El ladrón de joyas que vivía entre ricos en Nueva York

El hombre y su banda fueron llamados los "verdaderos Ocean's Eleven", en referencia a la película
El ladrón de joyas que vivía entre ricos en Nueva York
Damir Pejcinovic fue detenido en octubre de 2018.
Foto: DOJ - NYPD

Un padre de dos pequeños que vivía en una vivienda de $10 millones de dólares tenía asombrados a sus vecinos, debido a su origen humilde en El Bronx, pero que después de muchos “esfuerzos” logró salir adelante y vivir prácticamente retirado a los 40 años de edad.

En West Fourth Street, Damir Pejcinovic fue considerado un “ejemplo”, aunque no sabían de dónde provenía su fortuna.

Se especulaba que provenía de una gran familia de bienes raíces, reportó el New York Post, una historia que salíó a la luz en octubre de 2018, pero que retomó con nuevos testimonios.

Él y su esposa, Spresa, eran vecinos apreciados; ella tenía una peluquería en su edificio.

La verdadera historia sobre él se reveló en octubre de 2018, cuando agentes del FBI se presentaron en la casa y arrestaron a Pejcinovic, acusado de organizar una red de robos que, desde 2006, supuestamente había logrado hurtar más de $10 millones en joyas y dinero en efectivo en 16 robos cometidos en Nueva York, Portland, Oregon, y hasta Frankfurt, Alemania.

Tres de los supuestos cómplices de Pejcinovic, Gzimi “Jimbo” Bojkovic y Adrian Fiseku, ambos de Staten Island, y Elvis “Gorilla” Cirikovic, de Waterbury, Connecticut, también fueron detenidos, indicó el Post.

Una fuente le dijo al Post que la capacidad de organización de la banda era impresionante, además de tener una gran “disciplina fraterna” y manejarse con discreción. Los hechos quedaron sentados en la acusación del Departamento de Justicia.

Entre las presuntas víctimas se encontraban los propietarios de bancos, joyerías y al menos un restaurante.

Un vecino describió a la pareja como “gente normal”, de bajo perfil.

Ellos vivían en una calle donde Andrea Soros, hija del inversionista multimillonario George Soros, tiene una mansión.

“Damián y Spresa conducían autos comunes”, dijo el vecino. “Excepto por los clientes de peluquería, ningún amigo ni nadie entró y salió de la casa”.