Latinos e inmigrantes, a la cabeza de los emprendedores

El índice anual de emprendimiento de la fundación Kauffman apunta a un fuerte dinamismo en estas comunidades a la hora de crear negocios
Latinos e inmigrantes, a la cabeza de los emprendedores
Tabhata Lozano, empezó su negocio de pastelería como un hobby que le fue tomando cada vez más tiempo hasta que se decidió por abrir un negocio con él en La Marqueta (Harlem)./Mariela Lombard
Foto: Mariela Lombard / El Diario

“Los latinos somos muy activos. Cuando eres primera generación de latino en EEUU hay necesidad de probar que mereces el esfuerzo que hicieron tus padres cuando dejaron su país”. Randy Rodriguez, descendiente de salvadoreños, se tomó algo de tiempo para explicar tan clara como emocionalmente por qué creía que inmigrantes y latinos son emprendedores tan activos.

Éste joven de 27 años puso en marcha, con más ganas que medios, en 2015 El Cabalito. Se trata de un pequeño restaurante en la Chinatown de Manhattan en el que cocina pupusas.

La suya es una de las muchas razones que aducen los latinos entrevistados por este diario en el curso de los últimos años. Pasión, necesidad, continuidad con lo que se hacía en el país de origen y oportunidad, son algunas otras de las razones que explican el empuje empresarial de estas comunidades.

Y es un empuje que no cede. El Índice Kauffman anual de nuevas empresas en 2016 (start ups) publicado hace unos días revela que este año el ratio de nuevos empresarios entre inmigrantes es del 0.53%, “sustancialmente más elevado que el 0.29% entre nacidos en el país”. Este índice anual, elaborado por analistas de la Kauffman Foundation con datos del año anterior, muestra que los empresarios y emprendedores inmigrantes suponen el 27.5% de todos los nuevos empresarios en EEUU, frente al 13% en 1996.

Entre todos los grupos étnicos y raciales,  los latinos son los que tienen un ritmo de emprendimiento más constante de todos y los que más se lanzan a la aventura y duro compromiso de abrir un negocio. Los índices calculados por esta fundación apuntan a que  tanto el espíritu empresarial de esta comunidad como el hecho de que son la mayor minoría del país han permitido pasar la proporción de nuevos empresarios del 10% en 1996 al 21% en 2015.

En estos casi 20 años también ha crecido el número de emprendedores asiáticos (del 3.4% al 5.7%) mientras que entre la población negra apenas se ha movido (de 8.4% a 8.9%) y ha decrecido entre los blancos no hispanos (77.1% al 60.7%).

“Yo no vine aquí a hacer lo que ya hacía en mi país, ni a ser una emplada. Yo vine para no depender de nadie”, explicaba recientemente Eliana Ortega, una ecuatoriana aficanda en Nueva York desde hace apenas dos años y que dejó su trabajo en una empresa de seguros en Quito. Ortega ha abierto un negocio de tratamiento contra los piojos, Lice Treatment Group.

Ortega abrió su negocio por varios motivos: quería tener su empresa, necesitaba mantenerse a ella misma y a su hija, y reconoció una oportunidad cuando se le cruzó en su camino. Muchas veces no hay un solo motivo por el que una persona decide dar este paso. En el caso de los inmigrantes una buena parte se ve en el camino del empresariado porque es la mejor opción de trabajo que se puede tener (incluso si no se tienen los documentos de emigración) ya que no pueden optar a un empleo aunque tampoco faltan los que creen que ser empresario en este país es más fácil que en el suyo propio y vienen con la determinación de seguir esa pasión por la empresa.

Los analistas de Kauffman ven dos motivaciones,  divididas de forma imperfecta según reconocen, para abrir una empresa: la necesidad y la oportunidad.

En el primer caso, suelen estar las personas que están desempleadas y encuentran en la empresa una salida a su situación. El segundo es la situación de personas que normalmente tiene trabajo o acaban de salir de la Universidad y ven una oportunidad que cubrir en el mercado por lo que se lanzan con su empresa a dar respuesta esta.

La proporción de nuevos empresarios por motivo de oportunidad es actualmente mayor que al final de la Gran Recesión. “En 2015, el 84% del total de los nuevos empresarios era personas que no estaban desempleadas ni buscaban trabajo. Es una proporción que se ha incrementado sustancialmente desde 2014 y es 10 puntos porcentuales más elevada que en 2009, al final de la recesión”, explica el informe.

Es lo normal. Quienes llegan al empresariado porque existe la oportunidad lo suelen hacer cuando las condiciones económicas son buenas o mejoran porque es cuando hay mercado, es decir, consumo.

Las empresas creadas por necesidad tienen normalmente menor “potencial de crecimiento” que las creadas por que haya una oportunidad de hacerlo o de mercado.

Y este puede ser el punto más débil de las empresas de latinos ya que junto con los negros son estos los que menos empiezan sus empresas por “oportunidad” aunque los ratios están creciendo en los últimos años.

Con todo, los analistas de la Fundación Kauffman son optimistas. “Es importante hacer notar, que aunque la motivación para empezar un negocio cuando las condiciones económicas son débiles y el desempleo es elevado difieren de la que lleva a alguien a montar una empresa en condiciones más favorables, muchos de los negocios [creados por necesidad] pueden al final, ser muy exitosos”.

Primeros pasos en negocios

El índice Kauffman registró en el año 2014 (con cifras de 2013) el año más bajo para emprendimiento en 20 años. Una de tantas consecuencias de la Gran Recesión. Tras tocar suelo en los dos últimos ejercicios ha empezado la recuperación aunque aún se está lejos de los ratios registrados antes de la crisis y en el caso de empresas de nueva creación con empleados se está todavía a la baja, lejos de los niveles históricos de los setenta.

En 2015 por cada 100,000 adultos había 310 nuevos empresarios, un 15% que hace dos años. Eso se traduce en aproximadamente 550,000 nuevos dueños de negociosdurante el año. Parte del incremento se ha debido a la actividad de las mujeres que ha repuntado, pero de nuevo sin llegar a los niveles anteriores a la crisis.