Supremacistas tratan de incursionar en recintos universitarios en EEUU

El surgimiento de estos grupos han reactivado un debate nacional sobre la libertad de expresión, y sus límites.
Supremacistas tratan de incursionar en recintos universitarios en EEUU
Simpatizante del Ku Klux Klan ondea una bandera confederada.
Foto: Stephen Morton / Archivo/EFE

WASHINGTON – Grupos supremacistas tratan de incursionar en recintos universitarios para propagar su agenda racista y reclutar miembros, convirtiendo a las universidades en campo de batalla en torno a la libertad de expresión y la seguridad de sus estudiantes.

La mayoría de los estudiantes aún no comienzan las clases de otoño pero la sangrienta violencia en la ciudad universitaria de Charlottesville (Virginia) el sábado pasado, en la que Heather Heyer murió arrollada por un supremacista blanco, ha puesto en alerta al mundo académico.

El activismo de los grupos supremacistas, que no tiene visos de desaparecer, pone a las universidades ante la coyuntura de promover el libre intercambio de ideas y la seguridad de los estudiantes.

Bajo la bandera de la “derecha alternativa”, que no es otra cosa que un revestimiento del nacionalismo blanco, los grupos supremacistas visitan universidades en todo Estados Unidos para difundir su mensaje y sumar adeptos.

Su activismo estaba básicamente limitado a la difusión anónima de material propagandístico, sin ningún vínculo con estudiantes o grupos universitarios.

Pero sus apariciones, más frecuentes en el último año, según el grupo “AntiDefamation League” (ADL), suelen desatar enfrentamientos con grupos antirracistas que acaparan titulares internacionales, como sucedió en Charlottesville.

Un informe de ADL de marzo pasado indicó que en el año lectivo 2016-2017, las autoridades universitarias reportaron 107 incidentes –principalmente mensajes antisemitas y contra otras minorías- por parte de grupos supremacistas blancos, 67 de los cuales ocurrieron tras la investidura de Trump.

El mes pasado, ADL advirtió del aumento en incidentes antisemitas en las universidades desde enero pasado.

Spencer no es bienvenido

Ahora, a raíz del ataque en Charlottesville, tanto la Universidad Texas A&M como la Universidad de Florida esta semana decidieron cancelar eventos con líderes de grupos supremacistas, como Richard Spencer, para proteger al personal docente y a los estudiantes de posibles actos de violencia.

No obstante, el Instituto de Política Nacional (NPI, en inglés), liderado por Richard Spencer, pretende continuar sus actos en las universidades, con el mensaje de defender “la herencia, identidad y futuro del pueblo de ascendencia europea”.

Spencer, que alienta a sus seguidores a hacer el saludo nazi, ya ha sido vedado también de las universidades de Michigan State y Louisiana State. Ambas instituciones emitieron sendos comunicados en los que explicaron que Spencer no es bienvenido y prefieren evitar la incitación a la violencia.

¿Qué buscan en las universidades?

Para el grupo “Southern Poverty Law Center” (SPLC), que se dedica a rastrear organizaciones que promueven el odio racial, los recintos universitarios están en la mira de grupos que luchan contra la inclusión y la diversidad cultural.

“Son un blanco por una simple razón: abrazan la diversidad, la tolerancia y la justicia social. Luchan por la igualdad y han creado espacios seguros para todo género e identidad, y los recintos universitarios también albergan los mayores ideales de los derechos humanos”, explicó SPLC.

Son valores que los grupos supremacistas consideran “blancos suaves”, además de que, por definición, las universidades son centros de discusión de ideas de todo el espectro político y alientan la libertad de expresión.

Escudándose en la Primera Enmienda,  líderes como David Duke y  grupos afines suelen quejarse de que los inmigrantes y las minorías étnicas, arropadas en la “corrección política”, buscan un trato preferencial y están minando los derechos y la propia identidad cultural de los blancos.

Su objetivo es que ese mensaje, de una población blanca bajo “asedio” y discriminada por culpa de los inmigrantes y las minorías, cuele no solo a través de sus campañas en las redes sociales sino también en las aulas.

SPLC documentó varios casos del creciente activismo de los grupos supremacistas blancos desde las elecciones de 2016 y tras la investidura del presidente Donald Trump, el pasado 20 de enero.

El grupo supremacista “Vanguard America”, distribuyó propaganda en la Universidad de Florida Central, en defensa de la “raza blanca” y contra la “degeneración” causada por musulmanes.

En diciembre pasado, Spencer ofreció un polémico discurso en la Universidad Texas A&M en la que declaró que EEUU “pertenece a los hombres blancos”.

A principios de febrero pasado, cuando la Universidad de California en Berkely canceló un evento con el ultranacionalista Milo Yiannopoulos, ante las protestas de grupos antifascitas que se tornaron violentas, Trump sugirió suprimir fondos federales para la universidad estatal “por no permitir la libre expresión”.

Guía de defensa contra los supremacistas

SPLC, que tiene programas de tolerancia en 30 universidades, ha creado una guía para ayudar a los estudiantes a contrarrestar la propaganda de estos grupos, organizar protestas pacíficas y crear foros alternativos a los eventos que surjan con líderes supremacistas en las universidades.

La guía ofrece un repaso de la “derecha alternativa”, su surgimiento, sus líderes y metas y, sobre todo, qué hacer y qué decir para hacer frente “a las ideas de odio” de estos grupos, privándolos de plataformas físicas o virtuales para sus actos.

Para “inocular” a las universidades contra el extremismo, la guía recomienda, entre otras acciones, que los estudiantes lancen campañas mediáticas contra los grupos; organicen foros de discusión sobre los beneficios de la tolerancia;  forjen alianzas contra otros grupos comunitarios y el personal docente, y ejerzan presión para que las universidades “desinviten” a los extremistas.

Si nada de eso surte efecto y líderes del movimiento supremacista aparecen en sus campus, SPLC recomienda evitar la confrontación, porque estos líderes y grupos se alimentan de la “hostilidad” y la publicidad que generan al convertirse en “víctimas”.

En vez de la confrontación que buscan estos grupos, los estudiantes deben organizar protestas, foros y vigilias, que sirvan como un escaparate o “festival” de la diversidad y tolerancia, aconsejó SPLC.

Sin duda, el surgimiento de estos grupos han reactivado un debate nacional sobre la libertad de expresión, y sus límites.

La Unión de Libertades Civiles de EEUU (ACLU), y otros grupos cívicos, han dejado en claro que la Primera Enmienda, que consagra la libertad de expresión, no da licencia a que los grupos cometan actos de violencia.