De menor no acompañada a empleada del año y residente de EEUU

La joven residente pide a otros menores acompañados que busquen ayuda para arreglar su estatus y no falten a sus cortes de migración
De menor no acompañada a empleada del año y residente de EEUU
03/19/19 /LOS ANGELES/Guatemalan unaccompanied minor Yeni Cabrera, 20, celebrates her new immigration status, as a new permanent resident. (Aurelia Ventura/La Opinion)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Yeni Cabrera suelta la risa mientras mira su tarjeta de residente permanente de los Estados Unidos. “Encomendé mi caso a Dios y a la Virgen de Guadalupe. Y luché con todo por quedarme en este país. Nunca tuve pensamientos negativos”, dice.

Quien diría hace cuatro años cuando entró al país como una menor no acompañada que lograría el asilo político y la residencia.

Lo que es más, la pastelería Porto’s de Glendale la nombró la empleada del año 2018 por su empeño y dedicación.

Mientras sostiene su tarjeta de residente en sus manos, esta joven de 20 años quien entró al país a los 16 años, recuerda qué la hizo dejar Guatemala y emigrar al norte.

Yeni Cabrera de 20 años celebra haber podido conseguir su residencia permanente.(Aurelia Ventura/La Opinion)

“Yo vivía con mis papás y mis cuatro hermanos. Soy la mayor. No teníamos dinero. A veces no comíamos. Mi papá es alcohólico. No le daba dinero a mi mamá y la golpeaba mucho. Cuando yo me metía a defender a mi mamá de las golpizas, mi papá me aventaba”, dice.

Cansada de la violencia que se vivía en su casa y desesperada por ayudar a su madre y sus hermanos para que tuvieran que comer, decidió venir a Estados Unidos.

“Mi mamá no quería. Ella se oponía, pero una tía que tengo aquí en Los Ángeles, me ayudó. Salí en julio de 2015 de Guatemala. Me llevó como un mes cruzar México y llegar a Texas”, dice.

Cuenta que tuvo que contratar un coyote que le cobró alrededor de 12,000 dólares por traerla desde Guatemala y cruzarla en balsa por el río Grande.

“Mi tía me prestó el dinero para el coyote. Yo le fui pagando cuando comencé a trabajar aquí”, comenta.

Dice que no tuvo miedo ni corrió peligro alguno durante la travesía por México. “Lo que pasé fue mucha hambre porque los coyotes no siempre nos daban comida”, platica.

En 1923, Yeni podrá solicitar la ciudadanía en Estados Unidos. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Ya en Texas, los agentes de migración la llevaron a un centro para menores no acompañados en Brownsville.

“Era como una escuela. Habíamos como 700 menores. Yo estaba feliz porque había logrado llegar a Estados Unidos y podía comer tres veces al día”, dice.

Un mes después fue entregada a su tía en Los Ángeles tras el pago de una fianza por 5,000 dólares. “Cuando llegué a la casa de mi tía, empecé a llorar. Extrañaba mucho a mi mamá”, afirma.

Fue su tía quien le inculcó que si quería ser alguien en Estados Unidos, tenía que estudiar y la mandó a la secundaria. “Yo estaba desesperada porque quería ponerme a trabajar para ayudar a mi familia, pero mi tía no me dejó. Dijo que primero la escuela”, precisa.

A los 18 años se inscribió en la Escuela para Adultos donde estudia para sacar su diploma de secundaria.

Y a los pocos meses de haber llegado, tuvo su primera audiencia en la corte. “Casi me deportan, pero el juez me dio una oportunidad de regresar y buscar un abogado”, señala.

Fue su tía quien la llevó con el abogado en migración, Eric Price para que examinara su caso.

“Él solicitó el asilo político. En pocos meses, me dieron un permiso de trabajo y por fin pude buscar un empleo”, comenta. El asilo se lo concedieron en 2017, y al cumplir un año, su defensor le tramitó la residencia permanente, la cual fue aprobada en marzo.

Yeni Cabrera de 20 años de edad fue nombrada la empleada del año 2018 de la pastelería Porto’s. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Yani consiguió trabajó en noviembre de 2017 en la pastelería Porto’s. “El año pasado me dieron el reconocimiento como la empleada del año 2018, y me llevaron a conocer una planta enorme donde hacen la masa para el pan”, platica fascinada.

“Creo que me gané ese premio porque cuando me piden ayuda para hacer algo más, yo por más ocupada que esté, siempre digo que sí”, sostiene.

Pero a pesar del aprecio que le tienen en su trabajo, a Yeni le dijeron a principios del mes de marzo que su permiso de trabajo estaba por expirar y necesitaba presentar una nueva autorización, de otra manera sería dada de baja.

“Yo me sentí muy triste y angustiada”, confía. Pero la tristeza se desvaneció casi de inmediato porque a los pocos minutos recibió una llamada telefónica de la oficina del abogado Price para decirle que le habían aprobado su residencia permanente  y debía ir a recoger su tarjeta. “¡Estoy feliz! ¡muy contenta!”, exclama.

La joven guatemalteca dice que aunque le han ofrecido en Porto’s, un mejor puesto, ella quiere aprender bien el inglés y estudiar para enfermera.

“Mi más grande sueño es traer a mi mamá a vivir conmigo. No quiero que siga siendo víctima de violencia doméstica”, sostiene.

El sueño de Yeni Cabrera de 20 años es ser enfermera. (Aurelia Ventura/La Opinion)

El mejor consejo

A otros jóvenes no acompañados que como ella logran llegar a los Estados Unidos, les pide que luchen y no se den por vencidos. “La recomendación que más me daban otros inmigrantes de Guatemala, es que no fuera a ver a un abogado, que no asistiera a las citas de la corte, que nomás no me metiera en líos con la justicia y tratara de pasar desapercibida y no hacerme notar”, dice.

“Muchos menores no acompañados se enfocan en trabajar y dejan de lado la búsqueda de una solución migratoria. Muchos terminan siendo deportados. Mi consejo es que busquen un buen abogado y no se pierdan ninguna cita con migración”, recalca.

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El abogado en migración Eric Price precisa que la diferencia entre una buena y mala representación es literalmente la vida del inmigrante.

“Yeni consiguió quedarse para siempre en los Estados Unidos porque hizo lo correcto y tuvo una buena representación. Sus amigos que se esconden de migración, estarán siempre escondiéndose. Es mejor enfrentar la situación que vivir una vida con miedo. Los casos de asilo para menores de edad son posible de ganar, aún bajo Trump”, asegura.

Yeni se siente jubilosa porque además cada mes puede enviar dinero a Guatemala para que su madre y sus hermanos puedan comer.