Nudge -Un pequeño empujón-

La propuesta del nudge es una arma de doble filo

Nudge -Un pequeño empujón-
Foto: Getty Images

Richard H. Thaler ha sido el ganador del Premio Nobel de Economía 2017. Destaca dentro de su producción el libro titulado en inglés Nudge (Un pequeño empujón) que fue publicado en 2008 en colaboración con Cass Sunstein. Sus trabajos se sitúan dentro del marco de la teoría de Economía del Comportamiento, un tema por demás interesante en nuestra actualidad. La premisa fundamental de esta teoría estriba en resaltar que el agente económico racional no lo es tanto a la hora de tomar decisiones, ya que sin duda las emociones juegan un peso mucho mayor a la hora de decidir.

Las decisiones pueden ser de diverso talante: comercial, político, electoral, etcétera. Lo que entraña un interés particular es la manera en cómo el miedo, el enojo, la ilusión, la falta de auto control, la percepción de justicia así como la racionalidad limitada son factores clave en la toma de decisiones. Mucho de esto es de sobra conocido por los publicistas y los agentes de mercadotecnia política a la hora de diseñar las diversas estrategias para lograr que diversos segmentos poblacionales se inclinen por ciertos productos o ideas o candidatos políticos.

Un factor importante en este proceso de toma de decisiones es el que refiere a la trivialidad o facilidad o flojera que permea nuestras conductas ya sea por falta de tiempo o de interés, por comodidad o por la inclinación emocional que muchos desarrollamos para estar en sintonía con la moda o con la pertenencia a cierto grupo social. Lo que menos importa desde este ángulo es el análisis de un contexto o de preguntar (nos) acerca de si es racional o no el consumo de tal o cual idea o producto.

Imaginemos, por ejemplo, una visita por el supermercado: destaca la manera en cómo están colocados, de modo estratégico, una gran cantidad de productos que a pesar de no ser saludables se consumen de modo cotidiano. ¿Dónde quedó la racionalidad del agente al decidir comprar, a pesar de su sobrepeso, comida que le hará daño? ¡Pero los productos estaban ahí y casi de modo automático aparecieron en el carrito de compras!, diría cualquier agente.

Imaginemos un escenario político-electoral: X candidato propone un cambio, aprovecha el enojo y la frustración de algunos segmentos electorales, le suma una idea de justicia entremezclada con venganza, logra su cometido, gana las elecciones pero pasa el tiempo y la promesa de cambio quedó en el vacío. ¿Realmente se podía cambiar el contexto que tanto se cuestionaba? ¿Cómo se dio el juego de las emociones? ¿Fue sólo un empujoncito lo que desató la pasión por el cambio?

La idea de que son las emociones las que acompañan la mayoría de nuestros comportamientos y que ejercen un peso importante a la hora de tomar las decisiones es todo un tema para la discusión. ¿Pero, se puede dar el salto, es decir, un salto hacia lo racional y analítico? ¿Cuándo podríamos estar seguros de que será óptima la decisión que tomemos, incluso teniendo a nuestro alcance evidencias y estadísticas? Sin duda, nadie está exento del error, sin embargo, es preferible y deseable tomar decisiones de manera más racional.

La dinámica económica y social que vivimos parece hacer sumamente complicado tal operación. Por eso la propuesta del nudge, para que cuente, debe ser “una intervención fácil y barata para no ser evitada”. Lo interesante es que tal intervención se encamina en dos vías: para bien o para no tan bien, incluso para mal. Es decir, es una arma de doble filo.

Y esto lo saben muy bien los publicistas y mercadólogos… y desde luego los políticos. La propuesta de Thaler ha sido adoptada en Inglaterra y en Estados Unidos, principalmente. Sin duda su modelo tiene mucho que aportar al momento de analizar porque tomamos las decisiones que tomamos y cómo hacer de éstas un ejercicio más racional. La invitación es cómo prever un futuro con más salud: financiera y física, y con más felicidad. Sólo como evidencia de lo paradójico que podemos ser: Cuando entrevistaron a Thaler por haber ganado el Premio Nobel de Economía y le preguntaron cómo gastaría el premio sólo contestó un poco a modo de ironía: ¡de modo irracional!

 

David Lara Catalán

Mtro. Gestión Pública y Escritor.