Migrante en Los Ángeles: “Lo más difícil en este país es abrirse un camino”

Tener una familia en Los Ángeles hace toda la diferencia para los refugiados centroamericanos

Migrante en Los Ángeles: “Lo más difícil en este país es abrirse un camino”
Walter Ramos feliz de haber recibido a su hija Nathalie Ramos de 16 años quien huyó de la violencia de su país en El Salvador.
Foto: Araceli Martínez / La Opinión

Para Walter Ramos, tener a su madre y tres hermanas en Los Ángeles que le ofrecieron un techo cuando vino de El Salvador hace un año, hizo toda la diferencia. Más aún cuando su hija Nathalye de 16 años, acosada por las pandillas, huyó de El Salvador y llegó a reunirse con él unos meses después.

Tercera parte de una serie especial: Migrantes en Los Ángeles en espera de asilo

“Lo más difícil en este país es abrirse un camino. Uno tiene que comenzar de cero y buscar dónde vivir es de lo más complicado”, dice.

“Mi hija y yo vivimos en la casa de tres recámaras que renta mi mamá con mi hermana y su familia. Somos siete en total”, dice Ramos mientras muestra la impecable vivienda donde habita. Por ahora no puede pagar una renta por él mismo. “Yo aquí aporto 300 dólares al mes”, comenta.

Admite que tener una familia que lo ha ayudado a conocer el sistema estadounidense y la cultura ha sido un apoyo invaluable comparado con los refugiados centroamericanos que no tienen a nadie.

“¡Uff! es una ventaja. No sé como hubiera hecho sin ellos”, exclama.

Los Ángeles sufre una severa escasez de vivienda accessible, a la par que tiene uno de los mercados con las rentas más caras del país. Hay áreas, como el centro de la ciudad, donde el alquiler aumentó 73%, y aún barrios que no han tenido los grandes desarrollos inmobiliarios han incrementado el costo del arrendamiento. Ante estas condiciones, encontrar un techo digno y barato para los refugiados recién llegado es una tarea agotadora. Las familias que los acogen a su llegada, son su salvavidas.

Walter Ramos y su hija
Walter Ramos y su hija Nathalye Ramos están felices de estar juntos y a salvo de la violencia de su natal El Salvador. (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

Acosada por las maras

Ramos dejó en El Salvador a su esposa, de quien se divorció, y a sus dos hijos de 20 y 16 años. Pero fue su hija menor quien se le unió en Los Ángeles al no soportar el acoso de las pandillas. Tras un viaje de seis días cruzó la frontera.

En El Salvador vivía una vida de mucho encierro para evitar el contacto con las maras. Eso es lo que hacemos la mayoría de las muchachas. Nos reunimos en las casas. Evitamos salir. Mi mamá no me dejaba tener teléfono. Los de las pandillas se las averigüan para saber tu número y empiezan a molestarte. Yo salía a la tienda y me amenazaban con violarme. Si uno no accedía, empezaban a intimidarte con la muerte. Estaba muy desesperada”, comenta.

Sin decirle nada a ninguno de sus padres, Nathalye supo de un amigo que venía a Estados Unidos y decidió unírsele y tomar el riesgo.

“Mis papás supieron cuando yo ya venía en camino. Salí el 8 de abril de El Salvador, llegué a la frontera el 23 de abril. Fueron días muy difíciles. Un pollero trató de aprovecharse de mi. No tenía para comer. Lloré mucho”, recuerda.

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Padre e hija fueron recibidos en la casa de la familia de Walter Ramos que ya vivía en Los Ángeles. (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

Nathalye dice que la mantuvieron en un albergue en Brownsville, Texas, más de un mes porque cayó enferma de hepatitis. Finalmente el 26 de mayo, se la entregaron a su padre.

La joven se siente feliz de ya no vivir bajo el terror de las pandillas y está a pocas semanas de ir a la escuela.

“Ha sido un cambio drástico en mi vida. Me gustaría estudiar para cuidar niños con síndrome de down cuando sea adulta”, confía la adolescente.

La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos reporta que en el año fiscal fueron detenidos en la frontera sur 57,478 niños no acompañados; en el año fiscal 2015, 26,665; y en 2016, han sido arrestados 43,308.

Walter y su hija
Nathalye Ramos ha solicitado asilo en el país, a causa de las pandillas que la acosaban en El Salvador. (Foto: Araceli Martínez/La Opinión)

El secretario de Seguridad Interna, Jeh Johnson, dijo que a través de los centros de procesamiento que han establecido en Honduras, El Salvador y Honduras para la protección de menores con un padre con presencia legítima en Estados Unidos, han aceptado 9,216 solicitudes y han aprobado 2,297 para venir como refugiados.

Los retos principales

Angela Sambrano, presidenta de la directiva de CARECEN, dice que el apoyo y guía que ha tenido Ramos le puede servir por varios años, pero para los refugiados que no tienen absolutamente a nadie, es muy difícil porque no conocen sus derechos, viven en condiciones deplorables, se aprovechan de ellos, les roban sus salarios, son presa fácil de fraude y tienen la barrera de no saber el idioma.

“Cómo no tienen un permiso de trabajo es muy poco lo que pueden hacer para sostener a su familias, darles vivienda y transporte”, observa.

Sambrano recomienda que busquen cómo unírse a iglesias y organizaciones que los apoyen para que no se sientan solos.

Recursos

CARECEN

2845 W 7th St, Los Angeles, CA 90005

Teléfono: 213-385-7800

Esperanza Immigrant Rights Project

1530 James M. Wood Blvd.,

P.O. Box 15095

Los Angeles, CA 90015

Teléfono: 213- 251-3505

Chirla

2533 W 3rd St #101, Los Angeles, CA 90057

Teléfono: 213-353-1333