Cura de Coahuila buscado por violar menores se entrega a las autoridades

El “padre Meño” como lo conocen es acusado por dos seminaristas de abuso sexual

El padre Meño entrando a la instalaciones de la PGJE. Foto: Twitter vía @SanjuanaMtz

El padre Meño entrando a la instalaciones de la PGJE. Foto: Twitter vía @SanjuanaMtz Crédito: @SanjuanaMtz

MÉXICO – El sacerdote Juan Manuel Riojas, conocido como el “padre Meño”, quien hasta hoy era prófugo de la justicia tras ser acusado de violación contra seminaristas menores de edad, se entregó esta mañana ante la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Coahuila.

Este mismo viernes, la Procuraduría colocó anuncios que ofrecían 200 mil pesos de recompensa para dar con su paradero, sin embargo el padre arribó a las intenciones de la dependencia por su propio pie, acompañado de su abogado, para entregarse ante la justicia y se inicie una investigación por el delito de violación que se le imputa.

El 29 de julio, la PGJE, a través de la Procuraduría General de la República (PGR), emitió una Alerta Roja para localizar en México o en el extranjero al sacerdote católico.

Juan Manuel Riojas se encontraba prófugo de la justicia desde hace cuatro meses tras ser acusado del delito de violación con calificativa de prejuicio de dos estudiantes del seminario menores de edad. Con dicha Alerta, el padre quedó boletinado en el país y otras 190 naciones.

El ex seminarista Ignacio Martínez Pacheco y el aún seminarista Roberto Javier Calzada Tamez, entrevistados en mayo por SinEmbargo, ofrecieron su testimonio de acoso y abuso sexual y el calvario judicial que ha significado denunciar penalmente al cura pederasta y a su obispo encubridor, ambas acciones sin ninguna consecuencia, debido a la protección directa que goza el sacerdote, dicen, del Gobernador Rubén Moreira, acusaron.

La periodista Sanjuana Martínez tuvo acceso al expediente judicial de este primer caso en México, que incluye una denuncia contra el Obispo y otras autoridades eclesiásticas como el Nuncio Apostólico, Franco Coppola, por conspiración a la pederastia clerical.

Con una orden de aprehensión y un amparo, el sacerdote pederasta recibe el apoyo de la Arquidiócesis y cuenta con tres abogados, uno de ellos, Santos Vázquez Estrada, ex delegado de la Procuraduría General de Justicia en las regiones Centro y Norte Uno de Coahuila, quien ya interpuso en el Juzgado Tercero de Distrito una solicitud de protección bajo el expediente 256/2017 contra el juez de primera instancia en materia penal del Sistema Acusatorio y Oral del Distrito Judicial de Río Grande.

“El padre Meño está siendo protegido por el Gobernador Rubén Moreira”, dice Ignacio Martínez Pacheco quien tuvo la oportunidad de entrevistarse con el Ejecutivo estatal. “Me prometió que lo detendrían y todo fue una mentira. Al contrario, él y las autoridades judiciales, junto al Obispo Garza Treviño se han dedicado a esconderlo”, asegura.

Peor aún, Roberto Javier Calzada Tamez, de 18 años, tiene la certeza de que la protección viene de la propia institución vaticana, ya que el nuncio apostólico Franco Coppola, le mintió en una carta que le envío y cuya copia esta en poder de SinEmbargo.

La historia depredador del padre Meño inicia por lo menos hace 15 años. Su método consistía en elegir a sus víctimas por las noches. Hacía rondines en los dormitorios de los seminaristas entre 14 y 16 años. Luego buscaba encuentros en su dormitorio aparentemente casuales para atacar a los menores de edad.

Empezó trabajando en el Seminario Auxiliar del Sagrado Corazón de Jesús, conocido también como Seminario Menor Diocesano de Piedras Negras, donde ocupó varios puestos y fue ascendido a Rector.

Ignacio Martínez Pacheco tenía 15 años cuando ingresó al Seminario Menor Diocesano de Piedras Negras. Quería ser sacerdote, pero nunca imaginó que en un seminario se pudiera vivir la experiencia más terrible.

“El primer encuentro en el que me sentí abusado sexual fue en el año 2002, en el mes de mayo. El padre llegó de noche hasta el dormitorio donde me encontraba… era verano, él traía short y nosotros dormíamos en un cuarto largo con literas a ambos lados. Eran como las doce de la noche y me despertó invitándome a salir a caminar”.

A Ignacio le produce mucha inquietud recordar los hechos: “Fue entonces que el padre Meño me empezó a preguntar cosas sexuales. Íbamos hablando de sexo, de la masturbación, me preguntaba como me satisfacía yo en ese lugar. Me llevaba del hombro y me lo acariciaba creo que el padre se excitaba con eso, dimos como tres vueltas en el camino y luego nos sentamos en la barda que divide la acequia.

Él jugueteó como con golpes hasta que me jaló del cuello con su mano formándome para que bajara a su pene. Cuando me acerqué me di cuenta que tenía el pene erecto. Me presionaba a su área genital, luego el padre se sacó el pene por el short, me bajo la cabeza con su mano y me introdujo el pene en la boca. Duró unos dos o tres minutos”.

Ignacio cuenta que no sabía que hacer, estaba totalmente desconcertado. El sacerdote sin mirarlo a los ojos le dijo: “Vete a dormir. Esto queda entre tú y yo”.

El acoso sexual del padre Meño se incrementó a pesar de que el menor intentaba no estar cerca de él. Ignacio recuerda que en octubre de 2002 el sacerdote lo agredió nuevamente.

“Toqué a la puerta de su oficina, ubicada a un lado del cuarto de recreación. El padre Meño salió en una bata verde de baño diciéndome que se iba a bañar. Y me invitó a pasar y a sentarme en su cama. Y allí el padre se descubre la bata. No traía ropa interior y se sentó en la cama fue entonces que me jaló del brazo y me aceró a su área genital para introducirme su pene en mi boca.

Luego eyaculó dentro de mi boca. Luego se cubrió con su bata y me dijo que me fuera”.
Ignacio dice que él pensó que ese tipo de actos sexuales eran “normales” porque así se lo hizo creer el padre Meño y además porque fue testigo de las relaciones sexuales que sostenía el coadjutor Gerardo García Cabrera “Gerry” [actualmente sacerdote] y el seminarista Néstor. Cuando los descubrió haciendo el acto sexual se lo notificó al padre Meño, pero este le dijo simplemente que anotara en una libreta todo lo que veía: “Al ver eso, me hice a la idea de que esos actos, eran normales”.

Fue entonces cuando Ignacio denunció todo ante el Obispo de Piedras Negras, Alonso Gerardo Garza Treviño. “No digas nada a tus padres”, le dijo Garza Treviño, y añadió: “Tampoco hables con la prensa. Nosotros vamos a solucionar esto”.

En lugar de actuar contra el sacerdote denunciado, el Obispo decidió expulsar del seminario a Ignacio: “Me inventaron cosas para sacarme. Me deprimí e ingresé a la Congregación Orden del Carmelo Descalzo en Salvatierra, Guanajuato”.

Regresó a Piedras Negras en 2004 y entonces supo que al cura pederasta lo habían ascendido de puesto. A partir de entonces, decidió buscar la forma de conocer más sobre los abusos sexuales del clero de Coahuila, una parte bajo las órdenes del Obispo Raúl Vera López y el resto bajo el mando del obispo Garza Treviño.

“A partir de ese año he tenido contacto sexual con aproximadamente siete sacerdotes de Saltillo y de Piedras Negras: con los curas Alejandro Hernández, vicario de la parroquia Cristo del Buen Pastos en Acuña; con el padre Eduardo Javier Hernández Velez, quien ahora se encuentra en “rehabilitación” en Saltillo, en la casa de la comunidad del Tunaje; con ellos y otros he tenido relaciones con el propósito de desenmascararlos respecto al Obispo encubridor y cómplice de curas pederasta, Alonso Gerardo Garza Treviño”.
Ignacio iba recabando información para consumo personal, pero cuando salió a la luz pública la denuncia del seminarista Roberto Javier Calzada Tamez, quien fue violado por el padre Meño, y el Obispo Garza Treviño declaró que no sabía nada sobre el carácter delictivo del sacerdote, decidió salir a dar la cara apoyar a las otras víctimas.

“El Rector del seminario menor representa los ojos y oídos del Obispo y el hecho de que el padre Meño fuera nombrado Rector por el Obispo me pareció una burla para todos los que sufrimos de sus abusos”.

Ahora, Ignacio y Roberto Javier luchan juntos para exigir justicia. Ambos decidieron denunciar al sacerdote pederasta Juan Manuel Riojas y por primera vez en la historia judicial de México, al Obispo encubridor, protector y cómplice.

CITAN A DECLAR AL OBISPO VERA

El pasado 27 de julio la Procuraduría General de Justicia del Estado de Coahuila citó a declarar al Obispo Raúl Vera López sobre una averiguación del 2014.

Sin embargo, Obispo no acudió porque dice que sus labores pastorales no se lo permitieron, pero advierte que este citatorio es una reacción a su declaración en La Haya sobre crímenes de lesa humanidad cometidos durante los gobiernos de Humberto y Rubén Moreira.

“El Obispo ha recibido en un par de ocasiones la visita de agentes ministeriales; la semana pasada solicitaban detalles de su declaración en la La Haya, para lo cual se informó que la comunicación es de un organismo internacional y que el documento es público. Esta semana nuevos agentes del Ministerio Público le solicitaron información sobre una averiguación previa del año 2014”, señala el comunicado de la Diócesis de Saltillo.

La notificación llegó el pasado 25 de julio para que el Obispo se presentase ayer 27 de julio a las 11 horas en las oficinas de la Dirección de Unidades de Investigación, con el objeto de que rindiera declaración sobre abuso sexual contra menores por parte de sacerdotes.

CNDH DETECTA 60 CASOS DE PEDERASTIA

Luego de que el Obispo de Saltillo, Vera López, se negara a rendir declaración testimonial por dos casos de supuesta pederastia denunciados en 2014, Aída Badillo, consejera de la Comisión de Derechos Humanos del Estado (CEDH), aseguró que existen otros seis casos de sacerdotes pederastas que han sido denunciados por menores de edad, de los cuales la Diócesis ha hecho caso omiso.

Fue en 2015 cuando la activista saltillense se sumó al reclamo contra la pederastia, argumentando que existían por lo menos 60 casos documentados de adolescentes que han sufrido abuso sexual por parte de curas en Saltillo desde la década de los años 90.

Badillo aseguró que la Diócesis de Saltillo sólo ha removido de la entidad a los sacerdotes implicados en casos de esta naturaleza, pero no son castigados por las instancias judiciales, y algunas familias, sostiene, fueron sobornadas para no seguir con sus procesos.

“[El Obispo] puede alegar que es una cacería política”, dijo Badillo. “Pero, independientemente, es responsable de lo que hagan los sacerdotes”.

Explicó que los casos que ha investigado desde hace varios años fueron confirmados luego de obtener el testimonio de víctimas de trata, quienes admitían tener relaciones sexuales con sacerdotes a cambio de un refugio o regalos, aprovechándose de su situación vulnerable.

“Los vinculan con la fe, muchos de ellos eran abusados sexualmente y tenían problemas en su casa”, señaló. “En el clero encontraron un refugio, y con ello a sacerdotes que aprovecharon la situación”.

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