Sandwiches frios, pocos colchones y agua maloliente, es la denuncia de familias detenidas en la frontera

Un nuevo documento presentado por abogados del Caso Flores alega un deterioro en las condiciones de detención.

Una jueza en Los Angeles evaluará si debe nombrar un monitor independiente para vigilar las condiciones de detencion de las familias migrantes
Una jueza en Los Angeles evaluará si debe nombrar un monitor independiente para vigilar las condiciones de detencion de las familias migrantes
Foto: John Moore/Getty Images

Sandwiches congelados, agua tan sucia que hay que beberla con la nariz tapada, dos colchones para dos madres con sus ocho hijos y falta de jabón y ropa limpia, son algunas de las condiciones que familias migrantes detenidas dicen estar viviendo en algunos centros de detención.

Tras presentar documentos detallando estas y otras acusaciones, abogados que representan los derechos de los niños migrantes en los Estados Unidos acudirán la próxima semana ante la jueza federal Dolly Gee en Los Ángeles para pedir que designe un monitor para el Caso Flores.

“La audiencia busca evaluar el cumplimiento del acuerdo, la posible designación de un monitor independiente para vigilarlo y una moción para impedir que la Oficina de Reasentamiento de Refugiados use ciertas medicinas o drogas para los niños sin el consentimiento paterno”, dijo Peter Schey, abogado principal de Centro para Derechos Humanos y Ley Constitucional de Los Ángeles.

El Caso Flores es la base legal que regula desde 1997 el trato a los menores migrantes en los Estados Unidos y, según los abogados, el actual gobierno “han redoblado su incumplimiento del acuerdo al parecer simplemente porque es lo que quiere el presidente”.

Esta y otras acusaciones, así como declaraciones de madres inmigrantes fueron incluidas en un documento presentado por los abogados del CDHLC ante la jueza Gee.

El próximo viernes 27 a las 10 de la mañana, la jueza Gee escuchará tanto al gobierno como a los abogados que representan a los niños migrantes discutir el futuro de los menores, que según la ley estadounidense deben ser tratados con “dignidad, respeto y preocupación especial por su vulnerabilidad como menores”.

Lo que dicen padres inmigrantes

Las condiciones de detención de las familias han sido un tema que la jueza Gee ha considerado en el pasado, ordenando mejoras que poco a poco fueron implementadas bajo el gobierno anterior.

Pero desde que el gobierno de Trump inició la detención masiva de familias tras implementar la “cero tolerancia”, dichas condiciones han ido empeorando de nuevo, alegan los abogados.

Por ejemplo, la comida, que en algún momento se certificó como “adecuada” en el pasado, ahora es “incomible”, alegan los abogados.

“Mi hijo lloraba de hambre porque nos dieron sándwiches que estaban congelados y no pudimos comerlos”, declaró Lidia, una salvadoreña de 22 años detenida en el Centro Residencial de Dilley, en el sur de Texas junto a su hijo de 4 años. Ambos fueron detenidos el pasado 13 de junio al cruzar la frontera.

Las hondureñas Dilsia y su hija Ashley, de 12 años de edad, fueron arrestadas el 25 de junio y separadas temporalmente para luego ser reunidas en Dilley, declaro que “podías sentir el hielo cuando mordías el sándwich”.

La madre indicó que, cuando ambas estaban bajo custodia de la Patrulla Fronteriza, recibieron un sándwich congelado, una botella de agua y una manzana.

Josselin, de 13 años, declaró a los abogados durante una entrevista que le dolía la barriga de hambre y que cuando comió el sándwich congelado que le dieron “sintió náuseas”.

Las declaraciones similares se suceden en el documento.

Varias familias más declararon que no había agua, o que el agua a la que tenían acceso esta sucia y maloliente.

“Lo peor de todo era el agua. Tenía que taparme la nariz para poder beberla”, dijo Delmis, madre de Oscar, de dos años, quien se presentó en la frontera el pasado 6 de junio pidiendo asilo. “Solo bebí un poquito aunque estaba muy sedienta porque nunca probé un agua que supiera y oliera tan mal”.

Algunos padres denunciaron falta de higiene en el lugar donde estaban detenidos. Fátima, hondureña mama de Ashley, dijo que en el lugar donde estuvieron durante cinco días en manos de la Patrulla Fronteriza no había acceso a duchas.

“En el segundo o tercer día en ese lugar mi hija se hizo del baño encima y quería lavarse”, declaró la madre. “Yo pregunté si podía limpiarla porque sus interiores estaban sucios y los guardias dijeron que no. Mi hija siguió con sus interiores sucios hasta que llegamos al centro Dilley varios días después”.

Otros denunciaron hacinamiento y falta de lugares adecuados para descansar. Floridalma fue detenida el 26 de junio con su hijo de tres años y posteriormente declaró que durante los días en que estuvo bajo custodia de CBP, estuvo encerrada con otras seis personas -aparte de su hijo- en un cuarto de 10 pies cuadrados con dos colchones para compartir.

“Teníamos que usar el colchón para las cabezas y el cuerpo en el cemento”, relató.

Anet, una joven detenida de 15 años dijo a su vez que estuvo en una celda con tres colchones para 18 personas.