Homeboy Industries: ‘Sanando traumas: Más allá de las pandillas y la prisión’

En medio del luto por la muerte de uno de los suyos, el padre Gregory Boyle, el cineasta Robert Greenwald y expandilleros afiliados a Homebos Industries acuden al estreno de la película “Sanando traumas: Más allá de las pandillas y la prisión”.
Homeboy Industries: ‘Sanando traumas: Más allá de las pandillas y la prisión’
Miguel Lugo, guardia de seguridad, y el padre Gregory Boyle, fundador de Homebos Industries. (Jorge Luis Macias/Especial para La Opinion)

En la “familia” del padre Gregory Boyle, fundador de Homeboy Industries, hay luto. Uno de los jóvenes que buscaban una oportunidad de alejarse para siempre de las pandillas fue asesinado en Boyle Heights, a principios de agosto.

Varias veladoras con imágenes de santos, flores de colores y rosas blancas – además de fotografías – son parte del altar improvisado en memoria de Ramón Cardona, en las oficinas de Homeboy Industries de la Calle Bruno, en el centro de Los Ángeles.

Cardona, de 18 años, fue baleado en un callejón de las calles Primera y Philadelphia, en Boyle Heights, poco después de la medianoche del 8 de agosto, una semana antes del estreno de la película “Sanando traumas: Más allá de las pandillas y la prisión”.

La muerte de Cardona llego en la decimotercera balacera en 45 días en la zona que cubre la División Hollenbeck del LAPD.

“Por siempre vivirás en mi corazón. Ayer. Hoy. Siempre”, firmó en una tarjeta, algún compañero de Ramón en Homeboy Industries.

 

Varias veladoras con imágenes de santos, flores de colores y rosas blancas – además de fotografías – son parte del altar improvisado en memoria de Ramón Cardona, en las oficinas de Homeboy Industries de la Calle Bruno, en el centro de Los Ángeles. (Jorge Luis Macias, Especial para La Opinion)

“Aquí está un joven que lo mataron hace una semana en Boyle Heights”, dijo a La Opinión el padre Boyle mientras observaba el altar. “Nos mataron a uno de los nuestros; [Ramón Cardona] era parte de nuestra familia”.

La investigación de la muerte de Ramón sigue abierta. Nadie ha sido arrestado ni identificado como possible sospechoso(s).

Documental da testimonio del cambio

Ramón no pudo asistir al estreno de la película “Sanando Traumas: Más allá de las pandillas y la cárcel”, el documental de Brave New Films que fue presentado la semana pasada ante decenas de colaboradores del programa de ayuda para expandilleros que buscan reivindicarse ante la sociedad, sus familias y consigo mismos.

 

Una clase de arte para expandilleros que son miembros de Homeboy Industries. (Aurelia Ventura)

La largometraje muestra los testimonios de varias personas que se han beneficiado por los programas laborales y de rehabilitación que ofrece esta agencia no lucrativa. Tal es el caso de George Nunez, que ha estado fuera de prisión, limpio y sobrio durante cuatro años. Actualmente es agente de seguridad en Homeboy Industries; Inez Salcido, que estuvo activa en pandillas desde los 13 hasta los 32 años. Ha trabajado en Homeboy Industries durante cuatro años, donde es consejera de abuso de sustancias. Ella está obteniendo un título en psicología del East Los Angeles College. O Gonzalo Alvarado, quien estuvo en prisión por 25 años y actualmente es un cocinero de Homeboy Industries, además de ser un poeta y un artista.

En los primeros 12 segundos de la cinta, el espectador se da cuenta del enfoque amarillista de los medios de comunicación -particularmente la televisión- y sus titulares: “Pandillas rivales crean anarquía”, “Gran redada de pandillas hoy en Los Ángeles”, “Miembros de pandillas deambulan por las calles”. “Epidemia de violencia”.

De pronto, aparece el presidente Donald Trump, quien con su retórica incendiaria afirma: “Estos son animales. Animales. Salvajes. Viciosos. Pandillas criminales…Asesinos sanguinarios”.

Y “Poncho”, -un tipo grande- con enormes tatuajes en su cuerpo comienza a narrar su historia.

“Creo que tenía como 7 años. Yo estaba jugando con cerillos. Esto enojó a mi mamá. Ella me tomó de la mano y me llevó a la cocina. Teníamos una estufa, de esas con las hornillas de metal, y la prendió. Y esperó hasta que estuviera al rojo vivo”, dijo. “Todo lo que recuerdo es que me desperté esa noche. Estaba dormido en el piso del baño, con mi mano [metida] en el agua del inodoro, tratando de tener algo de alivio, porque estaba lleno de pus y quemado”.

El padre Boyle dijo que los expandilleros quizás hablarían en un programa como el de Maury Povich “sobre mujeres, automóviles veloces y dinero, pero no van a decir la verdad” de lo que les ha sucedido antes de entrar en las pandillas, ni del dolor o los traumas que llevan consigo. De hechp, no saben cómo expresarlo ni tampoco cómo pedir ayuda.

“Uno no sabe cómo sacar esa furia que lleva adentro”, dice Miguel Lugo, quien es un guardia de seguridad en
Homeboy Industries.

Encarcelado 18 años por falsas acusaciones

“La poli me agarró por estar jugando con bombas [globos] de agua; yo tendría unos 9 años”, recuerda Lugo. “Esa fue la primera vez que me mandaron a la [cárcel] juvenil”.

“La verdad era que estábamos jugando y lanzábamos las bombas de agua de calle a calle”, dijo. “Luego, yo estaba sentado en el cofre de un carro y cuando llegó la poli me preguntaron “Hey, ¿Qué estás haciendo ahí? Ese carro es robado”.

Mario Lugo no puede evitar llorar al hablar del tiempo que estuvo encarcelado injustamente. (Jorge Luis Macias, Especial para La Opinion)

Miguel, quien creció en Long Beach, dijo a La Opinión que ese incidente y el sistema judicial lo marcó para siempre.

“Al meterte al sistema, ya eres parte de él; no importa si quieres salirte…el sistema está hecho no solo para marcarte de por vida, sino para que tú seas un maniquí que ellos manejan a su antojo”, denunció. “Ellos
quieren que seas un número más porque para ellos representas dinero, y, si estas en la juvenil o en una prisión, le están dando dinero a esa gente para mantenerte encerrado…Esa es la forma en que el gobierno le da trabajo a otra gente”.

Por el hecho de “ser parte de una pandilla”, Miguel dice que fue acusado falsamente en un caso de intento de asesinato y pasó 18 de sus 38 años en diversas prisiones, incluida Pelican Bay. Hace tres años fue puesto en libertad por el mismo juez que lo había sentenciado, después que apeló su caso.

Encarcelación masiva

Robert Greenwald, fundador y presidente de Brave New Films, un estudio de cine activista con sede en Culver City, declaró a La Opinion que pasó meses investigando el funcionamiento interno y la labor humanitaria de Homeboy Industries. Durante ese tiempo también se vio inspirado cada día “por el coraje y la determinación” de exmiembros de pandillas y la gente que anteriormente fue encarcelada y trabaja ahí, y que ahora motiva a otros para ser la mejor versión de sí mismos, encontrar un empleo y reintegrarse a la sociedad.

“Creo que la tragedia más grande que vivimos es la encarcelación masiva de personas”, dijo Greenwald.

En efecto, según estadísticas de la Oficina de Justicia de los Estados Unidos (BJS) dadas a conocer por la Iniciativa de Política Penitenciaria PPI), en el país el sistema criminal tiene detrás de las rejas a casi 2.3 millones de personas en 1,719 prisiones estatales, 102 federales, 1,852 correccionales juveniles y 3,163 cárceles de condados. A eso se le agregan las cárceles militares y centros de detención de inmigrantes, centros de internamiento civil, hospitales estatales de psiquiatría y prisiones en los territorios de Estados Unidos.

En referencia a las palabras emitidas por Trump, quien es censurado en la película, el cineasta declaró: “En esta historia no falta el estúpido que piensa que la única forma de proveer seguridad es encerrando a la gente; y yo pienso que debemos hablar de la humanidad del asunto, de lo que es moral, seguro y financieramente responsable; creo que ante la tragedia de la encarcelación masiva es tiempo de cambiar y aunque en Washington hay a quienes no les importa este asunto, en Homeboy Industries tienen el modelo que salva vidas”.

Por su parte, Emily Chapa dice: “Este tipo también sufre de algún trauma…necesita ayuda de un psiquiatra”.

Durante 27 años, Emily fue adicta a la metanfetamina, pasó tiempo dentro y fuera de pandillas y cárceles. Emily ha estado limpia y sobria durante siete años, y ahora es consejera de abuso de sustancias en Homeboy Industries.