En el “Día de César Chávez”, informe denuncia explotación de “braceros” en era moderna

Trabajadores con visas temporales sufren condiciones de "esclavitud moderna".
En el “Día de César Chávez”, informe denuncia explotación de “braceros” en era moderna
Los tres acusados operaban en el estado de California
Foto: Héctor Mata / Getty Images

WASHINGTON.- No son inmigrantes indocumentados ni trabajan “bajo el radar”, son casi medio millón de “trabajadores huéspedes” con visas temporales que con frecuencia sufren condiciones de “esclavitud moderna”, una situación que podría agravarse si el Departamento del Trabajo pierde fondos para proteger sus derechos, denunció este viernes el Instituto de Política Económica (“Economic Policy Institute”, EPI).

En el “Día de César Chávez”, un feriado que conmemora la vida y obra del fallecido líder sindicalista mexicoamericano, EPI denunció en un extenso blog las condiciones de 450,000 trabajadores extranjeros traídos a EEUU con visas temporales “H-2A”, “H-2B”, y “J-1”, muchos de los cuales son vulnerables a abusos y represalias de sus empleadores y agentes.

En entrevista con este diario, Daniel Costa, director de asuntos migratorios de EPI, afirmó que  la Cámara de Comercio y las corporaciones argumentan que los trabajadores con visas “H-2B” están corrigiendo una escasez laboral, cuando la realidad es que los trabajadores con visas “H-2B y J-1” también son explotados, ganan igual que los indocumentados, “y afrontan una situación vulnerable debido al marco legal de esos programas de visas”.

“Los empleadores tienen mucho poder, y los trabajadores no tanto, por eso no estoy seguro de que sean tan distintos que los braceros de antes, o vivan mejor que ellos”, agregó Costa.

“El hilo común en esas tres categorías de visas es que muchos de los trabajadores ya llegan endeudados con sus empleadores (pagan por la oportunidad de tener un trabajo temporal en EEUU), y están atados a un empleador único que es dueño de sus visas, los controla, y si los despiden inmediatamente se convierten en deportables”, explicó Costa.

Estos trabajadores terminan aguantando robo de salario y condiciones laborales peligrosas por temor a perder sus visas y porque tienen que pagar préstamos que hicieron para conseguir sus empleos, “pero si son despedidos o tienen que salir del país, no pueden hacerlo”, enfatizó.

EPI argumentó que EEUU no necesita más “trabajadores huéspedes” y, a juzgar por las condiciones de explotación que viven, Chávez tampoco apoyaría que el gobierno amplíe esos programas.

Las condiciones en que viven y trabajan, sobre todo en tareas no especializadas y de bajos salarios, evoca memorias del “Programa Braceros”, puesto en marcha en las décadas de 1940 a 1960 para trabajadores mexicanos. Ese programa fue cancelado en 1964 durante la presidencia de John F. Kennedy tras denuncias de abuso, escándalos y presión política.

Ahora, en pleno siglo 21, “EEUU está repitiendo un error histórico, admitiendo de nuevo a grandes números de trabajadores huéspedes en ocupaciones de bajos salarios”, y si la Administración Trump recorta 21% del presupuesto al Departamento del Trabajo –como ha propuesto para el año fiscal 2018-, el problema sólo aumentará, advirtió Costa.

Si el Departamento del Trabajo, encargado de hacer cumplir las leyes laborales, pierde recursos, eso abre la puerta a que EEUU vuelva a afrontar escándalos, como el suscitado en 1954, cuando 32 “trabajadores huéspedes”, todos campesinos mexicanos, murieron en un trágico accidente, considerado entonces como uno de los peores en la historia de California.

Costa advierte, en concreto, sobre los excesos en los programas “H-2A”, que emplea a unos 134,000 trabajadores temporales en el sector agrícola, y el  “H-2B”, que en 2016 tuvo 85,000 extranjeros en empleos de jardinería, bosques, granjas, procesamiento de comida, turismo y construcción.

Varios informes en el pasado han señalado que miles de trabajadores con visas “H-2A” muchos de ellos de México y Centroamérica, son víctimas de abusos, robo de salarios, y violaciones, y son amenazados con la deportación si se atreven a poner una denuncia contra sus empleadores.

Una tabla de EPI muestra que hay 270,230 extranjeros con visas “H-2A” y “H-2B”.

En su blog, Costa  también repasa el “J-1”, un programa de “intercambio cultural” del Departamento de Estado que trae a EEUU a extranjeros en varias categorías, cinco de las cuales son programas de trabajadores huéspedes “de facto” y con bajos salarios, como niñeras, trabajadoras domésticas, “consejeros” en campamentos de verano, meseros, salvavidas, y empleados en parques temáticos.

De estos, solo el programa de trabajos de verano tiene un límite anual de 109,000.

En 2015, hubo 167,960 extranjeros con visas “J-1”, según el análisis de EPI.

Según una investigación de la revista “Politico” esta semana, en 2015 el Departamento de Estado “encubrió” y mintió sobre más de 3,500 quejas de trabajadoras “au pair” con visas “J-1”, según un conteo de las agencias que las representan.

Costa advirtió de que el clima actual en el que la Administración Trump está ampliando las deportaciones no va a eliminar la necesidad de trabajadores con bajos salarios –no solo en el sector agrícola- sino que, con seguridad, aumentará la demanda por “trabajadores huéspedes”.

De hecho, varias corporaciones ya empezaron su campaña de cabildeo para ampliar los programas de “trabajadores huéspedes”, eliminar el requisito de proveerles vivienda a los que vienen a EEUU con visas “H-2A”, y eliminar el límite anual para las visas “H-2B”.

El insaciable apetito por “trabajadores huéspedes” podría dar paso a más abusos y el Congreso debe pensar bien sobre cualquier cambio a esos programas, y rendir cuentas por sus resultados, según EPI.

 

 

 

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