Nos quieren negar un futuro limpio y próspero

Nosotros sufrimos desproporcionadamente las consecuencias del cambio climático y la contaminación de combustibles fósiles que lo causa.
Nos quieren negar un futuro limpio y próspero
El cambio climático se da en todo el mundo con diferentes características.
Foto: Morguefile

Su futuro y el de su familia están en juicio en una corte federal de Washington, DC. El 27 de septiembre, la Corte de Apelaciones del Circuito de Columbia realizará una audiencia oral sobre el Plan de Energía Limpia (PEL), la medida federal más potente contra el cambio climático en Estados Unidos, se implementará o no.

Los abogados de las partes explicarán a los jueces y responderán sus preguntas sobre los argumentos legales sometidos en sus actuaciones judiciales varios meses atrás.

Y para los hispanos, esta decisión es crucial. Nosotros sufrimos desproporcionadamente las consecuencias del cambio climático y la contaminación de combustibles fósiles que lo causa.

La administración Obama finalizó el PEL en 2015 para reducir por primera vez las emisiones de carbono de las plantas energéticas, las cuales generan el 40% de la contaminación de cambio climático. La iniciativa disminuiría estas emisiones en un 32% con respecto a los niveles de 2005 para el año 2030.

Para nosotros estas reducciones son cuestión literalmente de vida o muerte. Casi el 40% de los hispanos vive peligrosamente cerca de una planta de combustión de carbón, lo cual se traduce en altos índices de asma —especialmente entre nuestros niños—, enfisema, males cardíacos, cáncer y muerte prematura.

Para el 2030, según el gobierno federal, anualmente el PEL evitaría 3.600 muertes prematuras, 1.700 ataques cardíacos, 90.000 ataques de asma y la pérdida de 300.000 días escolares y laborales. Asimismo, para entonces el plan nos ahorraría a todos unos $54.000 millones en costos de salud cada año y evitaría la emisión de 870 millones de toneladas de carbono, al tiempo que reduciría drásticamente la contaminación de compuestos tóxicos de azufre y nitrógeno.

Y hablando de ahorros, el PEL reduciría su cuenta de electricidad hasta $17 mensuales, algo que cientos de miles de hogares hispanos realmente necesitan ya que nosotros pagamos un mayor porcentaje de nuestros ingresos en energía.

Y de remate, el PEL abriría de par en par la economía de energía limpia y generaría millones de empleos, principalmente en los sectores que más hispanos emplean, como la construcción y la manufactura.

¿Un plan que combate el cambio climático y la contaminación tóxica que lo causa, que ahorra dinero a los usuarios de electricidad y crea buenos empleos? A nadie le debe extrañar entonces que el 82% de nuestra comunidad apoya la inmediata implementación del PEL. Sin embargo, algunos grupos de justicia ambiental insisten en que el PEL no es suficiente para reducir la contaminación que castiga a comunidades de color.

Aún así, los procuradores generales de 27 estados, a instancias de la industria de energía sucia, lograron a principios de este año que la Corte Suprema suspendiera la implementación del PEL mientras la Corte de Apelaciones decide el fondo de esta brillante idea.

Los querellantes y sus aliados esgrimen el absurdo argumento de que la prosperidad de nuestra comunidad depende de una economía de energía sucia que en realidad infringe un castigo diario a la salud de millones de hispanos y pone en grave peligro el futuro del planeta.

Hace unos días, el Papa Francisco advirtió al mundo que destruir el medio ambiente es pecado, urgiendo a actuar ya contra la crisis climática. El pontífice indicó que cuidar de la Creación Divina debe agregarse a los tradicionales actos de compasión cristiana, como dar de comer al hambriento y cuidar de los enfermos.

Bien les vendría a los contaminadores que se oponen al Plan de Energía Limpia seguir la enseñanzas del Papa Francisco, porque efectivamente negar a nuestra comunidad y a la humanidad entera un futuro limpio y próspero es pecado.

Javier Sierra es columnista del Sierra Club. Sígalo en Twitter @javier_SC