Editorial: No al cambio climático

El gobierno de Estados Unidos persiste en negarlo

Editorial: No al cambio climático
Inundaciones causadas por el huracán en Fajardo, al este de Puerto Rico.
Foto: EFE

El Congreso aprobó en los últimos dos meses US$51,800 millones de dólares en fondos de emergencia para los damnificados de huracanes, inundaciones e incendios. Esta es una categoría en el presupuesto nacional que seguirá en aumento a medida que se agudiza el cambio de clima.

Se estima que el costo general de los desastres en lo que va del 2017 es de US$243,500 millones de dólares.

Hay medidas que se pueden tomar hoy para mitigar el daño a mediano y largo plazo. El problema es que la administración Trump tiene la cabeza escondida, como el avestruz, cuando se habla del calentamiento global.

Los distintos funcionarios federales rechazaron hacer comentario alguno sobre el cambio de clima ante la virulencia de los huracanes Harvey, Irma y María. Decían que ese no era el momento, que esa conversación distraía los esfuerzos de ayuda.

Ahora parece que tampoco es la ocasión.

La Agencia para la Protección del Ambiente (EPA) retiró esta semana a dos de sus científicos de una conferencia sobre el impacto del cambio de clima en un estuario en el noreste del país.

También está semana se filtró el borrador del plan estratégico a cinco años del Departamento de Interior. La agencia tiene a su cargo un quinto del territorio nacional destinado a producir energía, para pastoreo, recreación, conservación y otros usos.

El plan, a diferencia de los anteriores, no hace una sola mención al cambio de clima. En su lugar enfatiza el “equilibrio” entre el desarrollo de energía y la protección para la recreación.

Como si esto fuera poco, el puesto más elevado en la Casa Blanca a cargo del medio ambiente lo ocupa una escéptica del cambio de clima. Kathleen Hartnett White ha dicho que la industria de combustibles fósiles “mejoró las condiciones de vida” y calificó de “afirmaciones dogmáticas de ideólogos” las alegaciones científicas.

La industria en general se queja que las normas para controlar las emisiones son muy costosas. Más caro es el precio de la destrucción que causan los desastres naturales. Hoy son peores que antes porque las temperaturas son más elevadas.

El precio lo pagan los contribuyentes si no lo abona la industria y sus consumidores.

Cada año se registra un nueva marca de alta temperatura. Los huracanes son más potentes, con más lluvia y los incendios son mayores por las olas de calor. Este es el quinto aniversario del huracán Sandy. Las proyecciones indican que este fenómeno será más común en Nueva York y Nueva Jersey.

La Oficina de Contraloría del Congreso señaló esta semana que el gobierno federal no está preparado para manejar los “efectos económicos del cambio climático para identificar los riesgos significantes y tener una respuesta adecuada.”

Esto empieza por sacarse la venda de los ojos.