron que realmente no le habían visto la cara al tirador. El primer testigo ya se había desdicho de sus declaraciones, al decir que estaba convencido que era otro quien disparó.

Los defensores de Carrillo sostuvieron que otros dos hombres confesaron su crimen pero se negaban a testificar y a incriminarse a sí mismos.

El juez de la Corte Superior del Condado de Los Ángeles, Paul Bacigalupo ordenó la liberación de Carrillo y concluyó que las evidencias de los testigos en su contra, eran falsas o estaban corrompidas.

Carrillo demandó al LASD bajo el argumento de que el exagente del Sheriff Craig Ditsch desvió la identificación del primer testigo.

El testigo le dijo varias veces al ex agente que Carrillo podía no ser el sospechoso. Pero éste le respondió que hizo la selección correcta. El testigo contó que el exagente lo amenazó cuando más tarde se retractó.

Pero según el exagente, el testigo se había echado para atrás por miedo a ser visto como un soplón.

Un panel federal de apelaciones falló en agosto pasado que el personal policiaco podía tener responsabilidad en el caso de Carrillo y otro relacionado porque la ley requiere que la policía entregue pruebas que exoneran y están bien establecidas, y que deberían ser bien entendidas por los oficiales.

Estableció además que los testimonios de declarantes son la causa principal de condenas erróneas.

En el plan de acción correctivo presentado a la Junta de Supervisores, los empleados del condado concluyeron que la causa principal fue que a cinco de los testigos no se les presentó el libro de fotos hasta seis meses después del tiroteo. También reconoce que el entrenamiento y las políticas en relación con la identificación eran inadecuadas.